Dom Alcuin Reid: «Debe hacerse todo lo posible para preservar la unidad de la Iglesia»

Dom Alcuin Reid: «Debe hacerse todo lo posible para preservar la unidad de la Iglesia»

La reciente declaración de la Santa Sede sobre las consagraciones episcopales de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) sigue suscitando reacciones en el mundo eclesial. Dom Alcuin Reid, monje benedictino, liturgista y una de las voces más reconocidas del movimiento litúrgico tradicional,ha publicado en AdVaticanum una reflexión en la que reclama un renovado esfuerzo por la reconciliación y advierte de que la Iglesia no puede resignarse a que una nueva fractura termine consolidándose.

«Hoy, las palabras de Benedicto XVI son más pertinentes que nunca. Debería haberse hecho más en los últimos meses, semanas y días. Debe hacerse más para tender puentes y abrir puertas», escribe Reid, convencido de que todavía es posible evitar que la crisis desemboque en una ruptura más profunda.

«No hay cisma en quien busca salvar su alma»

El liturgista comienza poniendo el foco en la preocupación de miles de fieles que frecuentan la liturgia tradicional y que, tras los acontecimientos de los últimos días, viven con angustia la posibilidad de ser considerados cismáticos.

«Seamos claros —afirma—. No hay pecado alguno, ni de cisma ni de ninguna otra clase, en quien simplemente busca la salvación de su alma mediante los ritos litúrgicos tradicionales de la Iglesia».

Reid recuerda que esos mismos ritos contienen la oración por el Papa y por el obispo diocesano, algo que, lejos de expresar una ruptura, constituye «una manifestación pública de la unidad católica y de la comunión».

Asimismo, cita la Nota Explicativa publicada en 1996 por el entonces Pontificio Consejo para los Textos Legislativos para sostener que los fieles que acuden a comunidades vinculadas a la Fraternidad buscando los sacramentos «no incurren por ello en la pena de excomunión».

Una dura crítica a Traditionis custodes

El benedictino no oculta su valoración y lo califica de «desastre pastoral, litúrgico y eclesial». Según sostiene, la decisión de restringir la liturgia tradicional estuvo impulsada por «una operación ideológica alimentada por la paranoia de viejos liberales eclesiásticos y basada en mentiras descaradas» que terminó empujando a muchos católicos «a la clandestinidad o fuera de sus parroquias, diócesis e incluso de la comunión visible de la Iglesia».

Para Reid, resulta especialmente preocupante que «quienes orquestaron aquel escándalo y los sumos sacerdotes de su aplicación despiadada permanezcan todavía hoy en el centro del poder», una circunstancia que, en su opinión, ayuda a explicar «la severidad tecnocrática» con la que el Vaticano ha reaccionado ante las recientes consagraciones episcopales.

Benedicto XVI, modelo para la reconciliación

Reid recuerda que el Papa alemán lamentó que, en momentos decisivos de la historia, «no siempre se hizo lo suficiente por mantener o recuperar la reconciliación y la unidad», una constatación que, a su juicio, obliga hoy a actuar con la misma determinación.

También recupera las preguntas que Benedicto XVI formuló tras levantar las excomuniones de los cuatro obispos consagrados por Marcel Lefebvre: «¿Es realmente un error salir al encuentro del hermano y buscar la reconciliación? ¿Podemos ser completamente indiferentes ante una comunidad con cientos de sacerdotes, seminarios, religiosos y miles de fieles?».

Para Reid, aquellas preguntas siguen sin haber perdido actualidad y deberían guiar la respuesta de la Iglesia en el momento presente.

«La parábola de la oveja perdida sigue siendo válida»

Lejos de plantear una defensa incondicional de la Fraternidad San Pío X, Reid insiste en que la responsabilidad de preservar la unidad corresponde a toda la Iglesia.

«La enseñanza de la parábola de la oveja perdida sigue siendo válida, pensemos lo que pensemos de esa oveja o por muy obstinada que nos parezca», escribe, subrayando que la búsqueda de la reconciliación forma parte de la misión misma de la Iglesia.

El monje añade que su reflexión «no pretende declarar a favor o en contra de ningún grupo o persona», sino recordar algunas verdades fundamentales y reclamar que todos trabajen por la unidad.

Respeto al Papa y llamada a la oración

Pese a las críticas dirigidas a la actuación de la Santa Sede, Reid evita convertir su artículo en un reproche personal a León XIV.

«No conocemos las motivaciones ni las intenciones del Santo Padre y, aunque su silencio deje un vacío importante, le debemos la paciencia que forma parte del respeto filial», afirma.

Por ello concluye invitando a rezar por el Papa y por toda la Iglesia, convencido de que la fidelidad a Cristo exige no abandonar nunca la esperanza.

«Mucho pueden pesar nuestros corazones; podemos sentirnos heridos, angustiados e incluso abandonados. Pero no dudemos jamás de que, si permanecemos fieles, el Señor escuchará nuestra súplica y nos salvará», concluye Reid, antes de reiterar la idea que atraviesa toda su reflexión: la unidad de la Iglesia merece que se haga «todo lo posible» para preservarla.

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