Los obispos de Nueva York se oponen a la eutanasia y llaman a defender la vida

Los obispos de Nueva York se oponen a la eutanasia y llaman a defender la vida

 

En febrero de este año, la gobernadora del estado de Nueva York (Estados Unidos) aprobó la eutanasia —denominada en la legislación como “suicidio asistido”— mediante la firma de la ley Medical Aid in Dying Act, que entrará en vigor en julio de 2026. La norma autoriza a pacientes adultos con enfermedades terminales y una expectativa de vida inferior a seis meses a solicitar medicamentos para poner fin a su vida. Ante este nuevo escenario, los obispos católicos del estado han respondido con la publicación de un documento doctrinal destinado a orientar a los fieles en las decisiones relacionadas con el final de la vida.

Los obispos de Nueva York responden a la legalización

Según han explicado los propios prelados, reunidos en la New York State Catholic Conference, el texto —titulado «Ahora y en la hora de nuestra muerte»— busca ofrecer criterios claros en un contexto legislativo que consideran profundamente alterado.

El documento parte de una constatación: los avances médicos han ampliado las posibilidades de intervención al final de la vida, pero también han generado dilemas morales cada vez más complejos que requieren discernimiento.

El suicidio asistido, calificado como eutanasia activa

En el texto, los obispos definen el suicidio asistido como el acto mediante el cual una persona pone fin a su vida con la ayuda de sustancias prescritas por un médico. Esta práctica es calificada explícitamente como eutanasia activa.

Los prelados subrayan que se trata de un acto objetivamente inmoral, independientemente de las intenciones que se aleguen. En este sentido, advierten de que los argumentos basados en la compasión pueden encubrir una concepción distorsionada de la dignidad humana, especialmente cuando se relativiza el valor de la vida en situaciones de sufrimiento o dependencia.

Criterios sobre el cuidado al final de la vida

El documento recuerda que los fieles tienen la obligación moral de recurrir a los medios ordinarios de conservación de la vida, es decir, aquellos que ofrecen una esperanza razonable de beneficio sin implicar cargas desproporcionadas.

En este marco, los obispos señalan que la alimentación y la hidratación —incluso cuando se administran por medios artificiales— deben considerarse, en principio, cuidados ordinarios y, por tanto, deben mantenerse.

No obstante, también precisan que la moral católica no exige prolongar la vida a cualquier precio. Cuando un tratamiento resulta excesivamente gravoso o deja de aportar un beneficio real, puede ser legítimamente suspendido.

Rechazo de una visión utilitarista de la vida

Los obispos insisten en que permitir que la muerte sobrevenga de forma natural no equivale a provocar la muerte, sino a aceptar los límites propios de la condición humana.

En la parte final del documento, advierten contra el riesgo de retirar tratamientos con la intención de causar la muerte o basándose en la idea de que la vida del paciente ha perdido su valor. A su juicio, esta lógica introduciría una visión utilitarista de la persona humana, incompatible con su dignidad intrínseca.

Con esta intervención, los obispos de Nueva York buscan ofrecer orientación moral en un contexto marcado por cambios legislativos recientes, reafirmando la defensa de la vida desde su inicio hasta su fin natural como un principio central de la enseñanza de la Iglesia.

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