Valencia se dispone a vivir este domingo una celebración especialmente significativa del Corpus Christi. La ciudad conmemora este año el 700 aniversario de la primera referencia documentada de esta solemnidad, una festividad que con el paso de los siglos se convertiría en la principal expresión religiosa y cívica de la capital valenciana, conocida popularmente como la festa grossa.
Según recuerda la Archidiócesis de Valencia, la primera mención conservada del Corpus aparece en un libro del Consell de la Ciutat fechado en 1326. Aquel documento regulaba el calendario festivo de la ciudad e incluía ya la celebración del Corpus Christi entre las jornadas en las que quedaba suspendida la actividad ordinaria.
Una devoción que arraigó rápidamente en Valencia
La fiesta del Corpus Christi fue instituida para toda la Iglesia por el papa Urbano IV en 1264 y fue confirmada posteriormente por el Concilio de Viena en 1311. En los territorios de la Corona de Aragón su difusión fue rápida, favorecida por la fuerte devoción eucarística existente en la época.
El historiador Rafael Narbona, catedrático de Historia Medieval de la Universitat de València, explica que la celebración encontró pronto una gran acogida popular. Las primeras manifestaciones fueron sencillas, centradas en la misa y en pequeñas procesiones vinculadas a la Catedral, pero la devoción al Santísimo Sacramento fue creciendo hasta adquirir una dimensión extraordinaria.
La consolidación definitiva llegó en 1355, cuando el obispo Hugo de Fenollet y los jurados de Valencia acordaron organizar una gran procesión general por las calles de la ciudad. Con el paso de las décadas se fijó un recorrido estable y aumentaron los recursos destinados a una celebración que acabaría convirtiéndose en una de las más importantes de toda la Corona de Aragón.
Una catequesis pública para toda la ciudad
La procesión valenciana fue incorporando progresivamente elementos destinados a transmitir la fe al conjunto de la población. Figuras bíblicas, representaciones alegóricas, danzas, músicas y carros procesionales transformaron el Corpus en una auténtica catequesis pública.
Tradiciones que han llegado hasta nuestros días, como el baile de la Moma o las danzas de els caballets y els arquets, nacieron en ese contexto como expresiones populares al servicio de una celebración cuyo centro siempre fue la exaltación de la presencia real de Cristo en la Eucaristía.
Según explica Narbona, el Corpus valenciano logró además reunir a todos los estamentos de la sociedad en torno al Santísimo Sacramento. Autoridades civiles, clero, órdenes religiosas, artesanos y ciudadanos participaban conjuntamente en una manifestación pública de fe que expresaba la unidad de la comunidad bajo la protección de Cristo.
Valencia prepara una celebración histórica
La conmemoración del séptimo centenario tendrá este año un programa especial de actos. El arzobispo de Valencia, monseñor Enrique Benavent, presidirá el domingo la solemne misa pontifical en la Catedral y, por la tarde, la tradicional procesión eucarística por el centro histórico de la ciudad.
Las celebraciones incluirán también algunas de las tradiciones más características del Corpus valenciano, como la entrega de los pomells florales a autoridades civiles y religiosas, el traslado de las históricas Rocas, la Nit d’Albaes, diversas representaciones populares y conciertos.
Con motivo de este aniversario, además, se instalarán varios monumentos florales en distintos puntos del recorrido procesional.
La custodia más grande del mundo
El momento central de la jornada llegará con la salida de la custodia procesional de la Catedral de Valencia —considerada la más grande del mundo—. La monumental obra, realizada por Francisco Pajarón Suay gracias a las aportaciones de generaciones de valencianos, recorrerá las calles acompañada por miles de fieles, hermandades, asociaciones y autoridades.

Siete siglos después de la primera referencia documental de 1326, Valencia continúa celebrando el Corpus Christi como una de sus fiestas más emblemáticas. La solemnidad mantiene viva una tradición que ha atravesado épocas y generaciones conservando intacto su significado esencial: rendir culto público a Jesucristo presente en la Eucaristía.