El obispo de Vitoria, monseñor Juan Carlos Elizalde, lanzó una crítica directa al Gobierno durante la homilía de la Misa Pontifical en honor a San Prudencio, denunciando su intervención ideológica en cuestiones clave como la vida, la familia o la sexualidad. Sus palabras se suman así a las recientes advertencias del presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, quien ya alertó de una “deriva ideológica” del Ejecutivo en estos mismos ámbitos.
La celebración, celebrada el 28 de abril en la basílica de Armentia ante autoridades civiles y autonómicas, dejó de ser un mero acto festivo para convertirse en una intervención con claro trasfondo social y político.
“Posturas confesionales” en vida, familia y sexualidad
Elizalde fue especialmente claro al denunciar la contradicción entre la aconfesionalidad del Estado y la actuación del Gobierno. “El Estado es aconfesional, pero el Gobierno tiende a tomar posturas ‘confesionales’ en materia antropológica”, afirmó, señalando directamente la intervención política en el inicio y el final de la vida, el matrimonio o la sexualidad humana .
Según afirmó, estas decisiones se adoptan con “criterios de fe ideológica, al margen de la ciencia y de las experiencias humanas más elementales”. Una afirmación que apunta directamente a la legislación impulsada en los últimos años en materias como el aborto, la eutanasia o las leyes de identidad de género.
Críticas al intervencionismo y a la “doble vara de medir”
El obispo también denunció una tendencia política más amplia: “Manifiesta un deseo desmedido de intervenir en la sociedad civil y de controlar las instituciones”, advirtió, añadiendo además la existencia de “una doble vara de medir, según a quién afecten los asuntos de abuso de poder o de corrupción” .
Elizalde situó estas políticas dentro de un contexto más amplio de creciente polarización social. En su análisis, advirtió que la sociedad actual vive un fenómeno en el que el adversario político deja de ser alguien con quien se discrepa para convertirse en una amenaza.
Esta dinámica, explicó, genera hostilidad, deshumanización y ruptura del diálogo, debilitando los vínculos sociales y favoreciendo una lucha constante por el poder. Una situación que, lejos de resolverse desde las instituciones, parece alimentarse desde ellas.
Inmigración: entre el emotivismo y la manipulación ideológica
El prelado subrayó que la acogida de inmigrantes es “un indudable signo evangélico”, pero insistió en que no puede entenderse de forma aislada, desligada del bien común. En este sentido, denunció las tensiones ideológicas que surgen cuando se absolutiza uno de los polos —la dignidad humana— sin tener en cuenta el otro —la responsabilidad de los Estados para ordenar los flujos migratorios— .
Según explicó, una lectura basada únicamente en el “humanitarismo compasivo” puede derivar en reacciones emotivas que acaban siendo utilizadas políticamente. Del mismo modo, alertó de la reacción contraria: discursos que, en nombre del bien común, terminan cerrándose a la realidad humana de quienes llegan.
Elizalde fue claro al señalar que ambas posturas pueden ser manipuladas ideológicamente, generando un clima de confrontación que distorsiona el problema real. Frente a ello, reclamó una mirada integral que tenga en cuenta tanto la dignidad de la persona como las exigencias del orden social, sin caer en reduccionismos.
Llamamiento a la paz en un contexto de conflicto
La homilía estuvo marcada por un llamamiento constante a la paz, en línea con la figura de San Prudencio, patrón de Álava. Elizalde recordó que los creyentes están llamados a ser “sembradores de paz” en un mundo marcado por guerras, tensiones y enfrentamientos .
También hizo referencia a la historia reciente del País Vasco, subrayando la necesidad de no reabrir heridas ni fomentar el enfrentamiento permanente, sino de construir la convivencia desde la verdad y el respeto.