Bagnasco: «Lo que no es verdad debe decirse desde los tejados»

Bagnasco: «Lo que no es verdad debe decirse desde los tejados»

El cardenal Angelo Bagnasco ha defendido que la fe cristiana no puede quedar reducida a una convicción privada, sino que debe proporcionar al creyente un criterio para discernir los acontecimientos y las situaciones concretas a la luz del Evangelio. El arzobispo emérito de Génova realizó estas consideraciones el 9 de agosto durante su visita a la parroquia de San Donato a Livizzano, en Montespertoli, en la Toscana italiana.

Bagnasco presidió la Misa con motivo de la fiesta de san Donato, obispo y mártir. Tras la celebración, el antiguo presidente de la Conferencia Episcopal Italiana explicó algunos de los puntos centrales de la reflexión que había propuesto a los fieles, tomando como punto de partida el testimonio del santo y su fidelidad hasta el martirio.

Una fe que compromete toda la vida

San Donato fue presentado por Bagnasco como una gran figura de obispo, pastor, santo y mártir. Su testimonio permitió al purpurado detenerse en el significado de una fe que no se limita al reconocimiento intelectual de Dios.

«Murió por la fe, por el testimonio de la fe», señaló el cardenal. A partir de ahí, explicó que creer no consiste únicamente en aceptar la existencia de «un Dios superior a nosotros». La vida cristiana implica una relación con Jesucristo, quien ha revelado al hombre el verdadero rostro de Dios, su misericordia y su paternidad, y le ha entregado su palabra.

Esta concepción de la fe tiene consecuencias concretas para la forma en que el cristiano contempla el mundo. Para Bagnasco, el Evangelio no es ajeno a la historia ni puede quedar apartado del discernimiento sobre aquello que sucede en la sociedad.

Juzgar las situaciones con la mirada del Evangelio

El cardenal sintetizó esa responsabilidad afirmando que «la fe es también juicio». Inmediatamente aclaró el sentido de sus palabras: se trata de contemplar la historia y las circunstancias concretas «con la mirada del Evangelio, con la mirada de Jesús».

Bagnasco distinguió este deber del juicio sobre la conciencia o el destino último de cada persona. Ese juicio corresponde a Dios. El cristiano, sin embargo, no queda por ello dispensado de discernir moralmente los hechos y reconocer qué resulta verdadero y bueno para el hombre.

«Lo que no es verdad debe decirse desde los tejados».

Además, el arzobispo emérito de Génova añadió que aquello que constituye un bien para el hombre debe ser proclamado respetando la libertad de todos, pero también «con la claridad de la fe cristiana».

El testimonio del mártir como punto de partida

La llamada de Bagnasco a la claridad cristiana adquirió un significado particular por celebrarse precisamente la memoria de un mártir. La figura de san Donato sirvió para recordar a los fieles que la confesión de la fe tiene consecuencias y que el cristianismo no se agota en una adhesión interior desvinculada de la vida.

La celebración congregó a numerosos fieles en San Donato a Livizzano. Junto al cardenal concelebraron varios sacerdotes, mientras que monseñor Marco Zanobini, vicario general de la archidiócesis de Florencia, transmitió el saludo del arzobispo Gherardo Gambelli.

Al concluir su visita, Bagnasco agradeció la acogida y aseguró haber encontrado «una bellísima comunidad». Antes de marcharse permaneció con los fieles, a quienes saludó y bendijo personalmente, animándolos a mantener la mirada puesta en el Señor y a vivir confiados en la redención prometida.

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