La Iglesia en Gaza alza la voz tras mil días de guerra: «El dolor es inmenso»

La Iglesia en Gaza alza la voz tras mil días de guerra: «El dolor es inmenso»
Foto: Hamza Z. H. Qraiqea/Anadolu/Getty Images

La guerra en la Franja de Gaza ha alcanzado los mil días desde el ataque perpetrado por Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023, un conflicto que, pese al alto el fuego firmado en octubre de 2025, continúa dejando una profunda huella sobre la población civil. Desde la única parroquia católica del enclave, el padre Gabriel Romanelli ha lanzado un nuevo llamamiento a la comunidad internacional para que no permanezca indiferente ante el sufrimiento de los habitantes de Gaza, especialmente de los menores.

En declaraciones recogidas por Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) y Vatican News, el párroco de la Sagrada Familia lamenta que «el mundo ha dado la espalda a un millón de niños y niñas en Gaza, sin intervenir para detener las matanzas y las mutilaciones». Para el sacerdote argentino, el aniversario de estos mil días de guerra debería servir para reactivar los esfuerzos diplomáticos y avanzar hacia «una paz justa», basada en la dignidad de toda persona, sin distinción de religión, nacionalidad o condición social.

La comunidad cristiana también paga un alto precio

Aunque los cristianos representan una pequeña minoría en la Franja, la guerra también ha golpeado duramente a esta comunidad. Antes del estallido del conflicto residían en Gaza 1.017 cristianos, entre católicos y ortodoxos. Desde entonces han fallecido sesenta, una cifra que equivale aproximadamente al seis por ciento de la población cristiana del enclave.

Según explica Romanelli, veintitrés de esas muertes fueron consecuencia directa de bombardeos o disparos de francotiradores israelíes. El resto se produjo por la imposibilidad de acceder a tratamientos médicos en medio del colapso sanitario que sufre la Franja desde hace meses.

Mientras tanto, la parroquia de la Sagrada Familia continúa acogiendo a cientos de desplazados que encuentran allí uno de los pocos lugares donde recibir asistencia material, apoyo espiritual y un mínimo de seguridad.

Una crisis humanitaria que no deja de agravarse

La situación del conjunto de la población sigue deteriorándose. Los datos difundidos por ACN estiman que más de 20.000 niños han muerto desde el comienzo de la guerra, mientras unos 245.000 sufren o corren el riesgo de padecer desnutrición. Además, alrededor de 800.000 personas han tenido que abandonar sus hogares.

El número real de víctimas podría ser incluso mayor, ya que se desconoce cuántas personas permanecen todavía bajo los escombros de edificios destruidos durante los combates.

La falta de electricidad, agua potable y combustible dificulta la supervivencia cotidiana. Conseguir un simple bidón de agua puede exigir varias horas de espera, mientras millones de personas sobreviven en campamentos improvisados levantados sobre terrenos sin condiciones mínimas de salubridad.

«Quienes viven en tiendas de campaña no tienen nada; el suelo es arenoso y está empapado de aguas residuales», describe Romanelli al relatar las condiciones en las que vive buena parte de la población desplazada.

Pizzaballa: «Hay ciudades que ya no existen»

Tras una reciente visita a Gaza, el cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, ofreció un testimonio igualmente desolador sobre la situación del territorio. Según explicó, ciudades como Rafah han quedado prácticamente destruidas y la población se ve obligada a desplazarse entre calles convertidas en senderos rodeados de aguas residuales.

El patriarca también denunció el deterioro de las condiciones sanitarias, con epidemias cutáneas y gastrointestinales que afectan especialmente a los niños, así como la proliferación de ratas en los campamentos de desplazados.

A este panorama se suma la dificultad para introducir materiales esenciales. Aunque en las últimas semanas ha aumentado ligeramente la entrada de alimentos, continúan las restricciones sobre numerosos productos considerados de doble uso. Según explicó Pizzaballa, entre ellos se encuentran elementos tan básicos como pupitres escolares, cuadernos, lápices o cristales para reparar ventanas.

La Iglesia mantiene viva la esperanza

Junto a la ayuda humanitaria, la Iglesia insiste en que la reconstrucción de Gaza exigirá también una profunda atención al sufrimiento psicológico acumulado durante estos casi tres años de guerra. Personal sanitario y responsables eclesiales advierten de que miles de madres y niños necesitarán apoyo especializado para superar los traumas provocados por el conflicto.

Pese a la devastación, Romanelli asegura que la comunidad cristiana continúa rezando y acompañando a quienes permanecen en la Franja. Su mensaje, cuando se cumplen mil días de guerra, es también una llamada a no resignarse ante la violencia.

El cardenal Pizzaballa coincide en que una paz duradera no dependerá únicamente del fin de las operaciones militares. A su juicio, será necesario superar años de discursos marcados por la exclusión y el enfrentamiento, recuperando una cultura del reconocimiento mutuo que haga posible una auténtica reconciliación.

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