Ni las cartas dirigidas al papa León XIV ni las protestas de cardenales eméritos, antiguos nuncios apostólicos y otros prelados residentes han logrado detener la transformación de la Domus Internationalis Paulus VI, una de las históricas residencias sacerdotales de la Santa Sede, en un establecimiento hotelero. El balance de 2025 de la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (APSA) confirma oficialmente que el proyecto ha recibido las aprobaciones necesarias y ha entrado en su fase definitiva.
La memoria económica de la APSA incluye entre sus actuaciones estratégicas la «transformación en estructura hotelera» del edificio, situado en la céntrica Via della Scrofa, en pleno casco histórico de Roma. El documento señala que, una vez seleccionado el futuro gestor, únicamente queda pendiente la firma del contrato preliminar para poner en marcha la operación.
Según informa Il Messaggero, la decisión estuvo precedida por una fuerte oposición dentro del Vaticano. Cardenales eméritos, antiguos nuncios apostólicos y varios sacerdotes residentes remitieron cartas tanto a la Secretaría de Estado como al propio León XIV solicitando que se mantuviera el destino original del inmueble, sin que sus peticiones alteraran el curso del proyecto.
De residencia para cardenales y sacerdotes a hotel de gestión privada
La Domus Paulus VI, cuyos orígenes se remontan al siglo XV, fue destinada por san Pablo VI al alojamiento de cardenales, obispos y sacerdotes que viajaban a Roma. Entre sus residentes figuró durante años el entonces arzobispo de Buenos Aires, el cardenal Jorge Mario Bergoglio.
Fue precisamente en esta residencia donde, tras ser elegido Papa en marzo de 2013, Francisco regresó personalmente para pagar la factura de su estancia, un gesto que dio la vuelta al mundo y contribuyó a consolidar la imagen de sencillez con la que inició su pontificado.
La privilegiada ubicación del edificio, entre la Piazza Navona y el Panteón, ha convertido el inmueble en una de las propiedades más valiosas del patrimonio inmobiliario de la Santa Sede.
Una concesión de treinta años
La Santa Sede ha optado por conceder el edificio durante aproximadamente treinta años a un operador privado, que asumirá tanto la rehabilitación como la explotación del futuro hotel.
Según se explicó a los residentes, la decisión responde a la imposibilidad de financiar directamente unas obras cuyo coste se estima entre 50 y 60 millones de euros. A cambio de la concesión, el Vaticano prevé ingresar alrededor de cinco millones de euros anuales.
La noticia de la reconversión salió a la luz después de que los residentes recibieran las comunicaciones para abandonar sus apartamentos y el diario argentino La Nación publicara una carta firmada por varios cardenales y obispos que expresaban su preocupación por la pérdida del destino original del edificio.
Una decisión sobre el uso del patrimonio eclesial
Durante una reunión con los residentes, el prelado portugués Mario Rui Fernandes Leite de Oliveira explicó que el proyecto había sido adaptado respecto a los planes iniciales. Según las palabras que trascendieron de aquel encuentro, «con el Santo Padre Francisco se había decidido que no podía hacerse un hotel de cinco estrellas por motivos de credibilidad e imagen; al final será solo un cuatro estrellas».
La afirmación suscitó polémica, ya que durante su pontificado Francisco criticó en diversas ocasiones la transformación de conventos y edificios religiosos en establecimientos hoteleros, advirtiendo del riesgo de convertir bienes eclesiales en negocios en lugar de mantener su finalidad original o destinarlos a obras de acogida y caridad.
La confirmación oficial del proyecto refleja la estrategia impulsada por la APSA para rentabilizar parte del patrimonio inmobiliario de la Santa Sede y contribuir al saneamiento de sus cuentas. Al mismo tiempo, la desaparición de una residencia concebida para acoger al clero reabre el debate sobre el equilibrio entre la sostenibilidad económica y la conservación de la identidad y la función histórica de los bienes eclesiales.