«Sean artesanos de una paz verdadera»: el mensaje de León XIV a la Universidad Hebrea de Jerusalén

«Sean artesanos de una paz verdadera»: el mensaje de León XIV a la Universidad Hebrea de Jerusalén

El papa León XIV recibió este jueves en el Vaticano a los miembros del Consejo de Gobernadores de la Universidad Hebrea de Jerusalén, una de las instituciones académicas más importantes de Israel, en un encuentro marcado por los reiterados llamamientos del Pontífice a favor del diálogo y la paz en Oriente Medio.

Durante la audiencia, celebrada en el Palacio Apostólico, el Papa destacó el papel de las universidades como espacios privilegiados de encuentro entre personas de distintas culturas, lenguas y tradiciones. En un contexto internacional marcado por conflictos armados, polarización política y crecientes tensiones sociales, León XIV animó a la comunidad académica a convertirse en «artesanos de una paz verdadera», construida sobre el respeto mutuo, el diálogo y la superación de la desconfianza.

El Pontífice subrayó que la búsqueda del conocimiento no puede separarse del encuentro con el otro y defendió la importancia de preservar ámbitos donde sea posible intercambiar ideas incluso entre personas que mantienen posiciones divergentes. Asimismo, recordó que la paz no comienza únicamente en las instituciones o en los acuerdos políticos, sino en la conversión personal y en la disposición de cada individuo a convertirse en instrumento de reconciliación.

 

A continuación, el discurso completo pronunciado por León XIV:

Queridos amigos:

Me complace saludarles esta mañana a todos ustedes, miembros del Consejo de Gobernadores de la Universidad Hebrea de Jerusalén, durante su visita al Vaticano y a Roma. Espero que su estancia aquí les permita profundizar en el conocimiento tanto de la Ciudad del Vaticano como de Roma, un lugar que no sólo ocupa un lugar central en los orígenes y el desarrollo de la fe cristiana, sino que también ha favorecido durante milenios el encuentro entre culturas y pueblos.

Las universidades han sido igualmente, desde hace mucho tiempo, lugares de encuentro, reuniendo a estudiantes y profesores para crecer en sabiduría mediante el estudio y la investigación académica, así como a través de las amistades y relaciones profesionales que se desarrollan de forma natural. Aunque no siempre resulta fácil, las universidades deben esforzarse constantemente para garantizar que sigan existiendo oportunidades de encuentro significativo. Esto constituye una parte esencial de la vida de cualquier institución de educación superior, porque nuestras relaciones con los demás, nuestras lenguas y nuestras culturas son fundamentales para lo que somos como seres humanos (cf. Discurso a los profesores y estudiantes de la Universidad La Sapienza de Roma, 14 de mayo de 2026).

Como lugares naturales de encuentro, las universidades han sido tradicionalmente también espacios privilegiados para el diálogo, donde la búsqueda del conocimiento está intrínsecamente unida al intercambio de ideas entre todos los miembros de la comunidad académica. En un ambiente donde es posible un diálogo respetuoso, todos pueden crecer en conocimiento aprendiendo de los puntos de vista y de los testimonios de vida de los demás, incluso de aquellos con quienes puedan estar en desacuerdo. En estos contextos, con paciente perseverancia, es posible trabajar gradualmente para derribar las barreras de la incomprensión y de la desconfianza que puedan surgir.

En este sentido, en un tiempo caracterizado con frecuencia por la violencia y por una retórica agresiva, los miembros de su diversa comunidad universitaria pueden seguir siendo «artesanos de una paz verdadera, una paz desarmada y desarmante, humilde y perseverante, que trabaja por la armonía entre los pueblos» (ibid.).

Los Salmos nos dicen que el Dios que nos ama incondicionalmente habla de paz a su pueblo y a quienes se vuelven a Él de todo corazón (cf. Sal 85, 8-9). Dios nos pide que seamos sus instrumentos para llevar la paz al mundo, pero debemos comenzar por nosotros mismos. Como escribió san Agustín de Hipona: «Si deseas conducir a otros hacia la paz, primero ten paz tú mismo; permanece firme en la paz. Para encender a otros, debes tener la llama ardiendo dentro de ti» (Sermón 357, 3).

En lugar de pensar que la paz es imposible o que está fuera de nuestro alcance, debemos esforzarnos por promoverla en nuestras comunidades y por acogerla y reconocerla en nuestras propias vidas (cf. Mensaje para la LIX Jornada Mundial de la Paz, 1 de enero de 2026). Rezo para que, formando artesanos de paz, la comunidad universitaria siga siendo un faro de esperanza y de unidad en un mundo cada vez más dividido.

Queridos amigos, con estos sentimientos, les agradezco su presencia e invoco sobre todos ustedes y sobre sus seres queridos las bendiciones divinas de la sabiduría y de la armonía.

Muchas gracias.

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