Este sábado 19 de septiembre coincide, según el calendario litúrgico romano tradicional, con el Sábado de Témporas de septiembre, último de tres días —miércoles, viernes y sábado— que durante siglos estuvieron dedicados de manera particular al ayuno, la oración y la acción de gracias.
Las Témporas, conocidas en latín como Quattuor Tempora, distribuían cuatro periodos penitenciales a lo largo del año. Las de septiembre quedaban vinculadas a la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz y conservaban una particular relación con la cosecha, la acción de gracias por los dones recibidos y, especialmente en el sábado, con las ordenaciones.
Aunque dejaron de constituir una observancia universal obligatoria después de la reforma litúrgica, su presencia en la tradición romana fue durante siglos tan estable que marcaba cuatro veces al año el ritmo de oración y penitencia de la Iglesia.
Cuatro veces al año
Las Témporas estaban formadas por conjuntos de miércoles, viernes y sábado distribuidos aproximadamente en las cuatro estaciones.
Las de primavera se celebraban durante la Cuaresma; las siguientes después de Pentecostés; las de septiembre en torno a la Exaltación de la Santa Cruz; y las últimas del año cerca de la fiesta de santa Lucía, en diciembre.
De este modo, el calendario cristiano introducía periódicamente jornadas penitenciales en el transcurso del año. El ayuno no aparecía únicamente asociado a la Cuaresma: regresaba en distintos momentos como recordatorio de la dependencia del hombre respecto de Dios y como preparación espiritual.
En el antiguo uso romano, las Témporas terminaron además vinculándose a las distintas cosechas: trigo, vino y aceite. La Iglesia asumía así elementos del ciclo natural y los ordenaba hacia la acción de gracias al Creador.
¿Por qué era tan particular el sábado?
El Sábado de Témporas poseía una estructura litúrgica excepcionalmente rica.
A diferencia de una Misa ordinaria, su celebración incorporaba varias lecturas del Antiguo Testamento, cada una acompañada por oraciones, antes de llegar a la epístola y al Evangelio. El esquema conserva vestigios de las antiguas vigilias romanas y hacía de esta jornada una de las celebraciones más extensas del calendario.
Pero el sábado adquirió otra característica decisiva: durante siglos fue uno de los días tradicionalmente escogidos en Roma para conferir las órdenes sagradas.
La relación entre Témporas y ordenaciones terminó siendo tan estrecha que estos días se convirtieron también en ocasión para pedir por las vocaciones y por la santidad del clero.
Precisamente esa dimensión ha permitido que algunas comunidades recuperen hoy la práctica voluntariamente.
El Sábado de Témporas de septiembre
Este año, las Témporas de septiembre corresponden al miércoles 16, viernes 18 y sábado 19.
En el calendario romano tradicional, la Misa de este sábado conserva el color morado y la antigua sucesión de lecturas y oraciones. Entre sus textos aparece una colecta que pide a Dios que, mediante la «continencia saludable», sane el cuerpo y el alma y escuche la oración de quienes ayunan.
La liturgia refleja así el carácter penitencial que acompañaba estos días: ayuno, abstinencia, oración y agradecimiento por los bienes recibidos.
El 19 de septiembre coincide además este año con la fiesta de san Jenaro y sus compañeros mártires, cuya conmemoración se integra en la celebración según el calendario tradicional.
¿Desaparecieron las Témporas?
La reforma del calendario litúrgico posterior al Concilio Vaticano II modificó profundamente su observancia.
Las normas universales dejaron a las conferencias episcopales la determinación de las fechas y de la forma concreta de celebrar las Témporas y las Rogativas, adaptándolas a las necesidades y características de cada lugar. Como consecuencia, en buena parte del mundo católico dejaron de tener una presencia perceptible para los fieles.
La antigua disciplina romana ya no obliga a los católicos. Pero este sábado vuelve a aparecer en el calendario tradicional uno de esos días en los que la Iglesia interrumpía el ritmo ordinario del año para ayunar, dar gracias por los dones recibidos y pedir a Dios nuevos ministros para su altar.
Eso no significa que la Iglesia haya prohibido la antigua práctica penitencial. El ayuno voluntario, la oración de acción de gracias y la petición por las vocaciones siguen siendo plenamente posibles.