Lo que comenzó como el anuncio del relevo de un párroco ha terminado convirtiéndose en una inusual movilización popular. En apenas tres días, los vecinos de Cañada Rosal (Sevilla), el propio sacerdote y ahora también el alcalde del municipio han expresado públicamente su deseo de que Fernando Flores Pistón, de 89 años, continúe al frente de la parroquia de Santa Ana, después de más de seis décadas de ministerio en la localidad.
La historia, relatada por el diario El Pespunte, comenzó el pasado 29 de junio, cuando el Arzobispado de Sevilla publicó el nombramiento de un nuevo párroco para Cañada Rosal y el paso de Don Fernando a la condición de párroco emérito. La noticia sorprendió a buena parte del municipio, donde el sacerdote es considerado una de las figuras más representativas de la vida local. En pocas horas comenzaron a multiplicarse los mensajes de apoyo en las redes sociales y las muestras de afecto de numerosos vecinos, que lamentaban especialmente la forma en que se había comunicado el relevo.
«Usted siempre será el cura de Cañada»
El médico Ángel López Hernanz y el cronista oficial de la localidad, José Antonio Filter Rodríguez, fueron de los primeros en expresar públicamente su desacuerdo con la decisión. Ambos destacaron la entrega pastoral de Don Fernando y reclamaron que se tuviera en cuenta el sentir del pueblo, al considerar que el sacerdote continúa desempeñando activamente su ministerio pese a su avanzada edad.
Las publicaciones dieron paso a una auténtica cadena de mensajes de apoyo. Muchos vecinos recordaron que Don Fernando sigue visitando enfermos, acompaña a las familias, celebra la Eucaristía y permanece disponible para quien llama a la puerta de la casa parroquial. Otros compartieron anécdotas personales coincidiendo en que «siempre será el cura de Cañada».
«Seguiré haciendo lo mismo»
Al día siguiente, el propio Fernando Flores Pistón concedió una entrevista a El Pespunte en la que explicó que había recibido la noticia directamente del arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, durante una reunión mantenida días antes.
Aunque reconoció que le hubiera gustado continuar como párroco titular «hasta que Dios dijera «hasta aquí llegas»», afirmó que aceptaba la decisión «porque lo manda la Iglesia» y recordó que la obediencia forma parte del ministerio sacerdotal.
Don Fernando aclaró además que su labor pastoral no terminará con el nombramiento del nuevo párroco, Ely Yecid Lesmes Cruz. Según explicó, el arzobispo le pidió expresamente que continuara realizando las tareas que ha desarrollado durante tantos años: visitar enfermos, acompañar a las familias y permanecer cerca del pueblo.
«Seguiré haciendo lo mismo porque siempre he sido, por encima de todo, el cura de Cañada Rosal», afirmó.
Más de sesenta años transformando un pueblo
Durante la conversación, el sacerdote repasó buena parte de su historia en Cañada Rosal, donde llegó en julio de 1964 con apenas 27 años.
Explicó cómo recorrió casa por casa para conocer las necesidades de los vecinos y cómo impulsó distintas iniciativas sociales para combatir la pobreza, mejorar las condiciones de vivienda y facilitar empleo en una localidad donde el trabajo escaseaba.
Entre otros proyectos, promovió la construcción de viviendas para familias que habitaban en antiguas caleras, ayudó a tramitar la emigración laboral de numerosos vecinos hacia Alemania durante los años sesenta e impulsó posteriormente la creación de la cooperativa de envases COENCA, considerada uno de los motores del desarrollo económico de la localidad.
Para Don Fernando, todas esas iniciativas nacían de una misma convicción: «Ese trabajo era el que hacía Jesucristo: darle pan al que tenía hambre y abrirle los ojos al ciego».
El alcalde solicita revisar la decisión
La movilización dio un nuevo paso este 1 de julio. El alcalde de Cañada Rosal, Rodrigo Rodríguez Hans, remitió una carta al Arzobispado de Sevilla solicitando que se reconsidere el relevo del sacerdote y pidiendo una reunión para trasladar personalmente el sentir del municipio.
Rodríguez Hans sostiene que «la edad nunca debería ocultar la vocación cuando esta sigue viva y al servicio de los demás» y solicita que se estudie la posibilidad de revertir la decisión, consciente —afirma— del carácter excepcional de la petición.
«Es el pueblo de Cañada Rosal el que quiere seguir contando con Don Fernando como cura párroco titular», concluye la carta.
Mientras el nuevo párroco se incorpora para colaborar en la atención pastoral de la parroquia, el afecto que el municipio ha mostrado hacia Fernando Flores Pistón ha convertido un relevo habitual dentro de la vida diocesana en una historia poco frecuente: la de un pueblo que ha querido expresar públicamente su gratitud hacia el sacerdote que lo ha acompañado durante más de sesenta años.