Hasta 90 parroquias podrían perder la misa dominical en Detroit mientras continúa la ofensiva contra la liturgia tradicional

Hasta 90 parroquias podrían perder la misa dominical en Detroit mientras continúa la ofensiva contra la liturgia tradicional

La Archidiócesis de Detroit estudia una profunda reestructuración que podría suponer la supresión de las misas de fin de semana en hasta 90 parroquias. Según informa LifeSiteNews, los distintos modelos presentados por la diócesis contemplan una reducción masiva de celebraciones dominicales y podrían desembocar también en el cierre de numerosas iglesias.

La iniciativa forma parte de un plan de reorganización anunciado el pasado año por el arzobispo Edward Weisenburger, quien justifica las medidas por la caída de la asistencia a misa, la disminución de los sacramentos y la escasez de sacerdotes.

Una de las mayores reorganizaciones parroquiales de Estados Unidos

Los modelos publicados el 18 de junio son el resultado de más de 400 sesiones de consulta realizadas en las parroquias de la arquidiócesis. Aunque las propuestas difieren en algunos aspectos, todas contemplan una reducción significativa del número de templos con celebraciones dominicales regulares.

La decisión definitiva no llegará hasta 2027, cuando el arzobispo Weisenburger determine qué plan será finalmente aplicado. La arquidiócesis sostiene que el objetivo es garantizar la viabilidad futura de las comunidades católicas y fortalecer su capacidad evangelizadora.

Detroit no es un caso aislado. Más de treinta diócesis estadounidenses han emprendido o estudian procesos similares de consolidación parroquial, alegando problemas de asistencia, envejecimiento de las comunidades y falta de clero.

Restricciones a la misa tradicional en medio de la crisis

La publicación de estos planes ha vuelto a poner sobre la mesa una cuestión que sigue generando controversia entre numerosos fieles: las restricciones impuestas recientemente a la liturgia tradicional.

Hace apenas unos meses, el arzobispo Weisenburger ordenó la eliminación de la misa tradicional en latín en trece iglesias de la arquidiócesis, aplicando de forma estricta las disposiciones derivadas de Traditionis Custodes. La medida fue recibida con preocupación por muchos católicos que frecuentaban esas comunidades.

La coincidencia entre las restricciones a la liturgia tradicional y el reconocimiento oficial de una grave crisis de participación parroquial ha alimentado las críticas de quienes consideran contradictorio limitar comunidades que, en numerosos casos, destacan precisamente por una elevada asistencia a misa, la presencia de familias numerosas y un mayor número de vocaciones.

«La reducción más sangrienta» desde Traditionis Custodes

Entre quienes han cuestionado la política de Detroit se encuentra el escritor y teólogo Peter Kwasniewski. En abril calificó las medidas adoptadas contra la misa tradicional como «la reducción más sangrienta» que conoce desde la publicación de Traditionis Custodes por el papa Francisco en 2021.

Las comunidades vinculadas al rito tradicional han sido frecuentemente señaladas por diversos observadores como uno de los sectores más dinámicos del catolicismo estadounidense, especialmente por su capacidad para atraer a jóvenes, familias y vocaciones sacerdotales.

Por ello, algunos fieles consideran que la actual reorganización evidencia un problema más profundo que no puede explicarse únicamente por la falta de sacerdotes o la disminución de la práctica religiosa.

Un debate que afecta a toda la Iglesia occidental

El caso de Detroit refleja una discusión presente en numerosas diócesis de Europa y Norteamérica: cómo afrontar la disminución de fieles sin acelerar todavía más el debilitamiento de la vida parroquial.

Mientras los responsables diocesanos defienden que la concentración de recursos permitirá crear estructuras más sostenibles, otros se preguntan si la supresión de misas y el cierre de iglesias contribuirán realmente a revertir una crisis que lleva décadas afectando a amplias zonas del mundo occidental.

La decisión final se conocerá en 2027, pero los modelos presentados dejan entrever una transformación de gran alcance para una de las diócesis históricamente más importantes de Estados Unidos.

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