La Secretaría General del Sínodo ha publicado un nuevo documento de trabajo en el que detalla el itinerario que deberá recorrer la Iglesia universal hasta la celebración de una Asamblea Eclesial en el Vaticano en octubre de 2028, una iniciativa destinada a evaluar la aplicación de las conclusiones del Sínodo sobre la Sinodalidad y a impulsar nuevas estructuras y prácticas sinodales en todos los niveles de la vida eclesial.
El texto, titulado Hacia las Asambleas 2027-2028. Etapas, criterios e instrumentos para la preparación, establece un proceso escalonado que comenzará en las diócesis y culminará con una gran reunión eclesial en Roma, bajo la responsabilidad del Papa León XIV, continuando así el camino abierto durante el pontificado de Francisco.
Cuatro etapas para aplicar el Sínodo
El documento presenta un calendario preciso que se desarrollará durante los próximos dos años. Durante el primer semestre de 2027 se celebrarán asambleas de evaluación en cada diócesis y eparquía. En la segunda mitad de ese año tendrán lugar encuentros nacionales y regionales organizados por las conferencias episcopales. Posteriormente, durante los primeros meses de 2028, se celebrarán asambleas continentales, antes de la Asamblea Eclesial prevista para octubre de ese mismo año en el Vaticano.

Según la Secretaría General del Sínodo, el objetivo no es repetir las consultas realizadas entre 2021 y 2024, sino evaluar qué transformaciones concretas han surgido en la vida de la Iglesia tras la aprobación del Documento Final del Sínodo.
Más protagonismo para los laicos en la estructura eclesial
Entre los ámbitos que las diócesis deberán examinar aparecen cuestiones que han suscitado amplio debate durante el proceso sinodal. El documento pide evaluar el acceso de los fieles laicos a funciones de liderazgo que no requieran el sacramento del Orden, el funcionamiento de los órganos participativos, los procesos de discernimiento comunitario y el desarrollo de nuevas formas de corresponsabilidad eclesial.
Asimismo, se solicita estudiar la promoción de ministerios y carismas, la renovación misionera de las parroquias, la formación en sinodalidad, las relaciones ecuménicas e interreligiosas y la participación de asociaciones y movimientos en la vida de las Iglesias locales.
El texto también menciona expresamente la necesidad de prestar atención a la participación de las mujeres, los jóvenes, los pobres y las personas que viven en situaciones de marginalidad.
Informes, evaluaciones y nuevas orientaciones
Cada diócesis deberá elaborar un informe narrativo sobre los cambios experimentados tras el Sínodo y redactar una carta dirigida a las demás Iglesias del mundo compartiendo los frutos obtenidos. Posteriormente, las conferencias episcopales prepararán informes teológico-pastorales con fichas temáticas sobre diversos aspectos de la vida eclesial.
Entre los temas que deberán ser analizados figuran la formación sinodal en los seminarios, el funcionamiento de las conferencias episcopales, el papel de las facultades de teología y la participación de la vida consagrada en la dinámica sinodal.
La fase continental tendrá como misión identificar prioridades y orientaciones comunes para cada región del mundo, teniendo en cuenta los desafíos culturales, sociales y religiosos propios de cada continente.
Una Asamblea Eclesial bajo la guía de León XIV
El proceso culminará en octubre de 2028 con una Asamblea Eclesial en el Vaticano. El documento subraya que no se tratará simplemente de una reunión administrativa, sino de un momento de discernimiento, celebración y evaluación de los frutos del camino sinodal iniciado años atrás.
La Secretaría General del Sínodo explica que los resultados de todas las etapas serán presentados al Santo Padre, quien recibirá las conclusiones del proceso para orientar los pasos futuros de la Iglesia. El texto insiste además en que la Asamblea deberá reflejar una Iglesia «misionera y sinodal», capaz de desarrollar nuevas formas de participación y de presencia en el mundo contemporáneo.
Con esta hoja de ruta, el Vaticano deja claro que el proceso sinodal no concluyó con las sesiones celebradas en Roma en 2023 y 2024, sino que entra ahora en una nueva fase destinada a trasladar sus propuestas a la vida concreta de las diócesis, las conferencias episcopales y las estructuras eclesiales de todo el mundo.