León XIV en el Ángelus pide avanzar en la solución de dos Estados para una «paz justa y duradera»

León XIV en el Ángelus pide avanzar en la solución de dos Estados para una «paz justa y duradera»

El Papa León XIV ha renovado este domingo su llamamiento para que cesen las «repetidas violencias contra la población civil palestina en Cisjordania» y ha pedido con urgencia a la comunidad internacional que impulse la solución de dos Estados como vía hacia «una paz justa y duradera». El Pontífice realizó este llamamiento después del rezo del Ángelus en la plaza de la Libertad de Castel Gandolfo, donde se encontraba acompañado por fieles y peregrinos.

Previamente, al comentar el Evangelio de la mujer cananea, León XIV señaló que la Iglesia debe estar abierta a la acción de Dios «más allá de los confines ya trazados» y afirmó que la fe cristiana hace «insoportables las desigualdades, las discriminaciones y las barreras» que vulneran la dignidad humana. El Papa presentó a la mujer cananea como ejemplo de «humildad y determinación» y recordó que «la mesa de Dios está preparada para todos».

Palabras del Papa antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

Ayer contemplamos a la Virgen María en su relación indisoluble con el Hijo: ni siquiera la muerte pudo interrumpir esa comunión de alma y cuerpo, que es vida eterna. Cada domingo nos recuerda que la misma plenitud está reservada a quienes siguen a Jesús: su resurrección no es un acontecimiento pasado, sino vida nueva que nos implica.

Lo demuestra hoy la mujer cananea, protagonista del Evangelio proclamado en la liturgia (Mt 15,21-28). Aunque no pertenece a su pueblo y vive en una región extranjera, busca insistentemente hablar con Jesús, siguiéndolo como una discípula que ya tiene un vínculo con Él. No debían haberse encontrado nunca, pero misteriosamente la fe ya había surgido en ella. No desea algo para sí misma, sino la paz para su hija atormentada, y confía en Jesús, en quien reconoce al Mesías descendiente de David (cf. v. 22).

El evangelista no oculta los obstáculos que esta mujer debe afrontar. Los discípulos la ven como una persona molesta, y el propio Jesús se resiste a sus peticiones. En efecto, el Maestro se había retirado a aquella región (cf. v. 21) y podemos imaginar que, como en otras ocasiones, buscaba un lugar apartado donde rezar y formar a los suyos. En aquel momento, sin embargo, sucede algo inesperado. Meditando sobre esto, podemos comprender la obediencia de Jesús, que cumple su misión dejándose interpelar por lo que ve y escucha. Al final le dice: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas» (v. 28).

También hoy la Iglesia puede dejarse sorprender por la obra de Dios y comunicar la paz de Cristo más allá de los confines ya trazados. Su misión está precedida por la gracia divina, que actúa en el secreto de las conciencias, de modo que en cada encuentro, incluso en aquellos que alteran nuestros planes, es necesario prestar oído, abrir los ojos y abrir el corazón a lo que Dios quiere decirnos.

De la mujer cananea aprendemos la humildad y la determinación. Gracias a su fe, aprendemos que la mesa de Dios está preparada para todos y que a nadie están reservadas las migajas (cf. vv. 26-27), porque cada uno, junto al Padre, tiene su propio lugar. A la luz de esta fe se vuelven insoportables las desigualdades, las discriminaciones y las barreras que pisotean la dignidad de tantos hijos e hijas de Dios.

Queridos hermanos y hermanas: somos Iglesia de Jesucristo en un mundo atormentado, un mundo que busca la paz. A María, nuestra Madre, le pedimos que interceda por nosotros. «De sus labios brota el himno más fuerte e innovador que jamás se haya pronunciado, el Magníficat» (Magnifica humanitas, 244): es el canto de quien contempla ya la realidad con la mirada de Dios y, por ello, no pierde la esperanza y obra en la caridad.

Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Renuevo mi llamamiento para que cesen las repetidas violencias contra la población civil palestina en Cisjordania y pido con urgencia a la comunidad internacional que haga posible avanzar en la solución de dos Estados, por una paz justa y duradera.

Esta semana comenzarán los Juegos del Mediterráneo, que se celebrarán en Tarento. En ellos participarán varios países de África, Asia y Europa pertenecientes al área mediterránea. Deseo que este acontecimiento deportivo sea una profecía de paz y fraternidad entre los pueblos de esta región y del mundo entero.

Y ahora doy la bienvenida a todos vosotros, que os habéis reunido aquí en Castel Gandolfo para el Ángelus dominical.

Recibo con afecto a los peregrinos procedentes de varios países. Al saludar a los polacos, extiendo mi bendición a las numerosas participantes en la tradicional peregrinación al Santuario de Piekary Śląskie, en la Alta Silesia.

A todos os deseo un feliz domingo.

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