El terremoto registrado el pasado 10 de agosto en Colombia provocó el derrumbe del sagrario de una capilla del siglo XVII en Roldanillo, en el departamento del Valle del Cauca, y dejó varias hostias consagradas esparcidas entre los escombros. El párroco Germán Andrés Clavijo y una religiosa accedieron al templo después del sismo para recuperar las formas y proceder conforme al tratamiento previsto por la Iglesia cuando las especies eucarísticas resultan dañadas o contaminadas.
El episodio tuvo lugar en la capilla de la Virgen del Rosario de Chiquinquirá, dependiente de la parroquia de San Sebastián. El sacerdote relató a ACI Prensa que el sagrario de madera quedó destruido y que el copón que contenía las hostias consagradas en la Misa del día anterior apareció gravemente dañado.
Las hostias consagradas entre los escombros
Una vez pasado el movimiento sísmico, el padre Clavijo entró en la capilla acompañado por la hermana Marcela, de la Comunidad del Santísimo Sacramento. Ambos se dirigieron al lugar donde se encontraba el sagrario, que había quedado derribado y cubierto por los restos de la estructura.
«Le digo: “Ayúdeme a buscar porque ahí están las formas consagradas”», relató el sacerdote.
Cuando localizaron el copón comprobaron que estaba «muy, muy destrozado». Algunas de las hostias también se habían fragmentado, por lo que comenzaron a recoger cuidadosamente las formas y partículas que podían recuperar.
Mientras realizaban esta labor, el sacerdote y la religiosa rezaron las letanías al Santísimo Sacramento y a Jesús Sacramentado. Las hostias recuperadas fueron depositadas en otro copón.
El padre Clavijo explicó que también vertieron agua sobre aquellos lugares de los escombros en los que podían haber quedado partículas que resultaba imposible recoger.
Las formas que habían quedado mezcladas con tierra y otros restos fueron colocadas en un recipiente con agua para que las especies eucarísticas dejaran de subsistir. Posteriormente, el agua debía ser depositada en un lugar adecuado.
El Catecismo de la Iglesia Católica enseña en su número 1377 que «la presencia eucarística de Cristo comienza en el momento de la consagración y dura todo el tiempo que subsistan las especies eucarísticas».
«La Eucaristía es la vida del sacerdote»
Clavijo describió el momento como especialmente doloroso por encontrarse ante las hostias consagradas dispersas por el suelo después de la destrucción del sagrario.
«Fue muy triste», reconoció. «La Eucaristía es la vida del sacerdote, esa es la vida de la Iglesia, es el centro de nosotros».
Las circunstancias obligaban, sin embargo, a actuar con rapidez. El edificio había resultado dañado y permanecía el riesgo de réplicas mientras el sacerdote y la religiosa se encontraban en su interior.
«Tenía que ser muy fuerte, porque tenía que dar solución. No era momento de lamentarse», explicó Clavijo. El sacerdote recordó que el temblor acababa de producirse y que temían que una réplica pudiera provocar nuevos desprendimientos mientras recuperaban las formas consagradas.
Dos muertos y más de un centenar de heridos
Roldanillo, situado aproximadamente a 150 kilómetros de Cali, fue uno de los municipios más afectados por el terremoto. Fundado en 1576, conserva numerosas construcciones históricas de época colonial y de los primeros años de la República.
Según el balance comunicado al día siguiente por la Gobernación del Valle del Cauca, el terremoto dejó dos fallecidos y 112 heridos en el municipio. Cerca de 1.300 viviendas resultaron afectadas, algunas de ellas completamente destruidas, y el 60% del hospital sufrió daños estructurales.
Los efectos del sismo alcanzaron también a los edificios religiosos. La iglesia parroquial de San Sebastián permanece cerrada debido a los daños y las Misas han tenido que trasladarse a la plaza.
La capilla de la Virgen del Rosario de Chiquinquirá tampoco puede utilizarse. Al tratarse de un inmueble catalogado como patrimonio nacional, su restauración dependerá de la intervención de las autoridades competentes.
«Señor, sálvanos»
Tras el terremoto, Clavijo dirigió un mensaje a los habitantes de Roldanillo desde el interior de la capilla dañada. El sacerdote expresó su cercanía a quienes habían perdido sus viviendas y, especialmente, a las familias de las víctimas mortales.
«En medio de estos escombros que nos han quedado, quiero también elevar mi oración de esperanza y de aliento para aquellos que lo han perdido todo, sobre todo aquellos que han perdido algún ser querido», manifestó.
El párroco recurrió al pasaje evangélico de Pedro caminando sobre las aguas para exhortar a los afectados a mantener la esperanza ante las consecuencias del terremoto.
«A veces caminamos sobre vientos fuertes, olas turbulentas, nuestra barca parece hundirse, pero Dios nos tiende la mano. Como Pedro, gritamos todos: Señor, sálvanos».
Clavijo concluyó pidiendo por la población afectada y transmitiendo su «voz de aliento y de esperanza» mientras Roldanillo comienza a afrontar la recuperación de viviendas, servicios públicos y edificios religiosos dañados por el sismo.