La Iglesia de Corea quiere que los jóvenes que participen en la Jornada Mundial de la Juventud de Seúl 2027 descubran una historia que desafía toda lógica humana: la de una comunidad católica que sobrevivió a más de un siglo de persecuciones, perdió a unos 10.000 fieles a causa del martirio y, pese a ello, logró florecer hasta convertirse en una de las realidades eclesiales más dinámicas de Asia.
En una entrevista concedida a The Pillar, el obispo auxiliar de Seúl, Kyung-Sang Lee, coordinador general de la próxima JMJ, explicó que los organizadores desean presentar a los peregrinos internacionales el testimonio de la Iglesia coreana como una fuente de esperanza para quienes atraviesan dificultades personales, familiares o espirituales.
Una Iglesia nacida de los laicos y probada por la persecución
Uno de los aspectos más singulares del catolicismo en Corea es su origen. A diferencia de otros países, la Iglesia no nació principalmente gracias a la labor de misioneros extranjeros, sino por iniciativa de laicos coreanos que descubrieron textos católicos procedentes de Pekín y comenzaron a estudiar y difundir la fe.
Aquella comunidad creció rápidamente, pero pronto se encontró con una durísima persecución que se prolongó durante décadas. Cerca de 10.000 católicos fueron martirizados y, desde una perspectiva puramente humana, la supervivencia de la Iglesia parecía improbable.
«Desde una perspectiva numérica, seríamos una Iglesia devastada, porque la mayoría de los primeros creyentes fueron asesinados», explicó Lee.
Sin embargo, lejos de desaparecer, la Iglesia coreana logró reconstruirse y crecer. El obispo reconoce que ese proceso sigue siendo para muchos una manifestación del modo en que Dios actúa en la historia.
«Es muy misterioso cómo Dios actuó en la Iglesia de Corea, cómo la reconstruyó y la hizo florecer y dar fruto», afirmó.
Los organizadores quieren que los participantes de la JMJ conozcan esa experiencia histórica. La intención no es únicamente transmitir conocimientos sobre el pasado, sino mostrar cómo la fe puede mantenerse viva incluso en medio de circunstancias aparentemente insuperables.
Una llamada a la esperanza para los jóvenes
Lee considera que el principal fruto espiritual de la Jornada Mundial de la Juventud no dependerá de la programación ni de los esfuerzos organizativos, sino de la acción de Dios en el corazón de cada peregrino.
Por ese motivo, insiste en que los organizadores desean crear un espacio donde los jóvenes puedan encontrarse personalmente con Cristo y con el Santo Padre, dejando actuar libremente al Espíritu Santo.
El obispo explicó que no quiere imponer expectativas humanas sobre el acontecimiento, sino ofrecer las condiciones para que cada participante viva una experiencia auténtica de fe.
La JMJ de Seúl se celebrará bajo el lema escogido por el papa León XIV: «Tened valor, yo he vencido al mundo». Para el coordinador del encuentro, estas palabras resumen tanto la experiencia histórica de la Iglesia coreana como las necesidades espirituales de muchos jóvenes que afrontan incertidumbres, sufrimientos y desafíos en el mundo contemporáneo.
Las heridas de Corea y el testimonio de la reconstrucción
Según explicó Lee, Corea del Sur ofrece también un testimonio singular de reconstrucción tras la devastación. El país continúa viviendo las consecuencias de la Guerra de Corea y la división de la península sigue siendo una herida abierta entre el norte y el sur.
Aun así, considera que la experiencia histórica del pueblo coreano puede ofrecer un mensaje de esperanza a una generación marcada por la incertidumbre y los conflictos.
La inteligencia artificial y el diálogo entre la Iglesia y la sociedad
El obispo también se refirió a uno de los grandes debates presentes en la sociedad surcoreana: el desarrollo de la inteligencia artificial.
Según explicó, existe una creciente preocupación en ámbitos académicos, políticos y sociales por garantizar que los avances tecnológicos respeten la dignidad humana. En este sentido, señaló la sintonía existente entre muchas de esas inquietudes y las advertencias formuladas recientemente por el papa León XIV sobre la necesidad de que la inteligencia artificial permanezca al servicio de la persona y de los valores humanos.
Lee considera que esta coincidencia puede convertirse en un punto de encuentro entre la Iglesia y la sociedad coreana, favoreciendo nuevas oportunidades de diálogo y colaboración.
Confiar en la providencia durante la peregrinación
El coordinador de la JMJ animó además a los futuros peregrinos a prepararse espiritualmente para afrontar las dificultades inherentes a cualquier gran peregrinación internacional.
Lejos de considerar los contratiempos como un obstáculo, cree que pueden convertirse en una ocasión para descubrir la acción de Dios y aprender a confiar en su providencia.
«Les invitaría a afrontar las dificultades con valentía», afirmó. «Nosotros también tenemos temores durante la preparación, pero no tengo miedo. Cada noche duermo bien porque he experimentado a lo largo de mi vida cómo Dios actúa de manera milagrosa».
Para Lee, la historia de la Iglesia coreana demuestra precisamente que aun en la persecución, en el sufrimiento y en las aparentes derrotas, la Iglesia permanece fiel a Cristo. Ese es el mensaje de esperanza que Seúl quiere transmitir a los jóvenes que acudirán a la próxima Jornada Mundial de la Juventud.