Oración preparatoria
Padre eterno, fuente sin fuente de toda vida y de todo amor, que en la plenitud de los tiempos nos entregaste a tu Hijo unigénito para que el mundo tuviera vida por Él, concédenos penetrar durante estos días en el misterio inefable de su Sagrado Corazón.
Espíritu Santo, Amor subsistente del Padre y del Hijo, fuego divino que escrutas las profundidades de Dios, abre los ojos de nuestra alma para que podamos contemplar las riquezas insondables encerradas en el Corazón de Jesucristo. Llévanos a aquella fuente de donde brotan la gracia, la misericordia, el perdón y la vida. Haznos entrar no sólo en el conocimiento, sino en la intimidad de ese Corazón bendito; no sólo en su contemplación, sino en su amistad; no sólo en su admiración, sino en su amor. Introdúcenos en el santuario ardiente del Corazón de Jesús, para que aprendamos a vivir, a sufrir, a esperar y a amar con Él.
Amén.
Oración al Corazón compasivo de Cristo
Sagrado Corazón de Jesús, hoy quiero contemplarte recorriendo los caminos de Galilea y de Judea, acercándote a los hombres con la sencillez de quien viene a servir y no a ser servido. Al meditar los años de tu vida pública descubro que hay una palabra que resume de manera admirable tu paso por este mundo: compasión. Todo parece encontrar eco en tu Corazón. Ninguna lágrima te resulta extraña, ninguna herida te deja indiferente, ninguna miseria humana tropieza con la barrera de tu rechazo.
Te conmueve la viuda de Naín que camina detrás del féretro de su único hijo. Te conmueve el leproso que, venciendo el miedo y la vergüenza, se arrodilla ante ti suplicando ser limpiado. Te conmueve la multitud hambrienta que te sigue por los caminos olvidándose incluso de comer. Te conmueve el llanto de Marta y de María junto al sepulcro de Lázaro. Te conmueve el desconcierto de los discípulos, la debilidad de Pedro, la soledad de Zaqueo, la vergüenza de la mujer pecadora y la angustia de tantos hombres y mujeres que encuentran en tu mirada algo que nunca habían hallado en ninguna otra parte: la certeza de ser amados.
Corazón de mi Jesús, qué diferente es tu compasión de la mía: yo me acerco al sufrimiento como espectador, Tú entras en él como Salvador; yo observo las heridas, Tú las haces tuyas; yo siento lástima un momento, Tú amas hasta el extremo. Tu compasión no consiste solamente en sentir el dolor de los demás, sino en cargarlo sobre tus hombros y llevarlo hasta la Cruz para redimirlo. Por eso los pobres se acercaban a ti sin temor; los pecadores encontraban valor para ponerse en pie; los enfermos y los olvidados experimentaban junto a Ti una dignidad nueva. En tu Corazón descubrían que Dios no es un juez lejano que vigila desde las alturas, sino un Padre cercano que conoce el cansancio, las lágrimas, la soledad y el sufrimiento de sus hijos.
Sagrado Corazón de Jesús, al contemplarte siento vergüenza de la dureza que tantas veces anida en mi alma. Vivo rodeado de personas cuyas luchas desconozco, cuyos sufrimientos ignoro y cuyas heridas apenas percibo. Con frecuencia paso junto al dolor ajeno sin detenerme; escucho sin comprender, miro sin ver y juzgo sin haber amado suficientemente. Por eso hoy te pido que transformes mi corazón a imagen del tuyo.
Enséñame a mirar como tú mirabas. Dame unos ojos capaces de descubrir la tristeza escondida detrás de una sonrisa, el cansancio oculto bajo una apariencia serena y la necesidad de afecto que tantas veces se disimula bajo actitudes difíciles o ásperas. Líbrame de la indiferencia que enfría el alma y de ese egoísmo sutil que me lleva a ocuparme demasiado de mí mismo.
Haz que aprenda de ti la delicadeza con que tratabas a los débiles, la paciencia con que soportabas las limitaciones de los tuyos, la ternura con que acogías a quienes todos rechazaban y la misericordia con que levantabas a los que habían caído. Que nunca me acostumbre al sufrimiento de mis hermanos ni considere normal la tristeza de quienes me rodean. Que sepa detenerme, escuchar, acompañar y consolar.
Y cuando sea yo quien atraviese la noche de la prueba, cuando me visite la enfermedad, la decepción, la soledad o el fracaso, hazme recordar que existe un Corazón que conoce desde dentro todas las penas humanas porque las ha cargado sobre sí. Un Corazón que no contempla mis lágrimas desde lejos, sino que las recoge una por una. Un Corazón que jamás se cansa de esperar, de perdonar y de amar.
Sagrado Corazón de Jesús, fuente inagotable de misericordia, haz que encuentre siempre refugio en Ti. Que nunca dude de tu amor cuando me falten las fuerzas, ni de tu cercanía cuando todo parezca oscuro. Y ya que has querido revelar al mundo la inmensa ternura de Dios a través de tu Humanidad santísima, permite que mi vida refleje, aunque sea de lejos, algo de la bondad, de la compasión y de la misericordia que arden eternamente en tu Corazón bendito.
¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío!
Oración al Inmaculado Corazón de María
Inmaculado Corazón de María, obra maestra del Espíritu Santo y reflejo purísimo del Corazón de tu Hijo, llévanos a Jesús.
Tú que guardabas todas sus palabras en tu corazón, enséñanos a escucharle. Tú que permaneciste junto a la Cruz cuando muchos huyeron, enséñanos a permanecer fieles. Tú que conociste como nadie las alegrías, los silencios, los sufrimientos y los secretos del Corazón de Cristo, introdúcenos en su intimidad.
Que durante esta novena aprendamos a amarle con algo de tu pureza, a servirle con algo de tu humildad, a seguirle con algo de tu fidelidad. Y cuando termine nuestra peregrinación terrena, condúcenos hasta aquel Corazón abierto que será para siempre nuestra patria, nuestro descanso y nuestra bienaventuranza.
Amén.