El abad primado de los benedictinos, el alemán Jeremias Schröder, ha defendido que las comunidades benedictinas pueden servir como modelo de convivencia entre la liturgia tradicional y la reformada dentro de la Iglesia. Así lo afirma en una entrevista concedida a Katholisch.de, en la que subraya que ambas formas coexisten “de manera reconciliada” en el seno de la orden.
Schröder sostiene que esta convivencia no genera conflictos internos y que, por el contrario, refleja una integración real entre sensibilidades litúrgicas distintas. En este sentido, apunta que la experiencia benedictina podría ofrecer una referencia para el conjunto de la Iglesia.
Convivencia litúrgica y presencia consolidada del rito antiguo
Según explica, unas diez abadías dentro de la Confederación celebran según el rito antiguo —especialmente en Francia—, mientras la mayoría utiliza el misal reformado. Lejos de ver un problema, insiste en que ambas formas están plenamente integradas.
El abad primado reconoce además que la liturgia tradicional ha adquirido un “derecho de ciudadanía” en la Iglesia, lo que hace difícil su desaparición. La existencia de comunidades que han construido su vida espiritual en torno a esta forma obliga, a su juicio, a asumir su arraigo.
Monasterios en declive y comunidades que resurgen
Schröder señala que la realidad del monacato está marcada por dos dinámicas opuestas: por un lado, comunidades que envejecen y desaparecen lentamente; por otro, monasterios que logran revitalizarse tras haber sido considerados prácticamente cerrados. “Hay comunidades que se extinguen, y es un desafío acompañar bien ese proceso. Pero también otras que, cuando ya se pensaban perdidas, vuelven a tener vocaciones”, explica.
Evita así hablar de crisis en términos absolutos y prefiere describir una situación desigual. Según apunta, el futuro de cada comunidad depende en gran medida de factores como la continuidad y la calidad de la vida en común.
“No se trata tanto de si una orden es más estricta o menos, sino de si existe una vida comunitaria sólida, con objetivos compartidos”, afirma. A su juicio, los monasterios que conservan cohesión interna siguen siendo capaces de atraer nuevas vocaciones, incluso en un contexto de secularización creciente.
Tecnología, formación y retos actuales
El abad primado también aborda el impacto de las nuevas tecnologías, que cada monasterio gestiona según su propio carisma. En la formación de los novicios, sin embargo, se insiste en el ejercicio del desapego, incluyendo limitaciones en el uso del móvil.
En cuanto a la inteligencia artificial, destaca su utilidad práctica —como en la traducción simultánea en encuentros internacionales—, aunque defiende el valor del aprendizaje de lenguas como parte esencial de la formación monástica.
Un modelo que prioriza la vida interna
El planteamiento de Schröder insiste en reforzar la vida comunitaria como respuesta a los desafíos actuales. La convivencia litúrgica, la disciplina en el uso de la tecnología y la calidad de la vida común aparecen como elementos centrales de ese modelo.
En un contexto de debilitamiento de muchas comunidades en Europa, su propuesta pone el acento en la cohesión interna más que en una revisión de fondo de las causas externas del declive.