Oración preparatoria
Padre eterno, fuente sin fuente de toda vida y de todo amor, que en la plenitud de los tiempos nos entregaste a tu Hijo unigénito para que el mundo tuviera vida por Él, concédenos penetrar durante estos días en el misterio inefable de su Sagrado Corazón.
Espíritu Santo, Amor subsistente del Padre y del Hijo, fuego divino que escrutas las profundidades de Dios, abre los ojos de nuestra alma para que podamos contemplar las riquezas insondables encerradas en el Corazón de Jesucristo. Llévanos a aquella fuente de donde brotan la gracia, la misericordia, el perdón y la vida. Haznos entrar no sólo en el conocimiento, sino en la intimidad de ese Corazón bendito; no sólo en su contemplación, sino en su amistad; no sólo en su admiración, sino en su amor. Introdúcenos en el santuario ardiente del Corazón de Jesús, para que aprendamos a vivir, a sufrir, a esperar y a amar con Él.
Amén.
Oración al Corazón escondido de Nazaret
Sagrado Corazón de Jesús, hoy quiero buscarte lejos de los caminos de Galilea, lejos de las multitudes que te seguían, lejos de las aclamaciones del Domingo de Ramos y lejos también de las tinieblas del Calvario: quiero encontrarte en Nazaret; quiero acercarme a aquellos años silenciosos que el Evangelio apenas menciona y que, sin embargo, ocupan la mayor parte de tu vida terrena. Treinta años de ocultamiento, de vida ordinaria. Treinta años durante los cuales el Redentor del mundo pareció no hacer nada extraordinario. Y, sin embargo, allí estaba creciendo la salvación del mundo; allí latía el Corazón que un día habría de conmover a los pecadores, sostener a los mártires, consolar a los afligidos y atraer a los santos; allí aprendo que el amor de Dios se manifiesta, más que en los grandes acontecimientos, en la humilde fidelidad de cada día.
Te contemplo, Señor, atravesando las calles estrechas de aquella pequeña aldea. Te veo inclinado sobre el banco de trabajo. Te imagino empuñando las herramientas del artesano y te veo regresando al hogar cuando cae la tarde. Y mientras el mundo ignora tu presencia, los cielos contemplan maravillados el espectáculo más hermoso de la historia: Dios viviendo una vida humana común.
Cuántas veces he deseado acontecimientos extraordinarios para sentirte más cerca, he pensado que la santidad consiste en hacer cosas grandes, visibles o admirables. Hoy tu Corazón me responde desde Nazaret: me enseña que el amor verdadero crece en silencio, que las raíces trabajan ocultas bajo la tierra, que las estrellas no hacen ruido, que el trigo madura lentamente, que los santos suelen parecer personas corrientes.
Corazón de Jesús, escondido durante treinta años, cura en mí la enfermedad de la prisa, esta necesidad constante de resultados inmediatos, esta impaciencia que tantas veces me roba la paz. Enséñame a comprender que las horas oscuras tienen sentido, que los días repetidos son fecundos y los trabajos humildes pueden ser eternos cuando se realizan por amor.
Cuánto teme el hombre moderno el silencio: corre de un ruido a otro, llena su vida de imágenes, noticias, conversaciones y distracciones; tiene miedo de quedarse a solas consigo mismo porque quizá entonces te escucharía. Pero tu Corazón eligió el silencio: Nazaret fue una escuela de silencio, de obediencia, de trabajo, de amor escondido. Y allí estabas Tú, creciendo en sabiduría, edad y gracia ante Dios y ante los hombres.
Quisiera entrar hoy en aquella casa bendita, sentarme humildemente en un rincón, escuchar el ruido de las herramientas, contemplar la lámpara encendida al caer la noche, ver a María recogida en oración y a José trabajando con manos fuertes y corazón limpio. Y contemplarte a Ti, corazón de mi Jesús, viviendo «el terrible cotidiano».
Haz que yo descubra la belleza de las pequeñas cosas y aprenda a santificar los deberes de cada día. Que no desprecie nunca las tareas humildes. Que no busque continuamente ser visto, comprendido o reconocido: que me baste tu mirada. Si Nazaret te bastó a Ti durante treinta años, también puede bastarme a mí.
Jesús, escondido y silencioso, haz mi corazón semejante al tuyo. Y cuando llegue la hora de las pruebas, de las contradicciones o de las aparentes esterilidades de mi vida, recuérdame aquellos años fecundos de Nazaret, de los que apenas quedó una línea en el Evangelio. Corazón de mi Jesús, enséñame el heroísmo de la fidelidad oculta, la santidad de lo ordinario, el secreto de Nazaret.
¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío!
Oración al Inmaculado Corazón de María
Inmaculado Corazón de María, obra maestra del Espíritu Santo y reflejo purísimo del Corazón de tu Hijo, llévanos a Jesús.
Tú que guardabas todas sus palabras en tu corazón, enséñanos a escucharle. Tú que permaneciste junto a la Cruz cuando muchos huyeron, enséñanos a permanecer fieles. Tú que conociste como nadie las alegrías, los silencios, los sufrimientos y los secretos del Corazón de Cristo, introdúcenos en su intimidad.
Que durante esta novena aprendamos a amarle con algo de tu pureza, a servirle con algo de tu humildad, a seguirle con algo de tu fidelidad. Y cuando termine nuestra peregrinación terrena, condúcenos hasta aquel Corazón abierto que será para siempre nuestra patria, nuestro descanso y nuestra bienaventuranza.
Amén.