Dos sermones hasta ahora desconocidos de san Agustín de Hipona han sido identificados en un manuscrito del siglo XII conservado en Polonia, un hallazgo que amplía el corpus de escritos de uno de los Padres de la Iglesia más influyentes de Occidente. Según ha informado la Universidad de Würzburg y recogen diversos medios especializados, los nuevos textos abordan un pasaje especialmente enigmático del Antiguo Testamento: la consulta del rey Saúl a la pitonisa de Endor, narrada en el primer libro de Samuel.
El descubrimiento ha sido realizado por el profesor Christian Tornau, latinista de la Universidad de Würzburg (Alemania), quien ya trabaja junto a especialistas del Corpus Scriptorum Ecclesiasticorum Latinorum (CSEL) en la edición crítica de los sermones, cuya publicación está prevista para finales de 2026.
Un manuscrito del siglo XII escondía dos obras desconocidas
La investigación comenzó en 2024, cuando la Asociación del Monasterio de Bad Doberan solicitó la colaboración de Tornau para estudiar un manuscrito medieval que originalmente perteneció a esa abadía alemana y que hoy se conserva en el monasterio de Pelplin, en Polonia.
El códice reúne seis sermones atribuidos a san Agustín de Hipona. Sin embargo, un análisis detallado permitió comprobar que dos de ellos nunca habían sido identificados por los especialistas.
«Dos de los seis sermones son escritos hasta ahora desconocidos de san Agustín», explicó Tornau al dar a conocer el hallazgo.
San Agustín reflexiona sobre la pitonisa de Endor
Los dos sermones recuperados se centran en uno de los episodios más debatidos de la Sagrada Escritura: la visita del rey Saúl a la pitonisa de Endor antes de la batalla contra los filisteos.
El relato bíblico narra cómo Saúl, al no obtener respuesta de Dios, recurre a una nigromante para invocar al profeta Samuel. La escena ha planteado durante siglos una cuestión teológica de gran alcance: si realmente apareció Samuel por un permiso extraordinario de Dios o si todo fue una acción de carácter demoníaco.
Según Tornau, precisamente esa cuestión ocupa el núcleo de ambos sermones.
«¿Cómo puede una nigromante invocar el espíritu de un profeta? Esto abre el problema de la teodicea: ¿cómo puede un Dios omnipotente permitir algo así, o acaso no es realmente omnipotente?», resume el investigador.
El primero de los sermones fue pronunciado durante la liturgia dominical y concluye exponiendo las distintas interpretaciones posibles. El segundo, predicado el miércoles siguiente, desarrolla y confronta esas explicaciones sin imponer una única respuesta.
Un método característico del obispo de Hipona
Según Christian Tornau, esta forma de presentar varias interpretaciones antes de alcanzar una conclusión refleja uno de los rasgos propios del método pedagógico de san Agustín.
«El estilo, el humor y el contenido indican claramente que los sermones fueron realmente escritos por san Agustín», afirmó el profesor alemán.
Para el investigador, el valor de estos textos no reside únicamente en su novedad documental, sino también en que permiten conocer con mayor profundidad la manera en que el obispo de Hipona enseñaba a sus fieles y abordaba cuestiones complejas de la interpretación bíblica.
Una autenticidad sometida a examen
La autenticidad de los sermones fue objeto de una revisión especialmente rigurosa debido a que, en el pasado, algunos escritos atribuidos a san Agustín resultaron ser falsificaciones.
Por ese motivo, Tornau y el especialista Clemens Weidmann reunieron en Viena a una veintena de expertos en literatura latina patrística para analizar los textos. Tras estudiar el lenguaje, el estilo y el contenido, los especialistas concluyeron de forma unánime que ambos sermones pertenecen realmente al Doctor de la Iglesia.
Los investigadores consideran que el manuscrito del siglo XII probablemente deriva de una copia mucho más antigua conservada en la abadía de Amelungsborn, en Baja Sajonia. Sin embargo, la destrucción de aquella biblioteca durante la Guerra de los Treinta Años impide confirmar con absoluta certeza esa procedencia.
Un nuevo aporte al legado de uno de los grandes Padres de la Iglesia
Christian Tornau ha reconocido que el descubrimiento no alcanza la magnitud del realizado en Maguncia en 1990, cuando aparecieron treinta escritos desconocidos de san Agustín. No obstante, considera que la incorporación de estos dos sermones representa una contribución significativa al conocimiento de una de las figuras fundamentales de la teología cristiana.
San Agustín de Hipona (354-430), obispo, filósofo y Doctor de la Iglesia, ejerció una influencia decisiva en la formación del pensamiento cristiano occidental. Obras como Las Confesiones y La Ciudad de Dios continúan siendo referencias esenciales para la teología, la filosofía y la espiritualidad católicas. La aparición de nuevos textos auténticos, aunque sea de forma excepcional, constituye por ello un acontecimiento de notable interés para los estudios patrísticos y para el conocimiento de la tradición doctrinal de la Iglesia.