La Iglesia católica en Noruega ha despedido al rey Harald V rezando expresamente por «el descanso de su alma y por su participación en la resurrección de Cristo». Un día después del funeral oficial del monarca, celebrado según el rito de la Iglesia luterana de Noruega, la catedral católica de San Olav de Oslo ha acogido este jueves 10 de septiembre un réquiem solemne por el rey, fallecido el pasado 28 de agosto a los 89 años.
El obispo católico de Oslo, Fredrik Hansen, había situado desde la muerte del soberano la respuesta de los católicos en la oración por su alma. «Nuestra oración hoy, y durante estos días, es que el rey Harald pueda participar de esta resurrección», afirmó el prelado al explicar el sentido de las Misas ofrecidas por el monarca.
«Que la resurrección de Jesús se convierta en nuestra resurrección»
Hansen recordó que la liturgia católica por los difuntos expresa repetidamente la esperanza cristiana en la resurrección.
«Lo escuchamos una y otra vez en la liturgia de las Misas por los difuntos: esta esperanza de que la resurrección de Jesús se convierta en nuestra resurrección», explicó el obispo.
El prelado señaló que tanto la Sagrada Escritura como la tradición de la Iglesia hablan de «una esperanza tan grande y tan clara: la esperanza de la resurrección».
«Que la resurrección de Jesús pueda convertirse en la nuestra. Y por eso nuestra oración hoy, y durante estos días, es que el rey Harald pueda participar de esta resurrección», añadió.
Desde el fallecimiento del monarca, la diócesis católica de Oslo pidió a sus sacerdotes que celebraran Misas por su alma y dispuso en las iglesias imágenes del rey con crespones negros para que los fieles pudieran rezar, encender velas y depositar flores.
Un réquiem católico después del funeral de Estado
La despedida católica ha tenido este jueves su principal celebración en la catedral de San Olav de Oslo, donde se ha celebrado a las 11:00 horas el réquiem diocesano por Harald V.
La Misa fue celebrada en inglés por el cardenal Christophe Pierre, enviado a Noruega en representación de León XIV para las exequias del monarca.

La oración preparada por la Iglesia católica para estos días pide:
«Señor Dios, Padre celestial, tú eres Rey de reyes y soberano de las naciones. Escucha nuestras súplicas de misericordia por tu siervo, nuestro rey Harald V. Haz que aquel a quien pusiste al frente de tu pueblo en Noruega pueda habitar en la tierra de la paz y de la luz y compartir la herencia con tus santos».
La celebración católica se ha realizado al día siguiente del funeral de Estado que congregó el miércoles en Oslo a la familia real, autoridades noruegas, representantes de casas reales y delegaciones extranjeras.
«Kong Harald siempre estuvo con su pueblo»
En su mensaje tras conocerse el fallecimiento, Hansen recordó a Harald V no solamente como jefe del Estado, sino también desde su relación con la pequeña comunidad católica de Noruega.
«Como todos los noruegos, recibí la noticia con profundo pesar. Rezo por su alma e invito a toda nuestra diócesis a hacer lo mismo: Dale, Señor, el descanso eterno, y brille para él la luz perpetua. Descanse en paz. Amén», escribió.
El obispo destacó que Harald había mostrado en diferentes ocasiones su cercanía hacia los católicos. Recordó sus condolencias tras las muertes de san Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco y su asistencia, en 2019, al réquiem celebrado en la iglesia católica de San Juan de Oslo por las víctimas de los atentados terroristas contra iglesias cristianas en Sri Lanka.
«Se preocupaba por nosotros», afirmó Hansen.
El obispo recordó también el papel desempeñado por Harald V después de los atentados del 22 de julio de 2011 en Noruega: «Nosotros, como católicos, vimos entonces lo mismo que todos los noruegos: que el rey Harald siempre estaba con su pueblo. Nuestro dolor era su dolor».
La fe cristiana de Harald V
Hansen destacó asimismo la importancia que tuvo la fe cristiana en la vida del monarca.
Harald V comenzó su reinado en 1991 y, meses después de acceder al trono, recibió junto a la reina Sonja una bendición solemne en la catedral de Nidaros, en Trondheim, construida sobre la tumba de san Olaf.
El propio rey explicaría posteriormente la importancia que tuvo para él aquel momento: recibir «la bendición de Dios» sobre su tarea y arrodillarse en el mismo lugar donde su padre y su abuelo habían recibido anteriormente esa bendición había supuesto para él «una gran fortaleza».
Para Hansen, aquel episodio fue «una de las muchas expresiones de la importancia que tuvo la fe cristiana en la vida del rey Harald».
También el sacerdote católico Torbjørn Holt, en una reflexión publicada antes de las exequias, sostuvo que Harald poseía, según su experiencia personal, «una fe cristiana profunda e integrada» y que sus convicciones no se manifestaban únicamente en las referencias explícitas a Dios, sino también en su manera de ejercer la función real.
«Las huellas de la fe en la vida del rey se expresarán probablemente tanto en lo que hizo como en lo que dijo», señaló.
León XIV envió al cardenal Christophe Pierre
La Santa Sede estuvo representada en las exequias por el cardenal Christophe Pierre, antiguo nuncio apostólico en México y Estados Unidos, enviado en representación de León XIV.
El cardenal asistió el miércoles al funeral oficial y ha celebrado este jueves el réquiem en la catedral católica de San Olav. Junto a él estuvo Fredrik Hansen, obispo de Oslo y presidente de la estructura de la Iglesia católica en Noruega.
León XIV había transmitido sus condolencias al nuevo rey Haakon VIII tras la muerte de su padre y aseguró sus oraciones «por el eterno descanso del difunto rey».
El Pontífice recordó asimismo los «muchos años de dedicado servicio al Reino» de Harald V e invocó sobre la familia real y el pueblo noruego «las bendiciones de consuelo y paz de Dios todopoderoso».
El funeral oficial se celebró según el rito luterano

El funeral de Estado había tuvo lugar el miércoles 9 de septiembre en la Catedral de Oslo, perteneciente a la Iglesia de Noruega.
La ceremonia siguió el rito funerario de esta comunidad evangélica luterana y fue dirigida por Olav Fykse Tveit, presidente de la Conferencia Episcopal de la Iglesia de Noruega, con la participación de la «obispa» luterana de Oslo, Sunniva Gylver.

Fredrik Hansen asistió a la ceremonia en representación de la Iglesia católica noruega, mientras que el cardenal Pierre lo hizo en nombre de León XIV.
Representantes de 85 países acompañaron al monarca en la jornada, según la Casa Real. Tras el oficio en la catedral, el féretro fue trasladado a la fortaleza de Akershus, donde se celebró una ceremonia privada antes de ser depositado en el Mausoleo Real.
Harald V descansa allí junto a otros miembros de la familia real noruega después de más de 35 años de reinado.
Para los católicos noruegos, la despedida no terminó con el entierro. Ya antes de las exequias, el padre Holt había resumido el sentido de la celebración que tendría lugar al día siguiente en San Olav: «Damos gracias a Dios por el rey Harald, por su vida y su ejemplo, por su fiel servicio al pueblo y al país hasta el final de su vida. Y pedimos que Dios lo reciba en su alegría».
«Dale, Señor, el descanso eterno, y brille para él la luz perpetua».