El acuerdo anunciado el viernes 31 de julio para avanzar hacia el desarme de Hamás, la retirada gradual de las fuerzas israelíes y la transferencia del gobierno de Gaza a una administración palestina abre una nueva esperanza para la pequeña comunidad cristiana de la Franja, que ha sobrevivido durante la guerra entre bombardeos, desplazamientos y una grave escasez de alimentos, medicinas y combustible.
El entendimiento, alcanzado tras varias semanas de negociaciones con la mediación de Estados Unidos, Egipto, Qatar y Turquía, establece un proceso por etapas en el que deberán coordinarse el desarme del movimiento islamista y el repliegue israelí. También contempla que un comité palestino asuma progresivamente la administración civil del territorio, mientras una fuerza internacional supervisa la seguridad y colabora en la formación de las futuras fuerzas policiales.
Para los cristianos de Gaza, reducidos a unos pocos centenares de fieles, la posibilidad de que las hostilidades lleguen finalmente a su término no significa únicamente el final de los ataques. También abre la expectativa de reconstruir sus hogares, restablecer las obras de la Iglesia y preservar una presencia cristiana que corre el riesgo de desaparecer después de años de guerra y migración.
La Sagrada Familia, refugio durante la guerra
La parroquia de la Sagrada Familia, la única iglesia católica de Gaza, se ha convertido durante el conflicto en el principal refugio de la comunidad. En su recinto han permanecido familias cristianas, pero también musulmanes desplazados, junto con religiosos encargados de atender a niños, ancianos, enfermos y personas con discapacidad. El complejo alberga además una escuela del Patriarcado Latino y dos comunidades de religiosas dedicadas a distintas obras asistenciales.
Al frente de la parroquia se encuentra el sacerdote argentino Gabriel Romanelli, quien ha relatado durante la guerra las condiciones en las que vive la población. El miércoles 29 de julio, dos días antes del anuncio del acuerdo, advirtió que la palabra «desastrosa» ya no bastaba para describir la crisis humanitaria, agravada por la falta de combustible, transporte y bienes básicos.
Un acuerdo todavía sujeto a graves obstáculos
La esperanza abierta por el anuncio convive, sin embargo, con la incertidumbre sobre su aplicación. Hamás sostiene que entregará sus armas a medida que Israel suspenda los ataques y retire sus tropas, mientras que las autoridades israelíes han defendido que la desmilitarización debe completarse antes de abandonar el territorio.
El plan prevé que las armas pesadas, las instalaciones militares y los túneles sean desmantelados bajo supervisión internacional. La retirada israelí se realizaría de manera gradual y quedaría vinculada al cumplimiento de los compromisos de desarme y al avance de la nueva administración palestina. Israel todavía no ha expresado formalmente su adhesión al último texto, por lo que el calendario y las condiciones concretas continúan sin estar asegurados.
El futuro de la presencia cristiana
El cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, no se ha pronunciado todavía públicamente sobre el nuevo acuerdo. En sus intervenciones anteriores ha insistido, sin embargo, en que ninguna victoria exclusivamente militar bastará para resolver el conflicto y en que Gaza necesita un futuro distinto, basado en el fin de la violencia, la protección de la población y la posibilidad de reconstruir la convivencia.
El Patriarcado Latino ha mantenido durante la guerra su asistencia a la parroquia y ha defendido la permanencia de los cristianos junto a quienes sufren. Romanelli ha explicado en distintas ocasiones que los sacerdotes y las religiosas han optado por continuar atendiendo a los ancianos, los enfermos y las demás personas que dependen de las obras de la Iglesia.
Para la comunidad, el acuerdo no supone todavía el final de la guerra ni garantiza que puedan recuperar una vida normal. Representa, no obstante, la posibilidad de que la parroquia deje de ser únicamente un refugio de supervivencia y vuelva a desempeñar plenamente su misión religiosa, educativa y caritativa en Gaza.