El Papa León XIV ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Alessandria (Piamonte) presentada por monseñor Guido Gallese, según se hizo público el pasado 12 de septiembre. Gallese, de 61 años, gobernaba la diócesis desde 2012 y deja el cargo tras casi catorce años marcados, en su tramo final, por denuncias, divisiones con parte de su clero y una visita apostólica ordenada por la Santa Sede el pasado mes de enero.
La investigación, confiada al cardenal Giuseppe Bertello, expresidente de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, no versaba sobre cuestiones doctrinales. Su objeto era la gestión de la diócesis y el estilo de vida del prelado, convertido en objeto de polémica en la prensa italiana desde que acudió a un almuerzo de Cáritas al volante de un Tesla, gesto que le valió el apodo de «vescovo con la Tesla».
Tesla, kitesurf y operaciones inmobiliarias
El coche eléctrico fue solo el elemento más visible. Según recoge Il Secolo d’Italia, en el expediente de las críticas figuraban también la afición del obispo al kitesurf, las tablas de su propiedad, una motocicleta y rumores sobre costosos desplazamientos al extranjero, incluso a Sudamérica, para practicar su deporte favorito.
La diócesis respondió punto por punto. Su portavoz, Enzo Governale, negó cualquier vacación exótica y aseguró que Gallese practica el kitesurf sobre todo en Liguria. Sobre el Tesla, sostuvo que no había costado un euro a la diócesis: se trataba de una compra personal que el obispo justificó como una elección ecológica y coherente con la atención a la sostenibilidad.
También se cuestionaron dos operaciones inmobiliarias: el antiguo convento de los Capuchinos, donde el obispo se había trasladado a vivir, y el colegio Santa Clara, destinado a estudiantes universitarios. La curia defendió la regularidad de ambas y precisó que Gallese habitaba espacios de dimensiones muy reducidas.
«Ni una línea escrita y ninguna sanción»
El propio obispo ha insistido en que la visita apostólica no se tradujo en medida disciplinaria alguna. «No he recibido ni una línea escrita y ninguna sanción», declaró al semanario diocesano La Voce Alessandrina. Atribuye su paso atrás al clima creado en la diócesis: «A veces querer de verdad a una comunidad significa tener el coraje y la humildad, cuando se percibe un cansancio común, de dar un paso atrás por el bien de todos».
Gallese es obispo emérito desde el 12 de septiembre y ha anunciado que se irá a vivir a otro lugar para dejar «plena libertad y serenidad de acción a quien venga después de mí». Se despedirá oficialmente de los fieles el 4 de octubre.
Nuevo cargo y administrador apostólico
Roma ya le ha asignado un cometido: asistente espiritual del Collegamento Nazionale Santuari, la coordinación de santuarios italianos, por nombramiento firmado por monseñor Rino Fisichella, pro-prefecto del Dicasterio para la Evangelización. «Acojo este nombramiento con profunda gratitud», ha dicho Gallese, quien recordó que su vocación nació en Medjugorje.
Para el gobierno interino de Alessandria, León XIV ha nombrado administrador apostólico a monseñor Luigi Testore, obispo de la vecina diócesis de Acqui.
El caso Gallese se inscribe en una pauta que empieza a perfilarse en el pontificado de León XIV: recurso a la visita apostólica ante situaciones diocesanas enquistadas, ausencia de sanción pública y salida del obispo por renuncia, con recolocación en un cargo de perfil menor. Una fórmula discreta, canónicamente impecable, que evita el escándalo de la destitución pero deja abierta la pregunta sobre qué encontró exactamente el cardenal Bertello en Alessandria.