«Nosotros nos quedamos. Esta es nuestra tierra»: la resistencia de los cristianos del Líbano

«Nosotros nos quedamos. Esta es nuestra tierra»: la resistencia de los cristianos del Líbano

Veinte años después de la guerra de 2006 entre Israel y Hezbolá, los cristianos del Líbano continúan afrontando las consecuencias de un conflicto que dejó una profunda huella en el país y aceleró la emigración de numerosas familias.

En una entrevista con Rome Reports, el periodista Jaume Figa Vaello, autor de Flores en el desierto, ha analizado la situación de las comunidades cristianas de Oriente Medio a partir de 26 testimonios recogidos durante una estancia de un mes en la región, especialmente en el Líbano.

Pese a la salida continuada de población, se estima que los cristianos todavía representan entre el 30% y el 35% de los habitantes del país. El Líbano conserva además una singularidad dentro de Oriente Medio: sigue siendo el Estado de la región con mayor presencia cristiana y con una influencia política relevante de esta comunidad.

«Nosotros nos quedamos. Esta es nuestra tierra»

Figa destaca el fuerte arraigo de los cristianos libaneses y su voluntad de permanecer en el país pese a las sucesivas guerras, la crisis económica y la inestabilidad política.

«Lo que hay detrás es un amor muy grande a la patria», explica el periodista.

En este contexto, alude al denominado informe Kissinger, citado de manera oficiosa, que habría propuesto la salida de los cristianos del país hacia América o Canadá para convertir el Líbano en un territorio destinado a los palestinos.

Según recuerda Figa, la respuesta de los cristianos fue clara: «Nosotros nos quedamos. Esta es nuestra tierra».

Para el autor, esta decisión ayuda a explicar que las comunidades cristianas continúen presentes en el país a pesar de la emigración masiva y de las dificultades acumuladas durante décadas.

Veintiséis historias de fe y esperanza

El libro Flores en el desierto reúne 26 historias de cristianos de Oriente Medio que comparten dos elementos centrales: la fe y la esperanza.

«Me parece muy gráfico que dentro de un desierto árido, donde no hay nada, nazca una flor, precisamente porque hay esperanza», afirma Figa.

El periodista explica que esas dos palabras resumen el sentido de la obra y la experiencia de comunidades que mantienen su identidad cristiana en medio de la pobreza, la violencia y la persecución.

Los testimonios ponen rostro a personas que han decidido permanecer, reconstruir sus vidas o continuar sirviendo a sus comunidades pese a un entorno cada vez más adverso.

La singularidad religiosa del Líbano

Figa subraya la situación particular del Líbano dentro de Oriente Medio, donde los cristianos conservan una presencia pública y política que no existe del mismo modo en otros países de la región.

«El Líbano es un país cristiano donde sí hay libertad religiosa», sostiene.

El autor compara esta realidad con la de otros territorios, como Irak, donde numerosas comunidades cristianas han sufrido persecución directa y se han visto obligadas a abandonar sus hogares.

Entre las historias recogidas en el libro figura la de un sacerdote que tuvo que huir de Irak ante la amenaza de grupos islamistas que perseguían y asesinaban a los cristianos.

Aunque el Líbano mantiene un sistema político que reconoce la presencia de las distintas confesiones religiosas, sus comunidades cristianas atraviesan uno de los momentos más difíciles de su historia reciente.

Hezbolá, «un Estado dentro del Estado»

A juicio de Figa, uno de los principales problemas del país es el peso político y militar de Hezbolá.

«Para nosotros es un grupo terrorista; para ellos es un grupo político paramilitar», explica. «El problema es que Hezbolá es un Estado dentro del Estado».

La influencia de la organización se suma a la debilidad institucional, la corrupción y la crisis económica que afectan al país desde hace años.

Figa identifica precisamente la corrupción como otro de los grandes obstáculos para la recuperación del Líbano y para la permanencia de sus comunidades cristianas.

Las historias reunidas en Flores en el desierto muestran así a una comunidad que, pese a la guerra, la emigración y la fragilidad política, continúa luchando por mantener viva la presencia cristiana en Oriente Medio.

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