El Arzobispado de Mérida-Badajoz ha pedido a párrocos y abadesas que extremen las medidas de seguridad en iglesias y conventos ante la oleada de robos registrada durante los últimos días en el sur de la provincia de Badajoz. La medida llega después de los recientes asaltos contra el patrimonio religioso de Jerez de los Caballeros y Barcarrota.
En una carta dirigida a los responsables de los templos, el vicario general, Francisco Maya, y el delegado episcopal para el Patrimonio, Agustín Velázquez, advierten de la situación y señalan que la archidiócesis está actuando en coordinación con la Delegación del Gobierno. El objetivo es «evitar, en la medida de lo posible, que se produzcan nuevos episodios de esta índole».
El escrito pide que coronas, joyas, cuadros, imágenes, cálices y otros objetos de valor estén «bien protegidos» y recomienda instalar sistemas de alarma y cámaras de seguridad o renovar aquellos que hayan quedado obsoletos.
La advertencia llega después de que dos iglesias de la provincia fueran objeto de robos en apenas cuatro días. Como informó InfoVaticana, en la madrugada del viernes 4 de septiembre varios ladrones entraron en la iglesia de Santa Catalina de Jerez de los Caballeros y sustrajeron, entre otras piezas, las dos coronas de la Virgen del Rosario y objetos pertenecientes al Cristo de la Cofradía de Santo Domingo de Guzmán. La primera valoración de lo robado rondaba los 50.000 euros.
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Días antes se había descubierto la desaparición de diversas joyas de Nuestra Señora María Santísima del Soterraño, patrona de Barcarrota. Entre las piezas sustraídas figuraban cadenas, collares y medallones entregados por los vecinos como promesas y exvotos, además de un bastón de mando donado a la Virgen por una antigua alcaldesa.
Ante esta situación, el Arzobispado ha pedido también que, después de las procesiones, se retiren de las imágenes de Cristo y de la Virgen los objetos de valor y que se vigilen especialmente puertas, ventanas, patios, accesos secundarios y las entradas a los templos desde otras dependencias parroquiales.
En caso de robo, la instrucción es presentar la denuncia «de inmediato» ante la Guardia Civil, sin esperar varios días ni limitarse a comunicar el suceso posteriormente a la aseguradora. También deberá informarse al vicario general y al delegado episcopal para el Patrimonio.
La carta recomienda además no alterar el lugar donde se haya producido el robo para facilitar la recogida de indicios por parte de los investigadores y mantener fotografiados los ajuares y las joyas para poder identificarlos en caso de sustracción.
«Todo el patrimonio cultural de la Iglesia es nacido de la fe y de la voluntad de los fieles», recuerda el Arzobispado, que subraya que corresponde a párrocos y abadesas proteger estos bienes y «transmitirlos a las generaciones futuras».
La archidiócesis mantiene contactos con la Delegación del Gobierno para estudiar nuevas medidas de protección y fórmulas de colaboración ante los robos.