El cardenal Domenico Battaglia, arzobispo de Nápoles, ha escrito el prólogo de Persone transgender. Scienze, teologie, pastorali, un libro que lleva las identidades transgénero al terreno de la teología y de la práctica pastoral de la Iglesia. En su texto, el purpurado sostiene que la Iglesia está llamada a «renovar su mirada sobre el ser humano» y a «cruzar nuevos umbrales sin perder su alma» ante las transformaciones relacionadas con la identidad, el cuerpo y la conciencia.
Battaglia presenta la disforia de género y las identidades transgénero como realidades que plantean «interrogantes profundos. También para la Iglesia», pide «no apresurarse a definir» y propone un camino «no de juicio, sino de acompañamiento». El cardenal no menciona, sin embargo, la enseñanza sostenida por el Magisterio sobre la condición sexuada del ser humano y la unidad de cuerpo y alma, reafirmada ante los debates contemporáneos sobre la teoría de género y el cambio de sexo en documentos recientes como Dignitas infinita.
«Cruzar nuevos umbrales sin perder el alma»
El prólogo ha sido publicado íntegramente por Outreach, el portal de America Media dedicado a cuestiones LGBT y dirigido por el jesuita James Martin. El medio señala que el texto fue traducido del original italiano y publicado con autorización del cardenal Battaglia.
El arzobispo de Nápoles comienza describiendo el presente como un tiempo «frágil y complejo», pero también «fecundo», porque obliga a «no dar nada por sentado». A su juicio, ese momento «interpela profundamente a la Iglesia», que estaría llamada a «renovar su mirada sobre el ser humano» y a «cruzar nuevos umbrales sin perder su alma».
Battaglia sitúa su reflexión en un mundo marcado por «profundas transformaciones en la experiencia de la identidad, las relaciones, el cuerpo y la conciencia». Ante ellas, considera que la comunidad eclesial debe caminar «con espíritu de escucha y discernimiento», manteniéndose fiel al Evangelio y atenta a las experiencias concretas de las personas.
Es en ese contexto donde introduce directamente la cuestión transgénero.
«El tema de la disforia de género, las identidades transgénero y las experiencias de vida que no se ajustan a los modelos tradicionales plantea interrogantes profundos. También para la Iglesia», escribe.
Su propuesta consiste en una escucha «todavía más respetuosa y atenta» y en «un camino que no sea de juicio, sino de acompañamiento».
«Nadie está excluido del corazón de Dios. Ninguna vida es ajena al misterio de la salvación», añade.
Un libro que lleva la cuestión trans a la teología, la liturgia y la pastoral
Las palabras de Battaglia sirven de presentación a Persone transgender. Scienze, teologie, pastorali, editado por Damiano Migliorini y el jesuita Giuseppe Piva y publicado por la editorial católica Queriniana.
La obra, de 272 páginas, pretende abordar las identidades transgénero desde las ciencias, la teología y la práctica pastoral católica. Está estructurada en tres grandes secciones —«Ciencias», «Teologías» y «Pastorales»—, precedidas por testimonios personales.
Entre sus contenidos figuran la atención clínica de la disforia de género, los efectos del estigma sobre la salud de las personas trans, el transfeminismo, la antropología cultural, la moral cristiana, la antropología cristiana ante las cuestiones de género, las teologías feministas y el acompañamiento espiritual de personas transgénero.
La propia editorial destaca la «utilidad práctica para la pastoral» de la obra y anuncia indicaciones sobre «acogida, lenguaje, liturgias y formación». Presenta además las «transidentidades» como un desafío que considera «urgente acoger y afrontar».
Battaglia respalda el planteamiento general del volumen al definirlo como «una herramienta útil» para este camino y sostener que ofrece perspectivas que ayudan a formular «las preguntas adecuadas».
«Territorios inexplorados» sobre una cuestión en la que la Iglesia ya ha enseñado
Battaglia insiste en que el camino que propone debe permanecer fiel al Evangelio y «arraigado en la verdad». Sin embargo, al presentar la disforia de género y las identidades transgénero como «interrogantes profundos» también para la Iglesia, no hace referencia a la enseñanza que el Magisterio ha sostenido sobre la condición sexuada del ser humano y la unidad de cuerpo y alma.
