León XIV dedicó la tarde del sábado 22 de agosto a Rímini, en Emilia-Romaña (Italia), donde participó en el 47º Meeting para la Amistad entre los Pueblos, organizado por Comunión y Liberación, se reunió con enfermos, personas con discapacidad y pobres atendidos por Cáritas y presidió la Santa Misa en la zona del puerto. Ante los participantes del Meeting, el Pontífice abordó la identidad y renovación de los movimientos eclesiales, la sinodalidad, la unidad con la Iglesia y la evangelización en sociedades secularizadas, además de advertir contra la ideología en la educación, la idolatría del lucro y los «negocios de la muerte».
En su intervención, León XIV exhortó expresamente a los miembros de Comunión y Liberación a «amar siempre a la Iglesia» y preservar la unidad con quienes están llamados a dirigir el movimiento, con la Sede Apostólica y con el Sucesor de Pedro. El Papa afirmó que «la sinodalidad no es el nombre de un proceso, sino la naturaleza de un pueblo» y sostuvo que este camino exige también la renovación de asociaciones y movimientos eclesiales. Más tarde, durante la Misa celebrada en el puerto de Rímini, recordó que la autoridad dentro de la Iglesia debe entenderse como servicio y señaló al Papa, los obispos, sacerdotes y diáconos como los primeros llamados a ejercerla de ese modo.
«Liberar la educación de la ideología»
En el recinto ferial de Rímini, León XIV partió de la situación internacional y de la necesidad de una «amistad social» capaz de superar divisiones y conflictos. Recordó que «antes de fronteras, definiciones e instituciones están siempre las personas» y presentó el encuentro entre los hombres como una dimensión central de la experiencia cristiana.
El Papa contrapuso después lo que denominó el «falso realismo» que «rearma las mentes, las palabras y las naciones» al «realismo de la misericordia». Según explicó, para el cristiano «no pueden existir enemigos» y también los adversarios deben ser considerados hermanos y hermanas a quienes mirar a los ojos y encontrar en la verdad.
En uno de los pasajes más contundentes del discurso, León XIV reclamó una conversión que alcance las estructuras sociales, económicas y tecnológicas:
«Liberemos, pues, la convivencia de la desconfianza, la cultura de la prepotencia, la educación de la ideología, el trabajo de la idolatría del lucro, y la tecnología y las finanzas de los negocios de la muerte».
El Pontífice pidió asimismo «desenmascarar las relaciones injustas de poder», que situó en la raíz de la pobreza, las desigualdades, la guerra y los desastres medioambientales, y llamó a «desarmar el desarrollo tecnológico cuando se vuelve omnipresente y destructivo».
Los jóvenes: «El futuro es una promesa, no una amenaza»
León XIV dedicó una parte importante de su intervención a los numerosos jóvenes presentes, muchos de ellos voluntarios del Meeting. «Ustedes son el signo de que el futuro es una promesa, ¡no una amenaza!», les dijo.
El Papa les pidió abrirse a una «verdadera catolicidad» y evitar que su pertenencia a movimientos o comunidades termine encerrándolos en ámbitos demasiado estrechos:
«El Movimiento, los grupos, las comunidades sean un trampolín desde el cual se lancen a toda la realidad».
Les exhortó además a oponerse a aquello que pretenda alejarlos de personas «de culturas, sensibilidades y procedencias diferentes, especialmente de los más pobres», y los animó a salir al encuentro de todos.
También sostuvo que el amor cristiano excluye cualquier forma de coacción: «En el amor nunca hay coacción ni adoctrinamiento; nunca hay seducción, engaño o reclutamiento». El amor, añadió, solamente existe «en la libertad, en la confrontación viva, en el don generoso de sí mismo».
Miles de jóvenes piden el Bautismo en sociedades secularizadas
El Pontífice se detuvo también en un fenómeno que vinculó con la búsqueda contemporánea de sentido. Señaló que actualmente resulta sorprendente para muchos que los jóvenes se adhieran a Cristo, se sientan atraídos por su Palabra y pertenezcan a la Iglesia.
«No es una cuestión de números, aunque conmuevan los miles de coetáneos vuestros que piden el Bautismo en sociedades consideradas entre las más secularizadas del mundo. Es una cuestión de libertad: la verdad se encuentra solo en la libertad».
León XIV añadió que «cierta pérdida de influencia» que los adultos «quizá hemos temido y combatido» puede permitir valorar mejor «la potencia del Evangelio», los vínculos que genera y la vida que hace surgir.
En ese contexto retomó una conocida formulación utilizada por sus predecesores: «La Iglesia no hace proselitismo. Se desarrolla más bien por atracción».
«Amad siempre a la Iglesia»
Hacia el final de su discurso, León XIV dirigió una exhortación específica a Comunión y Liberación:
«Queridos amigos, ¡amad siempre a la Iglesia! Amad y preservad la unidad».
El Papa reiteró inmediatamente la petición —«¡Amad siempre a la Iglesia!»— y llamó a conservar «la unidad de la “compañía” a través de la cual Cristo os ha alcanzado y os atrae hacia sí».
León XIV recordó en este punto unas palabras de Francisco pronunciadas en 2022, con motivo del centenario del nacimiento de don Luigi Giussani, fundador de Comunión y Liberación. Francisco había señalado entonces que también los momentos difíciles podían convertirse en «momentos de gracia» y de renacimiento y había recordado que Giussani afrontó las etapas de cambio del movimiento «con valentía evangélica, confianza en Cristo y en comunión con la madre Iglesia».
