Tras 154 años de presencia, las Hermanitas de los Pobres se despiden de Salamanca

Tras 154 años de presencia, las Hermanitas de los Pobres se despiden de Salamanca

Después de más de siglo y medio de presencia ininterrumpida en Salamanca, las Hermanitas de los Pobres han dicho adiós a la ciudad donde desarrollaron durante 154 años el carisma de santa Juana Jugan al servicio de los ancianos más necesitados. La despedida tuvo lugar el pasado 1 de julio durante una eucaristía de acción de gracias presidida por el obispo de Salamanca, Mons. José Luis Retana, en la residencia que la congregación ha atendido desde hace casi un siglo.

Según informa la Diócesis de Salamanca, la celebración reunió a residentes, trabajadores, voluntarios, bienhechores y numerosos fieles que quisieron agradecer la entrega silenciosa de varias generaciones de religiosas, cuya labor ha marcado la historia asistencial y espiritual de la ciudad desde 1872.

«El amor entregado nunca se pierde»

Durante la homilía, Mons. Retana definió la celebración como «un cruce de gratitudes». Agradeció a las Hermanitas su fidelidad al carisma recibido de santa Juana Jugan y reconoció también la generosidad de quienes, durante décadas, sostuvieron la obra mediante su ayuda material, su voluntariado o su oración.

«Hay momentos en la vida en los que las palabras parecen quedarse pequeñas para expresar lo que llevamos en el corazón. Este es uno de esos momentos», afirmó el obispo.

Dirigiéndose a los benefactores, recordó que habían sido «mucho más que colaboradores», permitiendo que miles de personas mayores encontraran en aquella casa «no solo un techo y unos cuidados, sino también un hogar donde sentirse queridos, respetados y acompañados».

El prelado subrayó que la obra realizada por las religiosas no desaparece con su marcha. «Las obras cambian, las personas pasan y las circunstancias evolucionan, pero el amor entregado nunca se pierde. Permanece en el corazón de quienes lo reciben y en el de Dios», aseguró.

Una obra nacida de la Providencia

En nombre de la comunidad, la superiora recordó el origen de la congregación fundada por santa Juana Jugan, quien acogió en su propia cama a una anciana enferma y sin recursos, confiando plenamente en la Providencia.

Con esa misma confianza explicó también la decisión de abandonar Salamanca, una determinación que, reconoció, ha estado marcada por el dolor, pero también por la certeza de haber buscado «la mejor solución» para los residentes, los trabajadores y el futuro de la casa.

La religiosa agradeció especialmente el apoyo recibido durante más de siglo y medio por parte de la ciudad, de los bienhechores, de los voluntarios y del personal que ha compartido la misión de cuidar a los ancianos.

Una presencia iniciada en 1872

Las Hermanitas de los Pobres llegaron a Salamanca en diciembre de 1872, impulsadas por el entonces obispo Joaquín Lluch, que había conocido en Francia la obra iniciada por santa Juana Jugan.

El día de Navidad de aquel año acogieron a su primer anciano en una modesta vivienda de la calle Padilleros. Décadas después, la creciente demanda hizo necesaria la construcción de una nueva residencia, inaugurada en 1927 en la actual avenida de San Agustín, desde donde la congregación ha desarrollado su labor hasta nuestros días.

A lo largo de estos 154 años, miles de ancianos han pasado por la casa, sostenida gracias a la Providencia y a la colaboración constante de los salmantinos.

«Parte de nuestro corazón se quedará aquí»

En uno de los momentos más emotivos de la celebración, la superiora dirigió unas palabras a los residentes, a quienes definió como «nuestro tesoro» y «la razón más profunda de nuestra entrega».

«Hoy sentimos la tristeza de la despedida, porque dejar esta casa es dejar parte de nuestra vida, pero también sentimos paz, la paz de saber que el espíritu de familia que santa Juana Jugan soñó seguirá vivo en ustedes», afirmó.

Antes de concluir, resumió el sentir de toda la comunidad con unas palabras que arrancaron el aplauso de los presentes:

«Nosotras nos marcharemos, pero parte de nuestro corazón se quedará aquí».

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