No se trata de una doctrina surgida recientemente como reacción a la cuestión transgénero. El Catecismo enseña que la sexualidad afecta a toda la persona «en la unidad de su cuerpo y de su alma» y que «corresponde a cada uno, hombre y mujer, reconocer y aceptar su identidad sexual». La antropología cristiana sobre el hombre y la mujer, fundada en el relato bíblico de la creación, ha sido desarrollada reiteradamente por el Magisterio.
Uno de los pronunciamientos más recientes y explícitos ante los debates actuales es Dignitas infinita, publicada por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe en abril de 2024 con la aprobación expresa del papa Francisco. La declaración no inaugura esa enseñanza, sino que la aplica específicamente a la teoría de género y al cambio de sexo.
El documento, que parte de la dignidad inalienable de toda persona y exige evitar cualquier discriminación injusta, cita a Francisco calificando la teoría de género de «extremadamente peligrosa» porque «borra las diferencias en su pretensión de igualar a todos».
La declaración establece además que «el sexo biológico (sex) y el papel sociocultural del sexo (gender) se pueden distinguir pero no separar» y sostiene que debe rechazarse «todo intento de ocultar la referencia a la evidente diferencia sexual entre hombres y mujeres».
Respecto al cambio de sexo, Dignitas infinita recuerda que el cuerpo participa de la dignidad de la persona y afirma que tales intervenciones, «por regla general», corren el riesgo de atentar contra «la dignidad única que la persona ha recibido desde el momento de la concepción». El documento distingue de estos casos las intervenciones destinadas a resolver anomalías genitales.
Battaglia no contradice expresamente estas enseñanzas en su prólogo, pero tampoco las menciona en un texto dedicado precisamente a presentar una obra sobre identidades transgénero, teología y pastoral. En lugar de situarlas como punto de partida de su reflexión, pide «no apresurarse a definir», propone permanecer «dentro de la tensión de la búsqueda» y habla de atravesar «territorios inexplorados».
«No tanto juicio como diálogo»
El cardenal desarrolla esa idea al describir la fidelidad como «movimiento en el Espíritu» y «búsqueda comunitaria».
«No se trata de adoptar posiciones apresuradas», sostiene, sino de madurar mediante «el diálogo, la oración y la profundización espiritual y teológica de un discernimiento eclesial amplio y compartido».
Battaglia desea que la lectura del libro provoque «no tanto consenso como atención. No tanto juicio como diálogo. No tanto opiniones como compasión».
El contraste entre esas palabras y el contenido del volumen resulta especialmente relevante porque Queriniana no presenta la obra únicamente como una reflexión sobre la acogida y el acompañamiento de personas con disforia de género, sino como una propuesta con aplicaciones concretas en ámbitos de la vida eclesial como el lenguaje, la formación y la liturgia.
La cuestión que deja abierta el prólogo no es, por tanto, que Battaglia niegue expresamente la doctrina de la Iglesia, algo que no hace, sino que presenta como materia de búsqueda y «territorios inexplorados» unas cuestiones antropológicas para las que el Magisterio ya ofrece principios definidos y que sus documentos más recientes han aplicado expresamente a la teoría de género y al cambio de sexo.
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El precedente del Te Deum de Nápoles
La intervención no constituye el primer gesto de Battaglia relacionado con el ámbito LGBT dentro de la vida eclesial.
El 31 de diciembre de 2024, pocas semanas después de haber sido creado cardenal por Francisco, Battaglia permitió intervenir durante la celebración del Te Deum de fin de año en la catedral de Nápoles a Cristiano Cimmino, miembro de la asociación LGBT napolitana i Ken.
Cimmino presentó ante los fieles la experiencia de su organización y la definió como una «comunidad pastoral laica» nacida de un grupo de personas homosexuales y transgénero.
El prólogo de Persone transgender se suma ahora a esa línea pastoral del arzobispo de Nápoles, esta vez mediante su respaldo a una obra que pretende trasladar la reflexión sobre las identidades transgénero a ámbitos concretos de la vida de la Iglesia.
