El papa León XIV presidió este sábado 2 de mayo de 2026, en la basílica de San Juan de Letrán, la Misa con la ordenación episcopal de cuatro nuevos obispos auxiliares de la diócesis de Roma —Stefano Sparapani, Alessandro Zenobbi, Andrea Carlevale y Marco Valenti—, todos ellos procedentes del clero romano y nombrados por el propio Pontífice el pasado 25 de febrero.
La celebración, enmarcada en la IV semana de Pascua y marcada por la invocación al Espíritu Santo, puso de relieve la comunión de la Iglesia en torno a su obispo y la misión compartida en el servicio pastoral. En su homilía, el Papa lanzó una advertencia clara frente a la lógica del poder: la Iglesia debe ir al encuentro de los “descartados”, recordando que “nadie, absolutamente nadie, debe pensarse excluido por Dios”.
Una Iglesia edificada sobre la “piedra descartada”
Durante la ceremonia, León XIV desarrolló una reflexión centrada en la imagen bíblica de la “piedra descartada”, tomada de la Primera Carta de Pedro y los Salmos. Según explicó, este símbolo resume el núcleo del mensaje cristiano: Cristo mismo fue rechazado, pero elegido por Dios como piedra angular.
El Papa subrayó que esta lógica divina contradice frontalmente los criterios humanos de poder y éxito. Frente a una sociedad que descarta a los débiles y premia a los más fuertes, Cristo se presenta como aquel que devuelve dignidad a los marginados. “Cuando nos acercamos a Cristo, nos acercamos también unos a otros y crecemos en la unidad”, afirmó.
Una advertencia contra la mentalidad mundana
León XIV no evitó señalar con claridad los riesgos internos en la vida eclesial. Dirigiéndose directamente a los nuevos obispos, les exhortó a no dejarse seducir por los privilegios ni por la búsqueda de posiciones de poder. “No os acomodéis en los privilegios que vuestra condición podría ofreceros, ni sigáis la lógica mundana de los primeros puestos”, advirtió.
El Pontífice insistió en que el ministerio episcopal solo puede entenderse desde el servicio, siguiendo el ejemplo de Cristo, que “no vino a ser servido, sino a servir”. En este sentido, pidió a los nuevos prelados que sean hombres de paz y de unidad, capaces de armonizar las diferencias y sostener a las comunidades que se les confían.
La misión: ir al encuentro de los descartados
Uno de los ejes más claros de la homilía fue la llamada a salir al encuentro de quienes han sido relegados por la sociedad. León XIV pidió expresamente a los nuevos obispos que “alcancen a las piedras descartadas de la ciudad” y les anuncien que en Cristo hay un lugar para todos.
En esta línea, retomó una idea ya presente en el pontificado anterior —la Iglesia como “hospital de campaña”— para insistir en una pastoral que no se encierre en estructuras, sino que se dirija a las periferias, tanto materiales como existenciales.
Roma, llamada a ser signo de acogida universal
El Papa también situó esta misión en el contexto específico de Roma, subrayando su vocación universal. En una ciudad que recibe peregrinos de todo el mundo, pidió que tanto los fieles como las instituciones y los pastores reflejen el rostro materno de la Iglesia.
“Los pobres, los peregrinos y los visitantes deben encontrar aquí esa maternidad que es el rostro auténtico de la Iglesia”, señaló, en una referencia final confiada a la protección de la Virgen bajo la advocación de la Salus Populi Romani.