Con motivo de la solemnidad del Corpus Christi, el arzobispo de Valencia, monseñor Enrique Benavent, ha expresado su preocupación por el progresivo alejamiento de muchos bautizados de la Eucaristía dominical y ha advertido de las consecuencias espirituales que esta situación tiene para la vida de la fe y para la comunión eclesial.
En una carta pastoral publicada por la Archidiócesis de Valencia con motivo de la celebración del Corpus Christi, Benavent recuerda que la Eucaristía constituye el centro de la vida cristiana y lamenta que numerosos católicos hayan dejado de percibir la necesidad de participar en la misa dominical.
«La amistad con Cristo se va enfriando progresivamente»
«Uno de los fenómenos más preocupantes actualmente en la vida de la Iglesia es el abandono de la misa dominical por parte de muchos bautizados»
Según explica, la ausencia continuada de la celebración eucarística provoca un progresivo distanciamiento interior de Cristo. «Su amistad con el Señor se va enfriando progresivamente hasta morir», señala.
El arzobispo añade que este alejamiento no afecta únicamente a la relación personal con Dios, sino también a la pertenencia eclesial. Quien deja de participar en la Eucaristía acaba sintiéndose extraño dentro de la comunidad cristiana y pierde progresivamente los vínculos que lo unen a ella.
Para explicar esta realidad, Benavent recurre a una comparación familiar: del mismo modo que una persona que deja de reunirse con los suyos termina distanciándose afectivamente de ellos, quien abandona la misa dominical corre el riesgo de perder la relación viva con Cristo y con la Iglesia.
La Eucaristía, fuente de la vida de la Iglesia
El arzobispo recuerda que el Concilio Vaticano II insistió de forma particular en la centralidad de la Eucaristía para la vida cristiana.
«En este sacramento se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia: Cristo, nuestra Pascua», recuerda Benavent citando el decreto conciliar sobre el ministerio y la vida de los sacerdotes.
La reflexión del prelado se sitúa en el contexto de la solemnidad del Corpus Christi, una de las celebraciones más importantes del calendario litúrgico, en la que la Iglesia profesa públicamente su fe en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía.
La lección de los discípulos de Emaús
Benavent encuentra una imagen especialmente elocuente de la vida eucarística en el episodio evangélico de los discípulos de Emaús.
Aquellos discípulos, explica, descubrieron la presencia de Cristo al partir el pan después de haberle pedido que permaneciera con ellos. El encuentro con el Señor transformó su tristeza en alegría y los impulsó a regresar inmediatamente a Jerusalén para compartir la noticia con los demás discípulos.
Para el arzobispo, esta experiencia sigue repitiéndose en cada celebración eucarística. El deseo de permanecer junto al Señor encuentra respuesta en la misa, donde Cristo continúa haciéndose presente para alimentar la fe de su pueblo.
Una procesión que proclama la presencia de Cristo
La carta concluye con una reflexión sobre el significado de las procesiones del Corpus Christi, que se celebrarán este domingo y recorrerán las calles de Valencia, y de numerosas localidades de la diócesis.
Finalemente, Benavent recuerda que cuando el Santísimo Sacramento sale de los templos y es acompañado por los fieles, la Iglesia proclama públicamente su fe en Cristo y manifiesta la certeza de caminar acompañada por Él.
«En la procesión eucarística que recorre las calles de nuestros pueblos y ciudades la Iglesia proclama que nada le hace perder la paz, porque tiene la certeza de caminar acompañada por Cristo»