«Uno de los servidores más estimados de la Santa Sede»: la carta de León XIV al cardenal Re

«Uno de los servidores más estimados de la Santa Sede»: la carta de León XIV al cardenal Re

León XIV ha agradecido al cardenal Giovanni Battista Re el servicio prestado como decano del Colegio Cardenalicio en una carta fechada el 11 de octubre y difundida este lunes por la Sala de Prensa de la Santa Sede. El Papa escribe tras aceptar la renuncia del purpurado italiano, de 92 años, que ocupaba el cargo desde enero de 2020 y que pasa ahora a ser decano emérito.

En la misiva, el Pontífice repasa la larga trayectoria de Re en la Curia Romana, en particular junto a san Juan Pablo II. El Papa polaco lo nombró asesor de la Secretaría de Estado, secretario de la Congregación para los Obispos y sustituto, y después lo puso al frente de ese dicasterio y lo creó cardenal. León XIV lo define como uno de los servidores de la Santa Sede «más conocidos y estimados». Destaca su fidelidad a las enseñanzas de la Iglesia y su amor al Sucesor de Pedro, y menciona, entre las celebraciones que presidió como decano, las exequias del Papa Francisco.

El relevo ya es efectivo. El 8 de octubre, el Papa aprobó la elección del cardenal filipino Luis Antonio Tagle como nuevo decano, realizada por los cardenales del orden de los obispos. Por primera vez desde 2007, el Colegio vuelve a estar presidido por un cardenal elector, un dato relevante porque al decano le corresponde convocar el cónclave y presidir el Colegio durante la sede vacante. Re conserva el título de la Iglesia suburbicaria de Sabina-Poggio Mirteto.

Texto íntegro de la carta

Traducción de InfoVaticana del original italiano.

Al Señor Cardenal
GIOVANNI BATTISTA RE
Decano emérito del Colegio Cardenalicio

Venerado y querido Hermano:

Tras haber aceptado su renuncia al oficio de Decano del Colegio Cardenalicio, que ha desempeñado de manera egregia durante más de seis años, deseo expresarle mi gratitud por el servicio prestado por Vuestra Eminencia, que ha sido para mí y para todos un edificante testimonio de amor a la Iglesia y al Papa.

Llamado ya de joven sacerdote al servicio de la Santa Sede, usted llegó a ser, a través de los numerosos y delicados encargos en la Curia Romana, colaborador de confianza de los Sumos Pontífices, en particular de san Juan Pablo II, que quiso nombrarlo primero Asesor de la Secretaría de Estado, después Secretario de la Congregación para los Obispos y luego Sustituto de la Secretaría de Estado.

Al lado del Papa del Gran Jubileo del año 2000, usted dirigió y coordinó con eficacia las múltiples oficinas puestas al servicio de su magisterio y de su misión pastoral, y lo acompañó en una memorable serie de viajes apostólicos por Italia y por todo el mundo. Al comienzo del nuevo milenio, el Santo Pontífice lo puso al frente de la Congregación para los Obispos y lo creó Cardenal.

Este largo camino le ha permitido adquirir un extraordinario conocimiento de la Iglesia universal, enriquecido por muchísimas relaciones personales. Creo no equivocarme al decir que usted, Eminencia, ha sido y es uno de los servidores de la Santa Sede más conocidos y estimados. A ello ha contribuido no poco su estilo abierto, cordial y franco, así como su capacidad de afrontar las situaciones y los problemas con sabiduría y sentido práctico, siempre fiel a las enseñanzas de la Iglesia y con gran amor al Sucesor de Pedro.

En el oficio de Decano del Colegio Cardenalicio, su figura se ha hecho aún más visible, y muchos, dentro del Pueblo de Dios y también fuera de él, han apreciado su testimonio sacerdotal en las celebraciones eucarísticas que ha presidido, la última de ellas con ocasión de las exequias del Papa Francisco.

Querido y venerado Hermano, todos hemos admirado siempre en usted el vigor de la fe y del celo en el ministerio, tan bien unidos a la laboriosidad heredada de sus raíces familiares y de su amado Val Camonica. Pero el lema que escogió al ser elevado al episcopado, Virtus ex alto, atestigua cuánto ha sabido usted siempre invocar y recibir la fuerza del Señor y de su Gracia, y esto acrecienta la estima y la gratitud de quienes lo conocen.

Con estos sentimientos, le aseguro mi recuerdo en la oración, que confío a la intercesión de la Virgen María y de san Juan Bautista, y de corazón le renuevo mi Bendición, que extiendo con gusto a sus familiares y a sus seres queridos.

Vaticano, 11 de octubre de 2026

LEÓN PP. XIV

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