Prólogo completo del cardenal Domenico Battaglia:
A continuación reproducimos, traducido al español, el prólogo escrito por el cardenal Domenico Battaglia para Persone transgender. Scienze, teologie, pastorali, editado por Damiano Migliorini y Giuseppe Piva, SJ, publicado por Queriniana y difundido íntegramente por Outreach:
Hay un tiempo para cada cosa bajo el cielo, dice el sabio. Y hay un tiempo —hoy más que nunca— para detenerse y escuchar. Para guardar silencio ante lo desconocido, para dedicar tiempo a las historias, para acoger preguntas que parecen mayores que las respuestas de las que disponemos. Este es el tiempo en el que nos encontramos: un tiempo frágil y complejo, pero también fecundo, porque nos obliga a no dar nada por sentado. Un tiempo que interpela profundamente a la Iglesia, llamada a renovar su mirada sobre el ser humano, a cruzar nuevos umbrales sin perder su alma.
Vivimos en un mundo cambiante, a veces de manera abrupta, que trae consigo profundas transformaciones en la experiencia de la identidad, las relaciones, el cuerpo y la conciencia. Ante estos cambios, la comunidad eclesial está llamada a caminar con espíritu de escucha y discernimiento, permaneciendo fiel al Evangelio y, al mismo tiempo, atenta a los sufrimientos, las expectativas y las preguntas que surgen de las experiencias concretas de tantas personas.
Este volumen reúne contribuciones diversas por su procedencia, perspectiva y contenido. Son voces procedentes del mundo de la ciencia, la psicología, la antropología, la teología y la pastoral. Voces que no hablan todas el mismo lenguaje, pero que juntas abordan un tema complejo y delicado, ofreciendo al lector una oportunidad: la de detenerse. Reflexionar, no huir, no apresurarse a definir, sino permanecer fielmente dentro de la tensión de la búsqueda. El tema de la disforia de género, las identidades transgénero y las experiencias de vida que no se ajustan a los modelos tradicionales plantea interrogantes profundos. También para la Iglesia.
Pero precisamente por ello exige una escucha todavía más respetuosa y atenta. Un camino que no sea de juicio, sino de acompañamiento. Nadie está excluido del corazón de Dios. Ninguna vida es ajena al misterio de la salvación. Y cada persona, cada historia —incluso aquellas que parecen lejanas o difíciles de comprender— lleva consigo la posibilidad de una revelación. La revelación de un Dios que se acerca, que se deja tocar, que habita las heridas, que no teme la carne frágil de los hijos del hombre. Porque Él asumió esa carne, la vivió y la transfiguró.
En el corazón de este camino de transfiguración humana, el Evangelio sigue siendo para nosotros luz y guía, invitándonos a recorrer un camino de fidelidad y confianza. La fidelidad es movimiento en el Espíritu; es búsqueda comunitaria; es la voluntad de permanecer anclados en Cristo mientras atravesamos territorios inexplorados. Por esta razón, no se trata de adoptar posiciones apresuradas, sino de madurar mediante el diálogo, la oración y la profundización espiritual y teológica de un discernimiento eclesial amplio y compartido, que respete a las personas y esté arraigado en la verdad.
Este libro puede ser una herramienta útil en este camino. Porque ofrece perspectivas y nos anima a formular las preguntas adecuadas. Y, sobre todo, nos recuerda que antes que las ideas están las personas. Personas a las que encontrar, escuchar y acompañar. Con la sabiduría de la Iglesia, con la fuerza de la caridad, con la belleza de la Palabra, con la ternura del cuidado. Espero que la lectura de estas páginas suscite no tanto consenso como atención. No tanto juicio como diálogo. No tanto opiniones como compasión. Porque solo sobre este terreno puede crecer una verdadera pastoral, capaz de verdad y ternura, de coherencia y apertura, de fidelidad al Evangelio y cercanía a la condición humana.
Al lector le deseo que se deje conmover. Que entre en los pliegues de las historias, las reflexiones y las dudas. Y que perciba que, en el corazón de todo ello —más allá de las diferencias, más allá de los conflictos, más allá de las luchas—, permanece el deseo de una Iglesia que nunca deje de ser madre. Una madre que acompaña, que escucha, que protege. Una madre que sabe, con humildad y valentía, ponerse en camino con todos, custodiando y compartiendo la verdad que nos hace libres.