«¡Movilicémonos todos!»: el cardenal Zen pide a toda la Iglesia defender la familia

«¡Movilicémonos todos!»: el cardenal Zen pide a toda la Iglesia defender la familia

El cardenal Joseph Zen, obispo emérito de Hong Kong, ha pedido a toda la Iglesia que convierta la defensa de la familia en «la misión principal» de su acción pastoral. En una reflexión publicada en su blog con motivo de las lecturas litúrgicas del lunes de la XVII semana del Tiempo Ordinario, el purpurado salesiano sostiene que buena parte de la crisis actual tiene su origen en la pérdida del sentido de la vida y advierte de que el cuestionamiento del matrimonio y de la familia forma parte de ese proceso.

Aunque no pudo participar en la reunión del Colegio Cardenalicio celebrada a finales de junio, Zen explica que siguió atentamente todo lo ocurrido durante esos días. A su juicio, una de las reflexiones más acertadas fue que «la raíz del problema parece ser que las personas han perdido el sentido de la vida», es decir, «no han encontrado el tesoro y la perla, o quizá los encontraron, pero luego los abandonaron».

El cardenal relaciona ese diagnóstico con las parábolas evangélicas del tesoro escondido, la perla preciosa, el grano de mostaza y la levadura. Descubrir el Reino de Dios, afirma, es solo el comienzo: el cristiano está llamado a permanecer fiel para que la gracia dé fruto y no acabar como «el cinturón podrido» de la profecía de Jeremías, inútil por haberse apartado de Dios.

Tres enemigos del cristiano

A partir de esa reflexión, Zen recuerda que la vida cristiana exige vigilancia permanente. «¿Qué puede separarnos de Él? No debería haber nada», escribe. Sin embargo, advierte de que todo creyente debe afrontar tres enemigos: «las pasiones desordenadas, el espíritu del mundo y el demonio».

El obispo emérito de Hong Kong insiste en que «el demonio existe» y recuerda que la Escritura enseña que «anda por el mundo buscando a quién devorar», por lo que anima a los fieles a pedir con frecuencia la protección de san Miguel Arcángel.

Pero también alerta contra el espíritu del mundo, que considera especialmente peligroso porque actúa de manera seductora. «No se presenta con el aspecto horrible del demonio; sabe hablar con palabras seductoras, busca hacerse amigo tuyo. Hay que estar muy atentos», advierte.

A ello se suman las pasiones desordenadas, que actúan desde el interior del hombre. «No digamos nunca que se trata de cosas pequeñas. Los pequeños pecados, cuando se convierten en costumbre, terminan debilitando la voluntad. Los malos hábitos son tan peligrosos como una droga», afirma.

«Los pecados LGBTQ violan el plan del Creador»

En ese contexto, el purpurado aborda la moral sexual. Reconoce que la ética cristiana no se limita al sexto y al noveno mandamientos, pero advierte de que «esta clase de pecados son los que más fácilmente generan adicción».

«Los pecados LGBTQ violan por completo el plan del Creador para la humanidad: un hombre y una mujer llamados a amarse durante toda la vida y a transmitir la vida en un ambiente de amor», escribe.

Zen añade que «los actos homosexuales no solo son llamados pecado en la Biblia, sino que son una «abominación» ante Dios», antes de recordar el relato del Génesis: «El Dios misericordioso también hizo llover fuego para destruir Sodoma».

La familia, en el centro de la batalla espiritual

Para el cardenal, la pérdida del sentido de la vida conduce inevitablemente al desprecio de la familia y de la transmisión de la vida.

«Si se niega el valor de la vida y de la familia, ¿qué belleza queda en la vida? ¿Hemos abandonado el manantial para buscar agua en una cisterna agrietada?», se pregunta, evocando la imagen del profeta Jeremías.

A continuación recuerda una expresión que atribuye al demonio: «Se dice que incluso el demonio reconoció que, si destruye la familia, la victoria será suya».

Frente a esta realidad, Zen anima a los católicos a adoptar una actitud activa. «La mejor forma de combatir es pasar al ataque», escribe, explicando que ayudar a otros a hacer el bien es también el mejor modo de perseverar personalmente en la vida cristiana.

Una llamada a toda la Iglesia

El purpurado concluye su reflexión con una llamada a todos los miembros de la Iglesia a implicarse en la defensa del matrimonio y de la familia.

«Movilicémonos todos: obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, fieles casados y solteros; quienes disfrutan de una familia unida y quienes atraviesan dificultades. Hagamos de la protección de la familia nuestra misión principal y el centro de la acción pastoral», exhorta.

Finalmente, encomienda esta misión a la intercesión de los santos Joaquín y Ana, padres de la Virgen María, y de los santos Luis y Celia Martin, padres de santa Teresita del Niño Jesús, para que «los jóvenes confíen plenamente en el plan de amor de Dios» y redescubran la belleza del designio de Dios sobre el matrimonio y la familia.

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