Málaga recauda fondos para conservar las iglesias que guardan la memoria de sus pueblos

Málaga recauda fondos para conservar las iglesias que guardan la memoria de sus pueblos
La Iglesia de San Antonio de Padua, en Frigiliana

La Diócesis de Málaga celebrará este domingo 9 de agosto una nueva edición de la Campaña Pro Templos, una iniciativa con más de medio siglo de historia destinada a financiar la conservación de iglesias, ermitas y capillas repartidas por toda la provincia. El problema afecta especialmente a los municipios pequeños, donde comunidades reducidas deben hacer frente a edificios centenarios cuyo mantenimiento exige inversiones que muchas veces superan sus posibilidades.

La campaña fue instituida en 1974 por el entonces obispo Ramón Buxarráis y desde entonces se celebra cada segundo domingo de agosto. Este año vuelve a poner el foco en una realidad cada vez más visible: buena parte del patrimonio religioso de la diócesis necesita actuaciones constantes para evitar un deterioro que, en algunos casos, ya ha obligado al cierre de templos por motivos de seguridad.

La propia Diócesis de Málaga ha destacado esta semana la necesidad de implicar no solo a los fieles, sino también al conjunto de la sociedad en la conservación de unos edificios que forman parte de la historia y de la identidad de numerosos pueblos.

El patrimonio religioso de la España despoblada

El nuevo ecónomo diocesano, Guillermo Tejero, ha insistido especialmente en la situación de las localidades de menor población, donde se concentran algunos de los mayores problemas de conservación.

«Hay una España despoblada —señala en la nota publicada por la propia diócesis— que está sufriendo las consecuencias negativas de la emigración». En esos municipios, añade, se conservan en ocasiones «auténticas joyas patrimoniales» que requieren una atención que no puede depender exclusivamente de las pequeñas comunidades parroquiales.

La cuestión no es menor. En muchas localidades rurales, la iglesia constituye el principal edificio histórico del municipio y uno de los pocos elementos capaces de atraer visitantes y preservar la memoria arquitectónica del lugar.

Tejero lo resume en términos de responsabilidad intergeneracional: «Es un patrimonio que hemos heredado. Hemos recibido este legado de nuestra historia, de nuestra cultura, de nuestra fe, y lo que tenemos que hacer es conservarlo de la forma más digna posible para que las generaciones venideras puedan disfrutar de él como lo hacemos nosotros hoy».

Ocho millones para rehabilitar templos

La principal respuesta institucional a esta situación es el Plan Málaga Sacra, impulsado conjuntamente por el Obispado y la Diputación Provincial.

El convenio fue firmado el pasado 3 de junio por el obispo de Málaga, José Antonio Satué, y el presidente de la Diputación, Francisco Salado, y prevé una inversión de 8 millones de euros durante los próximos dos años.

Las primeras actuaciones se realizarán en las iglesias de Benaoján, en la Serranía de Ronda, y de Daimalos, pedanía del municipio de Arenas. A partir de ahí, el programa deberá extenderse progresivamente a otros edificios que presentan problemas estructurales o de conservación.

Hasta el momento, 53 templos, entre parroquias y ermitas, han solicitado ayuda. El objetivo es realizar los estudios técnicos previos y priorizar aquellas intervenciones consideradas más urgentes.

Iglesias que sostienen la memoria de los pueblos

Más allá del valor artístico, la Diócesis subraya también la dimensión religiosa y comunitaria de estos edificios.

«Los templos son lugares de referencia, lugares de encuentro, no solo con el Señor, que es la prioridad, sino también de encuentro entre la misma comunidad», explica Tejero.

A esa función litúrgica se suma un componente profundamente ligado a la historia familiar de generaciones enteras. «Ahí está la historia del que se bautizó, del que hizo allí su primera comunión, del que se casó o de la familia que despidió allí a sus seres queridos. Los templos conservan la memoria viva de los pueblos», recuerda.

Esta dimensión explica que la conservación de iglesias y ermitas no pueda reducirse únicamente a una cuestión arquitectónica. En numerosos municipios, estos edificios concentran buena parte de la historia religiosa, cultural y social de la comunidad

Ayuda a Infovaticana a seguir informando