En Polonia, el arzobispo de Częstochowa, Wacław Depo, ha advertido de un «curso acelerado de una apostasía progresiva» y ha asegurado que, frente al avance de la secularización, «Polonia será fiel a Cristo y a su Madre». Lo hizo este martes en el santuario de Jasna Góra, durante la renovación de la consagración de la nación polaca al Inmaculado Corazón de María, realizada por primera vez hace 80 años.
La ceremonia tuvo lugar el 8 de septiembre, fiesta de la Natividad de la Virgen María y una de las principales celebraciones del santuario mariano de Częstochowa. En 1946, apenas terminada la Segunda Guerra Mundial y cuando comenzaba a imponerse el régimen comunista, el Episcopado polaco, presidido por el entonces primado, el cardenal August Hlond, confió solemnemente el país al Inmaculado Corazón de María.
Una consagración que no puede quedar en el pasado
Al recordar aquel acontecimiento, Depo sostuvo que tanto el acto de 1946 como las posteriores consagraciones promovidas por el cardenal Stefan Wyszyński y san Juan Pablo II no pueden reducirse a un capítulo de la historia religiosa de Polonia.
«Deben convertirse en una consagración viva y personal de cada uno de nosotros y de toda la nación al amor de Dios», afirmó.
Para el arzobispo, esa confianza en la Virgen debe adquirir una dimensión concreta en la vida cotidiana mediante la fidelidad a la gracia, la oración diaria del Rosario, la confesión, la Comunión, la práctica de los primeros sábados de mes y la entrega de las familias y de su futuro al Inmaculado Corazón de María.
El prior de Jasna Góra, el padre Grzegorz Prus, incidió también en esta dimensión al invitar a los fieles a encontrar en el Corazón de la Virgen «protección y un programa de vida». Coincidiendo con el bicentenario del Rosario Viviente, pidió además que esta oración, ofrecida por la patria, la Iglesia y la conversión de los corazones, contribuya a fortalecer la unidad de los polacos.
Un «curso acelerado de una apostasía progresiva»
Desde ese recuerdo histórico, Depo trasladó su homilía a la situación religiosa actual del país. El arzobispo lamentó que la fe de los polacos sea presentada cada vez con mayor frecuencia como una realidad perteneciente al pasado.
A su juicio, primero contribuyó a ello la «propaganda atea comunista» y ahora lo hace un «curso acelerado de una apostasía progresiva». En un contexto marcado por los procesos de secularización y por las dudas sobre la presencia de Dios, reconoció que resulta más difícil mantener una confianza semejante a la de María.
«Pero digámoslo claramente: el camino mariano hacia Cristo nunca fue fácil. Desde Nazaret hasta el Calvario», afirmó, antes de recordar que tampoco lo ha sido a lo largo de las convulsiones y tragedias de la historia polaca.
«Polonia será fiel a Cristo y a su Madre»
Depo evocó entonces las enseñanzas de san Juan Pablo II sobre la imposibilidad de comprender plenamente al hombre prescindiendo de Cristo y, de manera particular, de comprender la historia de Polonia sin su vínculo con el cristianismo.
«Si en Cristo Dios entró en este mundo mediante la obediencia de la fe de María, entonces no hay fundamento para una incertidumbre permanente sobre si Dios existe, si la vida y el mundo tienen sentido y si existe algún camino. Porque Cristo se convirtió para nosotros en el camino hacia Dios», señaló.
El arzobispo definió esta verdad como una realidad que «inquieta» y, al mismo tiempo, plantea una tarea a los creyentes. Frente al proceso de secularización que había descrito, terminó reafirmando la continuidad de la identidad cristiana del país.
«Y quienes no reconocen a Cristo y a su Madre, o se avergüenzan de Él, que no tengan miedo, porque Polonia será fiel a Cristo y a su Madre. Entonces habrá ciertamente en ella más verdad, moralidad y justicia social y, por tanto, más amor y esperanza para todos», concluyó.