Del vudú a los confesionarios sonorizados: católicos protestan por la Nuit Blanche en iglesias de París

Del vudú a los confesionarios sonorizados: católicos protestan por la Nuit Blanche en iglesias de París

Las críticas por la celebración de la Nuit Blanche en varias iglesias de París no han cesado tras el fin de semana. Lo que comenzó como una controversia por la designación de Barbara Butch como directora artística del evento ha derivado en un debate más amplio sobre el uso de los templos católicos para actividades culturales ajenas al culto y sobre la responsabilidad de la diócesis de París en la autorización de determinadas instalaciones.

Según han informado diversos medios de comunicación franceses, varias iglesias y capillas de la capital acogieron durante la edición 2026 de la Nuit Blanche experiencias inmersivas, instalaciones sonoras y propuestas artísticas que resultan incompatibles con el carácter sagrado de los lugares donde fueron presentadas.

Publicado por: @tribuchretienne

De la polémica olímpica a la Nuit Blanche

Barbara Butch no era una figura desconocida cuando el Ayuntamiento de París la eligió para dirigir artísticamente la 25.ª edición de la Nuit Blanche.

Su nombre quedó asociado a la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de París 2024, cuya controvertida representación inspirada en la Última Cena provocó una oleada de críticas entre millones de cristianos en todo el mundo. Dos años después, el consistorio parisino le confió la dirección de un evento dotado con un presupuesto de 1,3 millones de euros de fondos públicos.

Creada en 2002 bajo la alcaldía de Bertrand Delanoë, la Nuit Blanche nació como una gran celebración nocturna del arte contemporáneo abierta a toda la ciudad. Cada año, museos, plazas, edificios históricos y espacios patrimoniales se convierten en escenarios para exposiciones, conciertos, instalaciones y performances artísticas. Sin embargo, la edición 2026, celebrada los días 6 y 7 de junio, ha incluido el uso de iglesias católicas como espacios de experimentación artística.

Una iglesia convertida en laboratorio sonoro

Uno de los principales focos de la controversia fue la iglesia de Saint-Laurent, en el distrito 10 de París.

Allí se presentó Sous la peau du ciel («Bajo la piel del cielo»), una instalación de la artista Marie-Luce Nadal basada en mensajes telefónicos enviados por personas de distintos lugares del mundo. Los participantes eran invitados a compartir deseos, anhelos y peticiones personales que posteriormente se mezclaban con sonidos atmosféricos y tratamientos digitales para generar una experiencia inmersiva.

La propuesta era presentada como una especie de «membrana invisible» entre los corazones humanos y la atmósfera. Finalmente, el proyecto transformaba el templo en un espacio de espiritualidad difusa alejada de la fe cristiana.

Durante la visita, numerosos altavoces distribuían voces y mensajes por las capillas laterales, junto a los altares, el baptisterio e incluso en los confesionarios. Algunos visitantes manifestaron públicamente su desconcierto ante una ambientación que consideraron una experiencia sensorial muy alejada de un espacio de oración.

Máscaras inspiradas en el vudú dentro de una capilla

Otra de las instalaciones que suscitó polémica fue Jungle haletante, del artista Stéphane Blanquet, presentada en la capilla del hospital Tenon.

La obra incluía máscaras y objetos inspirados en el imaginario vudú acompañados por susurros, respiraciones, chirridos y sonidos metálicos. El propio artista describía la experiencia como una exploración de una percepción inestable de la realidad con una dimensión casi hipnótica.

Saint-Eustache, Saint-Germain-l’Auxerrois, Notre-Dame-des-Blancs-Manteaux, Saint-Denys-du-Saint-Sacrement, Notre-Dame-de-l’Espérance, la capilla Saint-Louis de la Salpêtrière o la Chapelle expiatoire fueron otros de los templos incluidos en la programación oficial del evento.

Protestas y tensión frente a Saint-Laurent

La controversia acabó trasladándose también a las puertas de la iglesia de Saint-Laurent.

Según han mencionado diversos medios, miembros y simpatizantes de Civitas International participaron el sábado en una protesta contra las instalaciones desarrolladas en varias iglesias parisinas. La organización había denunciado previamente que algunas de las propuestas constituían una desviación de la finalidad propia de los templos y llamó a movilizarse contra lo que calificó de sacrilegios.

Según el Ayuntamiento de París, los manifestantes intentaron impedir la apertura del templo al público. La alcaldesa del distrito 10, Alexandra Cordebard, aseguró posteriormente haber sido empujada cuando trataba de acceder al edificio y anunció la presentación de una denuncia.

Los participantes en la protesta, por su parte, sostienen que realizaron una oración pública frente a la iglesia para expresar su rechazo a la actividad programada. La policía intervino finalmente para garantizar el acceso al templo y permitir el desarrollo de la instalación.

La pregunta que ahora se dirige a la diócesis

Más allá de las protestas y de la figura de Barbara Butch, el foco de las críticas se ha desplazado hacia la diócesis de París.

Aunque la mayoría de las iglesias parisinas pertenecen jurídicamente al Ayuntamiento desde la ley de separación entre Iglesia y Estado de 1905, continúan afectadas al culto católico. Esa situación confiere a la autoridad eclesiástica y a los párrocos competencias sobre el uso de los edificios.

El canon 1210 del Código de Derecho Canónico, establece que en un lugar sagrado solo debe admitirse aquello que favorezca el culto, la piedad y la religión.

¿Considera la diócesis que estas instalaciones respetan el carácter sagrado de las iglesias? Y, en caso afirmativo, ¿qué criterios se aplicaron para llegar a esa conclusión?

Hasta el momento no consta una respuesta detallada de la diócesis de París a estas preguntas.

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