El arzobispo Georg Gänswein, nuncio apostólico en los países bálticos y durante años secretario personal de Benedicto XVI, aseguró que el papa León XIV ha identificado los problemas que atraviesa la Iglesia y está actuando para afrontarlos. En una entrevista concedida a Katholisch.de con motivo de su 70.º cumpleaños, el prelado alemán afirmó que «es innegable que durante el pontificado anterior salieron a la luz algunas dificultades y problemas», al tiempo que destacó que el actual Pontífice «ve esos problemas, los toma en serio y actúa».
«Intenta curar las heridas con prudencia»
Al hacer balance del primer año del pontificado de León XIV, Gänswein definió al Papa como «un hombre prudente e inteligente» que, desde el inicio de su ministerio, ha marcado una dirección clara para la Iglesia.
«Con la elección de su nombre ya dio una primera señal», afirmó. A su juicio, el Pontífice «vuelve a confiar más en la colaboración directa de la Curia romana» y es consciente de que «en la Iglesia existen tensiones y dificultades que deben superarse».
«Percibe esa realidad e intenta curar las heridas existentes con prudencia. Se aprecia una línea clara. Eso se manifiesta tanto en sus nombramientos como en sus escritos magisteriales y en sus intervenciones públicas», señaló.
Preguntado por las diferencias con el pontificado de Francisco, Gänswein evitó establecer comparaciones personales, aunque reconoció que «no hago una valoración de ambos papas». No obstante, añadió: «Es innegable que durante el pontificado anterior salieron a la luz algunas dificultades y problemas. El papa León ve esos problemas y los afronta. Eso demuestra que conoce la realidad, la toma en serio y actúa».
También expresó su deseo de que León XIV permanezca firme en el ejercicio de su ministerio: «La tarea más importante de un papa es ser el primer testigo de Jesucristo. Debe ofrecer respuestas convincentes desde la fe a las preguntas del mundo actual. Le deseo que permanezca firme cuando cambie el viento y lleguen las críticas».
El Camino Sinodal alemán sigue siendo «un lastre»
Durante la entrevista, el nuncio también se refirió a la situación de la Iglesia en Alemania. Preguntado por sus principales preocupaciones, respondió que estas se resumen «en esa palabra monstruosa que es el Camino Sinodal».
«Los debates estériles sobre estructuras y cuestiones semejantes consumen fuerzas importantes en el lugar equivocado», lamentó.
A su juicio, las tensiones entre Roma y la Iglesia alemana siguen sin resolverse. «Las tensiones relacionadas con el Camino Sinodal y con diversos proyectos que se apartan de la fe católica siguen existiendo y esperan una clarificación definitiva. Para muchos católicos en Alemania, que simplemente quieren vivir su fe, eso es un lastre».
Sobre el nuevo presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, el obispo Heiner Wilmer, Gänswein se mostró moderadamente esperanzado. «Hasta ahora da una buena impresión. Parece que no quiere abrirse paso a cabezazos contra el muro. Eso podría contribuir a una distensión».
«Quiero mantener viva la memoria de Benedicto XVI»
Gänswein, que convivió durante años con Benedicto XVI como su secretario personal, aseguró que sigue sintiéndose responsable de custodiar el legado del pontífice alemán.
«Me siento obligado a ello, no porque otros lo esperen de mí, sino porque yo mismo lo deseo. Soy testigo de la importancia que tuvo esta personalidad para la Iglesia y también para el mundo».
Añadió que uno de sus principales objetivos es conservar y dar a conocer la riqueza del pontificado de Benedicto XVI. «Quiero contribuir a que se preserve y se redescubra el rico patrimonio de su pontificado y de su obra teológica. Eso es importante para mí y por eso trabajo».
La amenaza rusa en los países bálticos
Desde hace dos años, Gänswein ejerce como nuncio apostólico en Lituania, Letonia y Estonia. Sobre la situación de seguridad en la región, reconoció que la amenaza procedente de Rusia constituye «una carga permanente» para la población.
«El peligro es real; no hay nada que maquillar», afirmó. Sin embargo, explicó que su misión consiste en transmitir esperanza: «Intento, como creyente, sacerdote, obispo y nuncio, dar esperanza a las personas y mostrarles que la amenaza no tiene la última palabra; la última palabra la tiene la esperanza».
También defendió el papel de la diplomacia en un contexto de creciente tensión internacional. «La diplomacia representa el diálogo. Debe hacer todo lo posible para impedir las guerras y, si estas estallan, trabajar incansablemente para ponerles fin. Cuanto más fuerte grita la violencia, más necesaria resulta la labor de la diplomacia».