El cardenal Cobo fija la agenda de la visita del Papa a España

El cardenal Cobo fija la agenda de la visita del Papa a España

El cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española y miembro del Dicasterio de los Obispos, ha concedido a El País una entrevista en vísperas de la visita del papa León XIV a España. El viaje comenzará el 6 de junio en la capital y se prolongará hasta el 12, con paradas en Barcelona, Gran Canaria y Tenerife. En la conversación, Cobo detalla el sentido que la jerarquía quiere imprimir al viaje y fija posición sobre los asuntos que previsiblemente lo marcarán: la inmigración, la pobreza, la relación con los partidos que se reclaman católicos y el escándalo de los abusos.

Sobre el carácter de la visita, el cardenal sostiene que no será un «viaje espectáculo», sino una «experiencia profunda», y rechaza la lógica de lo que llama una «cultura de momentos» y de «frases» que se agotan en el instante. Frente a ese formato, defiende un viaje con preparación previa y con continuidad posterior: afirma que la Iglesia ha mantenido encuentros con políticos, rectores y representantes del mundo económico para definir qué plantearán al Papa, y que el diálogo deberá proseguir tras su marcha. La visita, dice, debe dejar «unos deberes». Describe además una Iglesia capaz de reunir a quienes habitualmente no se mezclan —según su expresión, «los de izquierda con los de izquierda y los de derecha con los de derechas»— y presenta esa convocatoria como una «foto de familia» en la que también figuran inmigrantes y pobres.

“Alzar la mirada”, el lema del viaje

El lema del viaje, «alzar la mirada», lo glosa el cardenal como respuesta a lo que percibe como una «desesperanza de base» y una «sensación de bucle» en la sociedad actual. Llama a mirar «más allá» de la rutina y a atender a las personas antes que a las ideas.

Anuncia que León XIV intervendrá en el Congreso de los Diputados —sería el primer pontífice en hacerlo— y que pedirá a los responsables políticos «alzar la mirada hacia el mundo social» y buscar el bien común por encima del interés particular.

Insiste en que el Papa no propondrá uniformidad de pensamiento, sino un punto de convergencia: a su juicio, León XIV «no va a decir: «Vamos a pensar todos igual»», sino que invitará a mirar «todos juntos a un punto donde convergemos».

La inmigración, “línea roja” para la Iglesia

El eje central de la entrevista es la inmigración. Cobo afirma que, para la Iglesia, la cuestión de los migrantes constituye «una línea roja», y a continuación amplía el marco: «no solo de los migrantes», sino «el tema de los pobres».

Sostiene que «muchas veces no se habla tanto de migrantes, sino de pobres», y lo ilustra con un ejemplo: «hay muchos migrantes que están en el barrio de Salamanca que han comprado todo el barrio. De esos no», precisa, para situar la preocupación de la Iglesia en quienes llegan en situación de necesidad.

Sobre esta materia, el cardenal emplea una expresión de peso: dice que se trata de «una verdad de fe y una línea inquebrantable». Anuncia que el Papa abordará la experiencia migratoria, el modo de atender a quienes llegan «del mar o de los aeropuertos», y que propondrá vías que la Iglesia ya plantea, con un mensaje que resume así: «Miradles a los ojos porque son personas humanas».

León XIV entrará en Madrid por Lucero

Sobre la entrada del Papa en Madrid, Cobo explica que León XIV accederá a la ciudad «como obispo de Roma» por la calle de Cullera, en el barrio de Lucero, y visitará el CEDIA de Cáritas, con la intención de «dar visibilidad a la gente que lo está pasando mal».

El cardenal recuerda que su primer destino como sacerdote, a comienzos de los años noventa, fue una parroquia próxima a aquella zona.

Cobo responde a Vox y a los partidos “católicos”

Preguntado por la firmeza del Papa frente a la instrumentalización del voto católico por grupos de ultraderecha, y por los ataques de partidos como Vox a buena parte de los obispos, Cobo responde que se alegra de que el mensaje incomode, porque «el mensaje del Evangelio nunca ha gustado».

Sostiene que cuando la Iglesia no dice nada, o lanza un mensaje «ambiguo o muy flexible», deja de importar a nadie, y que su toma de postura sobre la paz, la migración, los pobres y el modelo de mundo molesta legítimamente a quienes no la comparten.

«La Iglesia no va a dejar de decirlo, y les puede escocer a algunos», afirma.

Interrogado sobre si los partidos que se consideran católicos se han alejado de la Iglesia, responde que no, y atribuye la fricción a una falta de costumbre del diálogo «entre distintos planteamientos». Caracteriza las posiciones de esos grupos diciendo que «quizá» tienen «mensajes más pequeñitos, provincianos».

Reclama diálogo, pero precisa que dialogar no consiste en renunciar a la propia postura ni en «imponer lo que dice el otro», sino en «presentar nuestras cartas».

Añade que la Iglesia «nunca va a decir las leyes que hay que hacer», sino «señalar el horizonte», y que «las grandes decisiones no las toma ni el mercado ni la política, sino las personas».

El riesgo de la politización del mensaje papal

El cardenal advierte también del riesgo de que los mensajes del Papa se politicen. Reconoce que León XIV «va a dar mensajes claros» y que cada actor —políticos, instituciones— podrá «cortar o subrayar lo que quiera» e incluso «apropiarse de parte de lo que diga».

Frente a ese riesgo, propone atender a «una lectura global» de la figura del Papa y al contexto de sus palabras.

La cuestión de los abusos

Sobre los abusos, Cobo confirma que el Papa podría mantener un encuentro privado con víctimas, sin precisar si durante la visita o unos diez días después en Roma, y sostiene que León XIV «va a estar cerca de ellas» y «escuchará».

Reconoce la lentitud y la desigualdad del proceso emprendido por la Iglesia y recurre a la imagen de un bosque en el que, según se avanza, se descubre la magnitud del dolor; un dolor que, afirma, no se cierra «a golpe de talonario y en dos días».

Reivindica el esfuerzo realizado en la archidiócesis de Madrid y asegura que las víctimas «nos han hecho cambiar».

Amplía además el alcance del problema más allá de los abusos sexuales a menores, hacia los cometidos contra mayores y los abusos de poder, y lo describe como «la punta de un iceberg muy doloroso» y más extendido «de lo que imaginábamos».

Concluye que los obispos avanzan «muy lentos y a veces de forma desigual», aunque dice haber visto a algunos «abanderados» que tiran del resto.

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