90 años del martirio de Antonio Molle: el joven requeté que murió gritando «¡Viva Cristo Rey!»

90 años del martirio de Antonio Molle: el joven requeté que murió gritando «¡Viva Cristo Rey!»

Este 10 de agosto se cumplen 90 años del martirio de Antonio Molle Lazo, el joven requeté de 21 años que murió en Peñaflor (Sevilla) durante la persecución religiosa de 1936 después de negarse a renegar de su fe. Su historia está en Antonio Molle Lazo (1915-1936). Juventud, ideales y martirio, la biografía escrita por el benedictino e historiador Santiago Cantera Montenegro y publicada este año por Homo Legens.

Del convento de las Hermanas de la Cruz al martirio

Antonio Molle había llegado a Peñaflor el 8 de agosto de 1936 junto a otros requetés y guardias civiles. Dos días después, en la mañana del 10 de agosto, asistió a misa y recibió la comunión. Hacia las once, varios cientos de hombres armados procedentes de la zona de Palma del Río y Hornachuelos avanzaron sobre la localidad.

Los testimonios recogidos por Cantera sitúan entonces a Molle en torno al convento de las Hermanas de la Cruz. Algunas fuentes sostienen que se dirigió hasta allí desde el Ayuntamiento porque quería proteger a las religiosas ante la posibilidad de que fueran perseguidas; otras señalan que ya se encontraba en el convento cuando comenzó el ataque.

Su captura desembocaría en el episodio que ha marcado su memoria durante nueve décadas. Molle se negó a blasfemar y mantuvo su confesión de fe hasta la muerte. Su martirio quedó asociado desde entonces al grito de «¡Viva Cristo Rey!», con el que entregó la vida a los 21 años.

Una devoción que se extendió rápidamente por España

La memoria de Antonio Molle no desapareció con el final de la guerra. El 10 de agosto de 1937, exactamente un año después de su muerte, Peñaflor celebró un funeral solemne y levantó mediante suscripción popular un monumento en el lugar del martirio. La lápida recordaba que había muerto al grito de «¡Viva Cristo Rey!» y «¡Viva España!».

A partir de entonces, cada 10 de agosto comenzaron a celebrarse actos en su memoria, especialmente en Jerez de la Frontera y Peñaflor. La santa misa ocupó el centro de estas conmemoraciones, acompañada a lo largo de los años por conferencias y publicaciones dedicadas a su figura.

La devoción se propagó además con extraordinaria rapidez. El carmelita Hilarión Sánchez impulsó la distribución de estampas de Antonio Molle y llegó a afirmar que 300.000 ejemplares habían sido repartidos en pocos días. Las peticiones llegaron desde distintos lugares de España y también desde el extranjero.

Sus restos terminaron siendo trasladados, con autorización de la Santa Sede, a la iglesia —actual basílica— de Nuestra Señora del Carmen Coronada de Jerez de la Frontera, donde fueron depositados en un sepulcro en la festividad de Cristo Rey de 1940 y donde desde entonces han recibido la visita de numerosos fieles.

Santiago Cantera: un modelo especialmente dirigido a los jóvenes

La biografía publicada por Homo Legens no pretende presentar a Antonio Molle únicamente como un personaje de la Guerra Civil española. Cantera explica que su propósito es mostrarlo, ante todo, como modelo para los jóvenes, destacando sus virtudes cristianas y su disposición a entregar la vida antes que abandonar la fe.

El autor tampoco oculta la militancia tradicionalista del joven requeté, necesaria para comprender su personalidad y su época, pero advierte expresamente de que el libro no pretende ser una apología política del carlismo. El centro de la obra está en la vida cristiana de Molle, en sus ideales y en su muerte martirial.

Noventa años después de aquella mañana del 10 de agosto de 1936, la figura de Antonio Molle permanece ligada a una elección radicalmente sencilla: conservar la vida renegando de aquello en lo que creía o permanecer fiel hasta las últimas consecuencias. Eligió lo segundo.

Antonio Molle Lazo (1915-1936). Juventud, ideales y martirio, de Santiago Cantera Montenegro, O.S.B., publicado por Bibliotheca Homo Legens en 2026.

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