Dos años después de prometer un «camino de verdad» para esclarecer los abusos cometidos por el jesuita Sauro De Luca, la Compañía de Jesús en Italia se encuentra en el centro de una nueva polémica. La decisión de no publicar el informe elaborado por una especialista independiente y sustituirlo por un documento interno ha despertado críticas y reabierto interrogantes sobre la gestión de uno de los casos que han afectado al Movimiento Eucarístico Juvenil.
La controversia surge después de que diversos medios italianos cuestionaran la decisión de los jesuitas de mantener bajo reserva el trabajo realizado por Grazia Villani, la profesional elegida para recoger testimonios de víctimas y reconstruir los abusos atribuidos a De Luca, fallecido en 2012.
Un sacerdote influyente durante tres décadas
Sauro De Luca fue una figura clave en la historia del Movimiento Eucarístico Juvenil (MEG), una organización vinculada a la Compañía de Jesús presente en toda Italia y dedicada a la formación espiritual de niños y jóvenes.
Durante más de treinta años, entre 1967 y 1998, dirigió el movimiento y se convirtió en una referencia para varias generaciones de jóvenes católicos.
Sin embargo, en 2024 varias mujeres denunciaron públicamente haber sufrido abusos por parte del sacerdote durante los años noventa, cuando tenían entre 14 y 16 años. Los testimonios describían conductas abusivas cometidas en el contexto de acompañamientos espirituales y encuentros personales.
La promesa de sacar a la luz toda la verdad
Tras recibir nuevas denuncias, el director nacional del MEG, el jesuita Renato Colizzi, anunció una iniciativa que fue presentada como un ejercicio de transparencia.
En declaraciones al diario católico Avvenire, Colizzi explicó que la Compañía había decidido emprender un «camino de verdad» e invitó a todas las posibles víctimas o testigos a aportar sus testimonios.
La tarea fue encomendada a Grazia Villani, especialista en acompañamiento de víctimas y ajena tanto al MEG como a la estructura jesuita. El objetivo declarado era elaborar un informe completo que permitiera esclarecer los hechos y sacar a la luz incluso los aspectos más incómodos de la historia del movimiento.
El propio Colizzi reconoció entonces que la Compañía no había hecho todo lo que debía haber hecho cuando comenzaron a surgir las primeras denuncias.
«Somos conscientes de que la Compañía no ha hecho todo lo que debía o podía haber hecho. Por eso, un capítulo deberá referirse a nuestra actuación», afirmó en aquella ocasión.
Del informe independiente al documento interno
La situación dio un giro inesperado cuando concluyó el trabajo encargado a Villani.
Según denuncian diversos medios italianos, los jesuitas decidieron no autorizar la publicación del informe elaborado por la especialista. En su lugar, la Compañía difundió un documento mucho más breve redactado bajo la supervisión del provincial jesuita, el padre Alessio Ronny.
Las críticas se han centrado especialmente en el contraste entre las expectativas generadas por la investigación independiente y el contenido finalmente divulgado.
Mientras el informe original había sido presentado como una oportunidad para afrontar la «incómoda verdad de los hechos», el documento publicado apenas dedica unas líneas a describir los abusos y contiene escasas referencias a posibles responsabilidades institucionales.
Preguntas sin respuesta
La principal cuestión que plantean los críticos es sencilla: si la Compañía encargó una investigación independiente precisamente para conocer toda la verdad, ¿por qué no hacer público el resultado de ese trabajo?
También se cuestiona que el documento finalmente difundido atribuya parte de los errores a la mentalidad de una época en la que determinadas conductas no eran afrontadas adecuadamente, una explicación que algunos consideran insuficiente para comprender cómo pudieron ignorarse durante años las señales de alarma.
Otro aspecto especialmente delicado es la gestión realizada en 2010. Según reconoció el propio Colizzi, fue entonces cuando dos víctimas presentaron denuncias formales. Tras una investigación interna, De Luca admitió su responsabilidad y fue apartado de la actividad pública, permaneciendo recluido en una comunidad jesuita hasta su muerte dos años después.
Sin embargo, aquellas medidas nunca fueron acompañadas de una comunicación pública que permitiera alertar a posibles víctimas o esclarecer plenamente lo ocurrido.
Transparencia y credibilidad
Resulta significativo que fuera la propia Compañía de Jesús quien reconociera la necesidad de revisar críticamente su actuación y quien prometiera un proceso destinado a esclarecer los hechos en toda su amplitud. Precisamente por ello, la decisión de no publicar el informe independiente ha generado desconcierto incluso entre quienes valoraron positivamente el camino iniciado en 2024.
Las víctimas tienen derecho a conocer toda la verdad sobre lo ocurrido. También la comunidad eclesial tiene derecho a saber cómo actuaron quienes tenían responsabilidades de gobierno cuando comenzaron a aparecer las primeras denuncias.
Dos años después de anunciar un «camino de verdad», la pregunta sigue abierta: ¿qué contiene el informe encargado por los propios jesuitas y por qué no puede ser conocido íntegramente?