Valdivia convoca a toda la diócesis a rezar por Ceuta tras unos días marcados por el «miedo» y la «desprotección»

Valdivia convoca a toda la diócesis a rezar por Ceuta tras unos días marcados por el «miedo» y la «desprotección»

El administrador apostólico de Cádiz y Ceuta, Ramón Valdivia, ha convocado a todas las parroquias de la diócesis a celebrar una vigilia de oración por «la paz, la estabilidad y la justicia en Ceuta» durante la noche del próximo 14 de agosto, víspera de la solemnidad de la Asunción. La convocatoria llega después de los graves acontecimientos vividos en la ciudad autónoma, que el prelado describe como un «desastre humanitario» generado por «la ambición y la corrupción», en medio del «desgobierno», el miedo de las familias y la sensación de «desprotección» entre los ceutíes.

Valdivia ha hecho pública este sábado 8 de agosto una carta dirigida a sacerdotes, religiosos y fieles después de haber dejado pasar más de una semana para «reposar y comprender» el alcance de lo sucedido. Su diagnóstico no evita las responsabilidades ni las consecuencias de la crisis, pero tampoco se detiene en ellas: ante una situación que considera reveladora de un cambio cultural más profundo, propone a los católicos una respuesta centrada en la oración y pone nuevamente a Santa María de África, patrona de Ceuta, en el centro de la vida de la ciudad.

Dejamos a continuación la carta completa: 

Queridos hermanos en Cristo:

Ha pasado más de una semana desde el drama humano e institucional que ha vivido nuestra Diócesis en Ceuta. He necesitado reposar y comprender el alcance de lo que hemos sufrido y, al mismo tiempo, intentar comprender, con mis luces, la repercusión que excede lo que los medios de comunicación han ido mostrando. Ahora, quiero transmitiros lo que he vivido y, al mismo tiempo, lo que os propongo como medida para toda la Diócesis, en la medida en que cada uno pueda llevarla a cabo. Son días, además, de descanso de un año intenso, lleno de incertidumbres, que nos ha afectado a todos.

En primer lugar, miro el desastre humanitario que ha generado la ambición y la corrupción. Nada nuevo bajo el sol. A un lado de la frontera estaban jóvenes sin futuro que se lanzaron hacia lo desconocido, sólo por consignas políticas o por promesas malintencionadas; adultos que aprovecharon el desgobierno para huir de las responsabilidades penales de su país, quizá por algún indulto premeditado pergeñado para esta ocasión; niños y niñas que, abandonados por sus familias se convierten en carne de cañón para depredadores; y, por el otro, personas que se han sentido vulneradas en su espacio, familias temerosas a que, al llegar la noche o en plena luz del día, entraron en su casa y reclamaron comida o una recarga de batería de móvil; comercios cerrados, miedo en los ojos, incertidumbre ante la posibilidad de que vuelvan a aparecer, y sobre todo, la rabia que genera la desprotección que deben garantizar quienes gobiernan. Como comprenderéis, todo un cóctel de emociones que podrían haber estallado en un conflicto mayor y, que, gracias a la serenidad del pueblo de Ceuta, no se ha dado.

En segundo lugar, brota en mi corazón la gratitud de la fe. Desde el primer instante, Santa María de África ha sido el baluarte donde consolidar el refugio, la brisa suave de Elías, que, en medio de la persecución, da la respuesta que todos nos hacemos ¿Dónde está Dios? Ni en el huracán, ni en el terremoto… Está en la dulzura de una Madre, que llora ante la muerte de su Hijo, mientras lo acoge en su regazo. He podido percibir cómo la Madre y Patrona de Ceuta, una vez más en la historia, se ha convertido en el faro que guía nuestro surcar los mares embravecidos.

Pero mi agradecimiento se dirige también al Papa que, en su mensaje del pasado domingo puso de manifiesto que lleva a Ceuta en su corazón, a los sacerdotes, a las parroquias, a los religiosos y las religiosas de Ceuta, a los voluntarios de la Casa San Antonio y también a los de Cáritas, y especialmente, a la Hermandad de la Patrona. Juntos hemos intentado dar un ejemplo de unidad en medio de tanta crispación. Es justo que demos todos un mensaje de gratitud a esta pequeña comunidad cristiana, para que reciban un aliento fuerte del resto de la Diócesis, para que mantengan vivo el testimonio de la fe. Quiero creer que, tanto la Ofrenda floral como la Función y la Procesión con la Imagen de Santa María de África no ha sido un suspiro fugaz, sino un catalizador para romper la inercia que genera el miedo, la chispa para tomar conciencia de lo que aporta la fe en la re-construcción de la ciudad, el mayor desafío que tiene la sociedad y la iglesia en este tiempo que el Señor nos regala.

Como propuesta de acción eclesial a esta crisis humanitaria y de confianza, creo necesario poner nuestra mirada en Dios. Cuando las potencias vecinas amenazaban la fragilidad de Israel, los Patriarcas y Profetas alzaban sus manos y rogaban la misericordia divina. Así también, Jesucristo lloró ante la destrucción de Jerusalén. Por eso, os exhorto a que, en todas las parroquias de la Diócesis se realice una Vigilia de oración por la Paz, la estabilidad y la Justicia en Ceuta, como ha sugerido el Papa León XIV, en la noche de la víspera de la Asunción de María.

Así se realizará en el Santuario de Santa María de África, y así deseo que pueda hacerse, de la forma más adecuada posible, para que todos los católicos de nuestra Diócesis puedan rezar, a partir de las primeras vísperas, con la intención no sólo de solicitar la protección de la Ciudad de Ceuta, sino para que tomemos consciencia de la importancia de madurar la fe recibida, y solicitar la luz necesaria para que, unidos, vivamos estos momentos como un nuevo inicio cultural, y no simplemente como una crisis, que ojalá fuera pasajera. Estos acontecimientos me parecen que muestran la profundidad del cambio de cultura que se está generando, por eso, ahora más que nunca necesitamos alzar la mirada y rezar juntos el Padrenuestro diciendo: ¡Hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo!

Con mi bendición

+ Ramón

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