El Dicasterio para el Diálogo Interreligioso ha reunido en Roma a representantes del cristianismo y de varias religiones orientales presentes en Europa para reflexionar sobre la convivencia entre comunidades religiosas y las posibilidades de cooperación en distintos ámbitos sociales. El encuentro se enmarca en la política de diálogo interreligioso promovida por la Santa Sede durante las últimas décadas.
La conferencia se celebró los días 23 y 24 de junio en la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino (Angelicum) bajo el lema «Budistas, cristianos, hindúes, jainistas y sijs en Europa: construir la fraternidad mediante el diálogo y la colaboración».
Una iniciativa del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso
Según informó el Vaticano, el encuentro reunió a líderes religiosos, académicos e investigadores pertenecientes al cristianismo y a las tradiciones budista, hindú, jainista y sij.
La iniciativa forma parte de las actividades impulsadas por el Dicasterio para el Diálogo Interreligioso con el objetivo de fortalecer las relaciones entre las distintas comunidades religiosas presentes en Europa y fomentar espacios de cooperación ante desafíos sociales comunes.
Las sesiones se desarrollaron en un clima «de respeto, escucha mutua y apertura», permitiendo a los participantes intercambiar experiencias y reflexionar sobre los retos que afrontan actualmente las sociedades europeas.
Koovakad: la «fraternidad» no es una idea utópica
El cardenal George Jacob Koovakad, prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, fue el encargado de inaugurar el encuentro. Durante su intervención defendió que la «fraternidad» entre creyentes de distintas religiones no debe entenderse como un ideal abstracto o inalcanzable, sino como una realidad que puede construirse mediante el conocimiento mutuo y la colaboración concreta.
Según explicó, la creciente diversidad religiosa en Europa plantea nuevos desafíos para las sociedades del continente. Ante esta realidad, sostuvo que el diálogo entre comunidades religiosas puede contribuir a favorecer la convivencia y reducir tensiones en contextos cada vez más plurales.
Koovakad insistió además en que el diálogo interreligioso no implica abandonar las propias convicciones religiosas. Por el contrario, afirmó que el encuentro con personas de otras tradiciones puede ayudar a profundizar en la propia identidad y a comprender mejor las creencias ajenas.
Europa, escenario de una creciente diversidad religiosa
Durante la conferencia se destacó que Europa vive una transformación religiosa y cultural cada vez más visible. Los organizadores señalaron que la presencia creciente de comunidades budistas, hindúes, jainistas y sijs forma parte del nuevo panorama religioso europeo y exige nuevas formas de relación entre creyentes de distintas tradiciones.
En este contexto, el encuentro abordó cuestiones relacionadas con la libertad religiosa, la cohesión social, la ciudadanía pacífica y las posibilidades de cooperación entre comunidades religiosas.
Los participantes analizaron también el papel que las religiones pueden desempeñar ante fenómenos como la fragmentación social, las tensiones culturales y la pérdida de referencias comunes en amplios sectores de la sociedad europea.
El diálogo interreligioso como herramienta de convivencia
Los participantes insistieron en la importancia del diálogo y de la cooperación entre creyentes para favorecer la comprensión mutua, la solidaridad y la esperanza.
El texto afirma asimismo que la «fraternidad» constituye un elemento fundamental para construir comunidades cohesionadas y pacíficas, especialmente en sociedades marcadas por una creciente diversidad cultural y religiosa.
Los asistentes defendieron también que los creyentes pueden contribuir al bienestar de la sociedad mediante iniciativas concretas orientadas a promover la paz, la armonía social y la ayuda mutua, sin renunciar a las convicciones propias de cada tradición religiosa.
Compromiso con nuevas iniciativas de colaboración
Finalmente, los participantes reafirmaron su compromiso con una «cultura del encuentro» y con el fortalecimiento de la colaboración entre comunidades religiosas presentes en Europa.
Asimismo, expresaron su deseo de que este tipo de iniciativas contribuyan a promover la «fraternidad», la convivencia pacífica y la cooperación en favor del bien común, objetivos que centraron buena parte de las reflexiones desarrolladas durante las dos jornadas celebradas en Roma.