El arzobispo de San Francisco, Salvatore Cordileone, ha reaccionado a las recientes consagraciones episcopales realizadas por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) afirmando que reflejan «una creciente falta de confianza que lleva mucho tiempo gestándose». Al mismo tiempo, ha reclamado que los fieles tengan un acceso más sencillo a la Misa tradicional para evitar que busquen alimento espiritual fuera de la plena comunión con Roma.
En una declaración difundida tras la consagración de cuatro nuevos obispos por parte de la FSSPX el pasado 1 de julio, Cordileone pidió que se reanude un diálogo «sincero y honesto» entre la Santa Sede y la Fraternidad. La información fue publicada por Per Mariam, medio al que el prelado ya había concedido una entrevista el año pasado sobre la situación de la liturgia tradicional.
Un llamamiento al diálogo
El arzobispo estadounidense calificó la situación de «compleja» y sostuvo que las consagraciones manifiestan una desconfianza acumulada durante años. En ese contexto, expresó su deseo de que «pronto comience un esfuerzo decidido por un diálogo sincero y honesto» y añadió que debería facilitarse el acceso a la forma tradicional de la Misa «para que nuestros fieles no sientan que están obligados a buscar alimento espiritual fuera de la familia en comunión con Roma».
Las declaraciones de Cordileone contrastan con otras reacciones surgidas tras las consagraciones, algunas de las cuales han sostenido erróneamente que asistir a una sola Misa de la FSSPX constituiría un motivo de excomunión. Diversos canonistas han rechazado esa interpretación.
Crecen las voces que piden revisar Traditionis Custodes
El arzobispo de San Francisco no es el único que ha vinculado las consagraciones con la necesidad de revisar la actual disciplina sobre la liturgia tradicional. El canonista Gerald Murray ha pedido públicamente la derogación de Traditionis Custodes, el motu proprio promulgado por el papa Francisco en 2021 que restringió el uso de la liturgia anterior a la reforma de 1970.
En la misma línea se han pronunciado el cardenal Gerhard Müller, quien ha propuesto recuperar un organismo vaticano específico para atender a los fieles vinculados a la liturgia tradicional, y el arzobispo Georg Gänswein, antiguo secretario de Benedicto XVI, que recientemente manifestó que ha llegado el momento de superar las restricciones impuestas hace cinco años.
La explicación de la Fraternidad San Pío X
La propia FSSPX ha defendido que las consagraciones episcopales eran necesarias para garantizar la continuidad de su apostolado y de la administración de los sacramentos tradicionales. En un comunicado publicado el 8 de julio, la Fraternidad sostuvo que sin obispos propios no podría asegurar las ordenaciones sacerdotales y, a largo plazo, tampoco la celebración de la Misa tradicional, la administración de los sacramentos ni la transmisión íntegra de la doctrina católica.
El comunicado añade que depender de obispos diocesanos para ordenar a sus sacerdotes o remitir a sus fieles a parroquias diocesanas supondría, en la práctica, aceptar las doctrinas que la Fraternidad considera problemáticas del Concilio Vaticano II y del periodo posconciliar.
A la espera de una decisión de León XIV
Cordileone, que dirige la archidiócesis de San Francisco desde 2012, es uno de los obispos estadounidenses más conocidos por su defensa de la liturgia celebrada con solemnidad y por presidir regularmente la Misa tradicional. En declaraciones concedidas el año pasado, afirmó que el creciente interés de los jóvenes por este rito constituye una muestra de su eficacia evangelizadora y advirtió de que mantener las actuales restricciones podría empujar a algunos fieles hacia comunidades separadas de Roma o incluso al abandono de la práctica religiosa.
Mientras León XIV permanece estos días en Castel Gandolfo durante su descanso estival, la Santa Sede todavía no ha realizado ningún pronunciamiento sobre una posible revisión de Traditionis Custodes. Las recientes consagraciones de la Fraternidad han reavivado el debate sobre el futuro de la liturgia tradicional y aumentan las expectativas ante una eventual decisión del Pontífice.