Al menos veinte cristianos fueron asesinados durante la noche del 22 al 23 de junio en un ataque perpetrado contra la aldea de Kawel, en el área de gobierno local de Bokkos, en el estado de Plateau, en el centro de Nigeria. El asalto dejó además varios heridos y numerosas viviendas reducidas a cenizas, en un nuevo episodio de violencia que vuelve a golpear a las comunidades cristianas de la denominada Middle Belt nigeriana.
Según informaron las autoridades locales, un grupo de hombres fuertemente armados irrumpió en la aldea hacia las dos de la madrugada y abrió fuego indiscriminadamente contra los habitantes antes de incendiar varias casas. La Policía del estado de Plateau aseguró que sus agentes acudieron al lugar y se enfrentaron a los atacantes en un intercambio de disparos, aunque estos lograron huir. Por el momento no se han anunciado detenciones.
El presidente del gobierno local de Bokkos, Amalau Samuel, calificó el ataque de «desgarrador e inaceptable» e instó al Gobierno federal a reforzar la seguridad en una región castigada desde hace años por continuos episodios de violencia.
Las víctimas eran cristianos
Aunque las autoridades nigerianas no han atribuido oficialmente la autoría del ataque a ningún grupo concreto, varios medios especializados en el seguimiento de la persecución contra los cristianos ofrecen más detalles sobre lo ocurrido.
Christian Daily International asegura que todas las víctimas pertenecían a comunidades cristianas y, citando a responsables locales y testigos presenciales, identifica a los atacantes como pastores fulani musulmanes armados. Según estas fuentes, numerosas familias fueron sorprendidas mientras dormían y las viviendas fueron incendiadas de manera sistemática.
Diversos medios internacionales recogen además que entre los fallecidos se encontrarían un médico y cinco pacientes que se encontraban en un centro sanitario del pueblo cuando se produjo el asalto, lo que da muestra de la extrema violencia del ataque.
Una región marcada por la persecución
El estado de Plateau forma parte de la denominada Middle Belt, la franja central de Nigeria que separa el norte de mayoría musulmana del sur mayoritariamente cristiano. Desde hace años esta región vive una espiral de ataques contra aldeas, con miles de muertos, desplazamientos masivos de población y una creciente inseguridad.
Mientras las autoridades suelen atribuir estos episodios a disputas por la tierra o los recursos entre agricultores y pastores, numerosas organizaciones cristianas internacionales denuncian que las comunidades cristianas están siendo objeto de ataques reiterados y reclaman una respuesta más firme por parte del Estado para garantizar su protección.