«La sinodalidad no es el nombre de un proceso»
León XIV situó después esa llamada a la unidad dentro del camino sinodal de la Iglesia. Señaló que durante los últimos años se ha redescubierto «la dimensión sinodal y misionera de nuestro ser Iglesia», que exige, ante todo, aprender a escucharse mutuamente.
El Pontífice reconoció que el don de la escucha «a menudo se ha perdido en algunos sectores de la Iglesia» y pidió recuperar la escucha de la Palabra de Dios, la escucha recíproca y también la sabiduría que puede encontrarse en quienes buscan la verdad aunque «todavía no sean, y quizá nunca sean, miembros de la Iglesia».
Aplicó directamente esta reflexión a los movimientos eclesiales:
«Es un camino que exige también la renovación de toda realidad asociativa y movimiento eclesial».
El Papa invitó a los miembros de Comunión y Liberación, tanto dentro del movimiento como en sus respectivas Iglesias particulares, a hacer la experiencia de ese «caminar juntos», en el que cada uno escucha y se deja transformar por la fe del otro y, «bajo la guía de los pastores», maduran nuevas decisiones y «obediencias valientes al Espíritu Santo».
Fue entonces cuando formuló una de las principales afirmaciones eclesiológicas de su intervención:
«La sinodalidad no es el nombre de un proceso, sino la naturaleza de un pueblo que, en la amistad y en el encuentro con el otro, siente que pertenece solo a Dios».
Según León XIV, desde esta perspectiva «la autoridad se convierte en servicio», que respeta las diferencias y facilita su armonía.
El Papa concluyó esta parte con una indicación concreta a Comunión y Liberación: cultivar la unidad entre sus miembros, «con quienes están llamados a guiar el Movimiento, con la Sede Apostólica que os ha reconocido y con el Sucesor de Pedro».
Enfermos, personas con discapacidad y pobres «en el centro»
Tras su participación en el Meeting, León XIV se trasladó a la Catedral de Rímini, donde mantuvo un encuentro con enfermos, personas con discapacidad y pobres atendidos por Cáritas.
El Papa recordó que Jesús, cuando encontraba a personas enfermas, con discapacidad o pobres, «las acogía y las ponía en el centro» para sanarlas y devolverles una vida conforme a su dignidad.
León XIV los animó a participar activamente en la vida de la Iglesia, tanto en las parroquias como en asociaciones y lugares de acogida y servicio, y los exhortó a dejarse sanar, perdonar y convertir por Cristo para después «caminar juntos en su Iglesia».
«En la Iglesia, a todos los niveles, la autoridad es servicio»
La jornada concluyó con la Santa Misa celebrada en el puerto de Rímini, a la que asistieron unas 25.000 personas, según informó la Sala de Prensa de la Santa Sede.
En su homilía, León XIV partió del pasaje del Evangelio de san Mateo en el que Cristo entrega las llaves a Pedro para reflexionar sobre el ejercicio de la autoridad:
«En la Iglesia, a todos los niveles, la autoridad es servicio».
El Pontífice aplicó expresamente este principio a quienes ejercen el ministerio ordenado: «El Papa, los obispos, los sacerdotes y los diáconos están llamados los primeros a vivirla así», a los que debe unirse todo el Pueblo de Dios conforme a la vocación particular de cada uno.
León XIV desarrolló posteriormente su reflexión a partir de la figura bíblica de Sebná, funcionario al que el rey Ezequías había confiado un importante proyecto de renovación religiosa, moral y social de Jerusalén y del reino de Judá.
Según explicó el Papa, Sebná, «por ambición y avaricia», comenzó a abusar de la autoridad recibida, acumulando riquezas «para sí y para su círculo de amigos y parientes» y enseñoreándose de las personas. Había olvidado que los medios económicos y el poder debían ponerse al servicio de la renovación y del bien de toda la comunidad.
«Por esto fue destituido y su misión confiada a Eliaquim, hombre honesto y libre de condicionamientos».
Para León XIV, el pasaje contiene una enseñanza precisa: «Todo lo que somos y tenemos es don de Dios» y ha sido confiado al hombre para convertirse, en sus manos, en instrumento de salvación y justicia para los demás.
Una advertencia sobre determinadas formas de ocio
En la parte final de la homilía, el Papa se refirió también a la condición de Rímini como importante destino turístico de la costa adriática y animó a la comunidad católica a procurar que el territorio sea acogedor no solo para el descanso y la diversión, sino también «para el espíritu».
León XIV advirtió de que el mundo contemporáneo ofrece numerosas formas de entretenimiento, algunas de las cuales «llevan más bien a la dispersión y a la ruina» que a un verdadero regreso a uno mismo y «dejan el vacío en el corazón».
Frente a una concepción del ocio como «evasión», como si «la vida ordinaria fuese una prisión de la que huir», el Pontífice señaló que el verdadero descanso y el encuentro con Dios no se encuentran «fuera, en el caos», sino «dentro de nosotros, en lo profundo del alma».
La celebración eucarística puso fin a la visita pastoral de León XIV a Rímini. El Papa partió en helicóptero desde el puerto a las 20:20 para regresar al Vaticano, después de una jornada que había comenzado por la mañana con su visita a la República de San Marino.