El cardenal Mario Grech, secretario general de la Secretaría General del Sínodo, dedicó su intervención en la cuarta sesión del consistorio extraordinario a la fase de aplicación del proceso sinodal. El purpurado sostuvo que esta etapa no debe entenderse como una simple ejecución de decisiones previamente adoptadas, sino como un proceso orientado a hacer madurar en la vida de las Iglesias las intuiciones surgidas durante el camino sinodal.
Grech recordó que, cuando comenzó el Sínodo sobre la sinodalidad en 2021, «pocos habrían imaginado la amplitud de la participación que suscitaría». Según explicó, numerosas realidades eclesiales participaron por primera vez en procesos de escucha y discernimiento, recorriendo caminos diversos y afrontando también dificultades y resistencias.
El secretario general del Sínodo afirmó que la fase actual permitirá a las Iglesias intercambiar experiencias y fortalecer el sentido de pertenencia al único Pueblo de Dios. No obstante, señaló que este proceso tendrá ritmos distintos en cada lugar, ya que las orientaciones sinodales deberán traducirse en las diferentes culturas, instituciones, prácticas pastorales y relaciones eclesiales.
Con ese objetivo, recordó que la Secretaría General del Sínodo ha diseñado un itinerario que culminará con la Asamblea eclesial prevista para octubre de 2028. Según indicó, este recorrido pretende favorecer un diálogo cada vez más intenso entre Iglesias de distintos contextos geográficos y culturales. En ese proceso, atribuyó al obispo la responsabilidad de promover la participación de todo el Pueblo de Dios, junto con los equipos sinodales, los organismos de participación, los ministros ordenados, los religiosos, las asociaciones, los movimientos, las instituciones formativas, las familias y los jóvenes.
Los cuatro verbos del proceso
Grech explicó que la fase de aplicación se articula en torno a cuatro verbos: «hacer memoria», acogiendo lo vivido durante el camino sinodal; «interpretar», para identificar las dinámicas y cuestiones surgidas; «orientar», con vistas a abrir nuevas perspectivas; y «celebrar», poniendo el recorrido realizado al servicio de la unidad de la Iglesia.
El cardenal abordó también la relación entre el consistorio y el proceso sinodal. Afirmó que la reunión del Colegio Cardenalicio debe desarrollarse desde una espiritualidad eclesial de carácter sinodal y definió el consistorio como una expresión de la comunión colegial en torno al Sucesor de Pedro, mientras que las asambleas sinodales representan la comunión de las Iglesias particulares.
En la parte final de su intervención, recordó que tanto los cardenales que presiden Iglesias particulares como quienes desempeñan su ministerio en los dicasterios de la Curia Romana comparten la responsabilidad de custodiar la comunión eclesial y sostener la misión de la Iglesia. En ese contexto, presentó la sinodalidad como un instrumento para escuchar las preguntas del mundo contemporáneo y discernir conjuntamente los pasos que debe dar la Iglesia durante esta nueva etapa del proceso sinodal.