El obispo de Huesca y Jaca, monseñor Pedro Aguado Cuesta, ha llamado a anunciar el Evangelio, reconocer a Dios por encima de las pretensiones humanas y acercarse a quienes sufren pobreza, soledad, enfermedad o precariedad. Lo hizo este lunes 10 de agosto durante la solemnidad de san Lorenzo, patrón de Huesca, cuya figura presentó como ejemplo de una fe que une el anuncio de Cristo con el servicio concreto al necesitado.
La Misa pontifical se celebró en la basílica de San Lorenzo después de la tradicional procesión por las calles de la ciudad y fue concelebrada por el obispo de Málaga, monseñor José Antonio Satué Huerto. En su homilía, Aguado se preguntó qué diría hoy el mártir si regresara a su tierra natal. Su respuesta fue: «Proclamar el Evangelio, es decir, anunciar el reino de Dios y su justicia».
«Hay un Dios que apuesta por cada uno de nosotros»
Aguado situó el reconocimiento de Dios en el comienzo de su reflexión. Habló de un Padre que acompaña, perdona y ofrece misericordia, justicia y amor, y cuyo rostro se revela en Jesucristo.
Frente a una concepción del hombre como medida última de la realidad, el obispo afirmó que «hay un Dios que es más grande que tú y que yo» y recordó que también espera a quienes viven como si Él no existiera. Cristo, añadió, es «camino, verdad y vida», y el encuentro con Él responde a la «nostalgia de infinito, de plenitud, de respuestas, de sentido» presente en el corazón humano.
El Evangelio, sin embargo, no se limita para Aguado al reconocimiento de Dios. El obispo recordó el doble mandamiento de amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a uno mismo, una exigencia que definió como «tan maravillosa como comprometida» y «tan portadora de paz como de inquietud».
De la fe al servicio de los necesitados
A partir de ese mandamiento, Aguado dedicó una parte importante de la homilía a las consecuencias sociales de la fe, tomando como referencia la vida de san Lorenzo.
El diácono, martirizado en Roma durante la persecución del emperador Valeriano en el año 258, tenía entre sus responsabilidades la administración de los bienes de la Iglesia y la atención de los pobres. Según la tradición, cuando las autoridades romanas le exigieron entregar las riquezas eclesiásticas, Lorenzo distribuyó bienes entre los necesitados y posteriormente presentó ante el prefecto a pobres, enfermos y desvalidos.
«Estos son los verdaderos tesoros de la Iglesia», recordó Aguado al evocar la respuesta atribuida al mártir.
El obispo trasladó directamente esa imagen al presente y señaló entre las realidades que deben interpelar a los cristianos la soledad, la precariedad económica y laboral, las dificultades para acceder a una vivienda, la enfermedad y la falta de horizontes.
«Cuando el necesitado deja de ser un número y se convierte en un alguien, la respuesta es distinta», afirmó.
Aguado resumió esta dimensión de su mensaje con la expresión «los pobres, tesoros de la Iglesia». Para el prelado, recordar a san Lorenzo no consiste simplemente en conservar una tradición histórica o festiva, sino en permitir que su testimonio transforme la manera de mirar a quienes sufren.
San Lorenzo como elemento de unidad en Huesca
La solemnidad reunió también algunas de las tradiciones más arraigadas de la ciudad. El busto de san Lorenzo recorrió las calles acompañado por los danzantes, el clero, las cofradías, representantes municipales y numerosos fieles antes de regresar a la basílica para la celebración de la Misa.
En el tramo final de su homilía, Aguado trasladó su reflexión al terreno de la convivencia social. En una sociedad donde existen «tantas maneras de pensar diferentes», presentó las fiestas patronales como una ocasión para encontrarse alrededor de aquello que los oscenses comparten.
«No hay ninguna duda de que San Lorenzo es un punto de unión para todos los oscenses», señaló, pidiendo que las celebraciones transcurran con respeto, alegría y espíritu de unidad.
El obispo agradeció asimismo el trabajo de sanitarios, Protección Civil, Cruz Roja, Fuerzas Armadas, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, bomberos, funcionarios, voluntarios y trabajadores de distintos sectores que prestan servicio durante las fiestas.
Aguado cerró su homilía regresando al sentido religioso de la solemnidad y haciendo suya la petición de la oración litúrgica dedicada al mártir: «Concédenos por su intercesión amar lo que él amó y practicar sinceramente lo que nos enseñó».