El Real Monasterio de Santa María de Guadalupe (Cáceres) abrirá el próximo domingo 30 de agosto su Puerta Santa, dando comienzo al Año Jubilar Guadalupense 2026-2027, que se prolongará hasta el 8 de septiembre de 2027, solemnidad de Santa María de Guadalupe, patrona de Extremadura y Reina de la Hispanidad. El acto central será una eucaristía solemne que se celebrará a las 12:00 horas, según ha anunciado la Archidiócesis de Toledo, a la que pertenece el santuario pese a encontrarse en territorio cacereño.
El Año Jubilar es una gracia concedida por la Santa Sede que permite a los peregrinos obtener las indulgencias propias de este tiempo santo. En Guadalupe se celebra únicamente cuando la festividad litúrgica de la Virgen, el 6 de septiembre, coincide en domingo, una tradición recuperada en 2005, después de que San Juan Pablo II estableciera in perpetuum esta concesión para dichos años.
«Tu Madre te busca»
El Jubileo se celebrará bajo el lema «Tu Madre te busca», tomado del Evangelio de San Mateo, que da título también a la carta pastoral conjunta firmada por el arzobispo de Toledo, su obispo auxiliar y los obispos de las tres diócesis de la provincia eclesiástica de Mérida-Badajoz. Una expresión que, en palabras de los organizadores, refleja la iniciativa amorosa de María, primera discípula de Jesús, que sale al encuentro de sus hijos para conducirlos hasta Cristo.
La presentación oficial del Año Santo tuvo lugar el pasado 7 de julio en la Sala Capitular Jerónima del propio monasterio, presidida por el arzobispo de Toledo y Primado de España, Mons. Francisco Cerro Chaves, junto al arzobispo de Mérida-Badajoz, Mons. Fray José Rodríguez Carballo, OFM; el vicario general de Coria-Cáceres, D. Diego Zambrano; y el guardián del Real Monasterio, Fray Vidal Rodríguez, OFM, que preside la comisión interdiocesana organizadora.
«Desde Guadalupe se ha hecho una obra de evangelización misionera magnífica. La imagen de la Virgen sigue convocando a millones de personas», destacó Mons. Cerro Chaves, que subrayó el papel del santuario como «corazón de la devoción mariana en España» y su proyección universal, llamada a seguir fortaleciendo los vínculos espirituales entre Extremadura y los pueblos de América.
Por su parte, Mons. Rodríguez Carballo puso el acento en el sentido teológico del Jubileo, «un tiempo de gracia, reconciliación y conversión», profundamente espiritual pero con fuertes implicaciones sociales: peregrinar, dijo, supone «salir de uno mismo, caminar con fe, compartir la esperanza con otros y dejarse transformar por Dios».
Del Jubileo de la Hispanidad al Jubileo de los emigrantes
A lo largo del año se desarrollará un amplio calendario de peregrinaciones y convocatorias mensuales orientadas a los distintos ámbitos de la vida eclesial —jóvenes, familias, catequesis, enseñanza, pastoral de la salud, vida consagrada, clero, movimientos y asociaciones—, desde el Jubileo de la Hispanidad, en octubre de 2026, hasta el Jubileo de los emigrantes, en agosto de 2027.
Entre las novedades presentadas figuran la renovación de la credencial del peregrino, la creación de una oración jubilar y el nuevo logotipo del Año Santo, que sintetiza en verde y dorado la silueta del monasterio, la imagen de la Virgen y el camino que conduce al corazón de la Puebla.
El Jubileo contará además con una obra social propia: el proyecto «Hogar Santa María de Guadalupe», en colaboración con la asociación Asdivi, que permitirá que entre cuatro y seis personas con capacidades limitadas vivan en un hogar acompañadas por profesionales, con el objetivo de que gocen de una vida familiar lo más autónoma posible. «Las personas con discapacidad son el tesoro de la Iglesia y el tesoro de la humanidad», señaló el arzobispo de Toledo.
Una casa abierta para el mundo hispánico
Fray Vidal Rodríguez explicó que el deseo de la comunidad franciscana es que este Año Santo sea una auténtica oportunidad de evangelización: «Queremos que quienes lleguen a Guadalupe puedan reconciliarse con el Señor, expresar su fe y recuperar la esperanza». El guardián recordó asimismo la dimensión universal de la devoción guadalupense, profundamente arraigada en el continente americano y presente también en Filipinas, y expresó su deseo de que decenas de miles de peregrinos vuelvan a encontrar en el santuario «una casa abierta donde experimentar la cercanía de Dios bajo la mirada maternal de la Virgen».
Fundado en 1340 y confiado hoy a la Orden Franciscana, el Real Monasterio de Guadalupe —Patrimonio de la Humanidad desde 1993— fue durante siglos el gran santuario de la España de la Reconquista y del Descubrimiento: ante su Virgen morena oró Cristóbal Colón, y de su nombre tomó el suyo la advocación mexicana del Tepeyac. El Año Jubilar que ahora comienza aspira a devolver a la Puebla cacereña su condición de encrucijada espiritual de todo el mundo hispánico.