¿Qué se cuece en Roma? Tres reuniones con ‘Tucho’ en la misma semana

¿Qué se cuece en Roma? Tres reuniones con ‘Tucho’ en la misma semana

León XIV ha recibido al cardenal Víctor Manuel Fernández los días 19, 22 y 25 de junio, según los boletines de la Sala de Prensa de la Santa Sede. Tres audiencias en una misma semana con el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, una frecuencia que rara vez queda reflejada en el bollettino.

El Vaticano no ha informado del contenido de esos encuentros. El prefecto despacha de forma ordinaria con el Papa sobre cuestiones muy diversas, por lo que nada permite vincular las audiencias a un asunto concreto.

Aun así, el calendario invita a situarlas en su contexto. Por un lado, el cardenal Fernández figura entre las voces llamadas a tener un papel destacado en el próximo consistorio. Por otro, el 1 de julio la Fraternidad Sacerdotal San Pío X ha anunciado nuevas consagraciones episcopales en Écône, sin mandato pontificio. Dos asuntos de naturaleza distinta que coinciden en el tiempo, en unos días en que el pueblo fiel mira a Roma con especial atención.

El 16 de junio, ante los participantes en el Jubileo Oriental, León XIV expresó su voluntad de trabajar por la reconciliación dentro de la Iglesia. Desde entonces no ha habido gesto público alguno hacia la Fraternidad: ni exhortación oficial, ni invitación al diálogo, ni llamamiento de última hora.

Si las consagraciones se celebran sin mandato, la Santa Sede previsiblemente reafirmará las consecuencias canónicas previstas, en línea con lo ocurrido tras las consagraciones de monseñor Marcel Lefebvre en 1988. Sería un nuevo capítulo de una fractura que ningún pontificado ha logrado cerrar.

Llama la atención que, a pocos días del 1 de julio, el Papa no haya recibido siquiera a representantes de la Fraternidad. Es legítimo despachar largo y tendido con el prefecto de Doctrina de la Fe, pero la ausencia de cualquier contacto directo con la otra parte sugiere una forma de gestionar los conflictos a cierta distancia, evitando la exposición y la asunción de riesgos. Y la unidad de la Iglesia, cuando está en juego una ruptura, no suele coserse sin mojarse: exige gestos, presencia y la voluntad de afrontar la tensión antes de que los hechos la vuelvan inútil.

Por ahora solo hay hechos comprobables —tres audiencias y una fecha en el horizonte— y un silencio público que se prolonga a medida que se agota el margen para cualquier iniciativa antes del 1 de julio.

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