La Asociación Católica de Propagandistas celebra hoy, 18 de julio, la Asamblea General Extraordinaria en la que elegirá al sucesor de Alfonso Bullón de Mendoza. La votación llega después de varias semanas de movimientos internos, candidaturas cruzadas, documentos programáticos y conversaciones discretas, pero con una impresión bastante extendida dentro de la casa: salvo vuelco de última hora, José Masip parte como favorito para hacerse con la presidencia.
La sucesión de Bullón era obligada. El actual presidente no podía presentarse de nuevo tras haber agotado los dos mandatos previstos, lo que abría necesariamente una nueva etapa en la ACdP. Sin embargo, esa nueva etapa no parece que vaya a traducirse en una ruptura de modelo. Más bien al contrario. La elección de hoy se interpreta en distintos sectores internos como una reorganización de equilibrios y nombres, no como una batalla de fondo sobre el futuro de la Asociación.
Masip aparece como el candidato de continuidad. Según fuentes conocedoras del proceso, Alfonso Bullón habría terminado apoyando su opción como fórmula más viable para garantizar una transición ordenada. No habría sido necesariamente el primer nombre ideal en los planes iniciales del presidente saliente, pero sí el candidato con más posibilidades reales de mantener unido el bloque continuista y evitar un giro brusco en la institución.
En ese contexto, Rafael Rodríguez-Ponga ha quedado situado como una alternativa más nominal que programática. Aunque su perfil político e institucional podía sugerir en un primer momento una orientación distinta, las fuentes consultadas rebajan mucho esa diferencia. La disputa entre Masip y Rodríguez-Ponga no se percibe como una confrontación entre dos modelos incompatibles de ACdP, sino como una competencia por la presidencia entre perfiles que, en lo sustancial, no pondrían en cuestión el rumbo general de los últimos años.
El tercer nombre con mayor presencia en la campaña ha sido Raúl Mayoral. Su candidatura llegó acompañada de documentos en los que reivindicaba su trayectoria en la casa, su paso por responsabilidades relevantes en el CEU y una apelación intensa al espíritu sobrenatural, la unidad interna y la renovación espiritual de los propagandistas. Pero su papel en la carrera ha sido leído por no pocos como una maniobra más orientada a pesar en el día después que a ganar realmente la presidencia.
Mayoral ha intentado medir fuerzas, hacerse visible y colocarse en posición negociadora de cara a una eventual segunda vuelta o a la configuración del nuevo equipo. En la ACdP se comenta desde hace semanas que su objetivo real podría ser condicionar al ganador y hacerse valer para ocupar una posición orgánica relevante, especialmente la secretaría general.
La cuarta candidatura, la de Juan Carlos Hernández Boades, ha introducido una nota distinta. Antiguo director general del CEU en Andalucía, su nombre se ha asociado internamente a una posible vuelta a etapas anteriores de la Asociación, más vinculadas al tiempo de Romero y Caramelo. En sectores críticos con esa línea se interpreta su candidatura como un posible pendulazo hacia posiciones mucho más alejadas del modelo actual. Pero nadie le atribuye opciones reales de victoria. Su candidatura puede expresar malestar, agrupar descontentos o recordar viejas heridas internas, pero no parece en condiciones de imponerse.
Por eso las elecciones de hoy llegan con menos tensión de la esperada. Hay cuatro candidatos, pero no cuatro proyectos. Hay competencia, pero poca batalla doctrinal. Hay cálculos, movimientos y aspiraciones personales, pero no una discusión visible sobre qué debe ser la ACdP en los próximos años. La impresión dominante es que se votan nombres, no modelos.
La gran cuestión externa era El Debate. El periódico relanzado bajo el mandato de Bullón se ha convertido en una de las piezas más visibles de la presencia pública de la Asociación y en uno de los proyectos más relevantes de los últimos años. Durante las últimas semanas se había especulado con la posibilidad de que un cambio en la presidencia pudiera alterar su posición, su orientación o su financiación.
Sin embargo, las fuentes consultadas coinciden en que Bieito Rubido puede estar tranquilo. Gane Masip, como se espera, o incluso si Rodríguez-Ponga lograra dar la sorpresa, el proyecto de El Debate no parece amenazado. La cabecera tendría garantizada su continuidad, su papel dentro del entramado de la ACdP y los recursos necesarios para seguir funcionando como hasta ahora. La única candidatura que podría haber supuesto una alteración más profunda, la de Boades, no tendría fuerza suficiente para condicionar el resultado final.
La jornada de hoy servirá, por tanto, para cerrar formalmente la etapa de Bullón, pero no necesariamente para inaugurar una etapa distinta. Si se confirma la victoria de Masip, la ACdP optará por una sucesión controlada, una continuidad con retoques y una preservación del equilibrio construido durante los últimos años. El cambio será de presidente, no de arquitectura.
La Asociación llega a la votación con el resultado bastante encarrilado. En política interna nunca conviene descartar sorpresas, menos aún en instituciones donde los avales, las lealtades personales y los compromisos cruzados pesan más de lo que parece. Pero la expectativa mayoritaria es clara: pocas sorpresas y victoria de José Masip.
La ACdP elige hoy presidente. Lo previsible es que no elija un nuevo rumbo.