La Fraternidad Sacerdotal San Pío X ha estrenado el primer capítulo de Traditio, una ambiciosa serie documental que abre al espectador las puertas de la vida interna de sus seminarios. Lejos de centrarse en polémicas eclesiales o debates canónicos, esta primera entrega pone el foco en el sacerdocio y en quienes se preparan para recibirlo, mostrando con una extraordinaria calidad cinematográfica el día a día de la formación sacerdotal tradicional.
Durante más de una hora, el documental acompaña a varios seminaristas y diáconos en distintos momentos de su camino hacia la ordenación. La narración transcurre principalmente entre el Seminario Internacional San Pío X de Écône, situado en el cantón suizo del Valais, cuna histórica de la Fraternidad fundada por monseñor Marcel Lefebvre; el Seminario Nuestra Señora Corredentora de La Reja, en la provincia de Buenos Aires, donde se forman los seminaristas hispanohablantes; el Seminario Santo Tomás de Aquino, en Dillwyn (Virginia, Estados Unidos), destinado a las vocaciones del mundo anglófono; y el Seminario Internacional del Sagrado Corazón de Jesús de Zaitzkofen, en Baviera (Alemania), casa de formación para los candidatos germanoparlantes. La película permite asomarse a la vida cotidiana de estos centros con una cercanía poco habitual.
Uno de los grandes aciertos de Traditio es precisamente esa capacidad para mostrar la normalidad de una realidad que muchas veces es observada desde fuera únicamente a través de las controversias. La cámara acompaña a los seminaristas en las aulas, en la oración, durante las comidas, en los recreos, en las ceremonias litúrgicas y en los momentos de convivencia fraterna. Todo ello está filmado con una fotografía de enorme belleza, con planos cuidadosamente compuestos y una sensibilidad estética que convierte las escenas más ordinarias en imágenes de gran fuerza visual.
El resultado permite descubrir una Fraternidad muy distinta de la caricatura que a menudo presentan sus detractores. No aparecen discursos agresivos ni ajustes de cuentas. Tampoco existe una voluntad polémica. Lo que el documental muestra son jóvenes preocupados por responder a una vocación, sacerdotes que hablan con naturalidad de los sacramentos y una comunidad cuya razón de ser continúa siendo la formación sacerdotal y el servicio a las almas.
Especialmente emotivo resulta el testimonio de uno de los diáconos estadounidenses cuando explica la cercanía de su ordenación sacerdotal, o la intervención del superior general de la Fraternidad, el padre Davide Pagliarani, que recuerda cómo le temblaban las manos durante su primera Misa y el profundo temor reverencial con el que vivió aquellos momentos. Son testimonios que transmiten mejor que cualquier discurso la comprensión profundamente sobrenatural que la Fraternidad tiene del sacerdocio.
La película consigue algo poco frecuente en las producciones religiosas contemporáneas: mostrar la belleza de una vocación sin caer en sentimentalismos ni en mensajes prefabricados. El espectador contempla rostros reales, historias reales y una vida entregada a una misión concreta. El sacerdocio aparece así no como una abstracción teológica, sino como una realidad encarnada en personas concretas.
El avance del segundo episodio apunta ahora hacia otra dimensión inseparable del carisma de la Fraternidad: la misión. Las imágenes de adelanto muestran sacerdotes en Filipinas, Nigeria y otros lugares remotos donde la obra fundada por monseñor Lefebvre desarrolla una intensa actividad apostólica. Este carisma es inherente a la Fraternidad, pues el propio Lefebvre dedicó gran parte de su vida al trabajo misionero espiritano en África antes de fundar la Fraternidad.
Tras este primer capítulo, queda la impresión de estar ante una de las producciones audiovisuales católicas más logradas de los últimos años. No solo por su nivel técnico, que resulta sorprendente, sino porque demuestra que la Iglesia y sus distintos carismas pueden narrar su propia realidad con los códigos visuales contemporáneos sin renunciar a su identidad. Traditio abre una ventana a los seminarios de la Fraternidad y lo hace a través de la belleza, un lenguaje que quizá explica por qué siguen surgiendo tantas vocaciones en Écône, La Reja, Dillwyn o Zaitzkofen.