León XIV denuncia una fe interesada: «Dios no es un recurso al que acudir cuando conviene»

León XIV denuncia una fe interesada: «Dios no es un recurso al que acudir cuando conviene»

El Papa León XIV presidió este lunes la Santa Misa en la explanada de Saurimo, en Angola, en el marco de su viaje apostólico por África, con una homilía centrada en la autenticidad de la fe y en la necesidad de buscar a Cristo no por interés, sino por amor.

La celebración, multitudinaria, estuvo precedida por su visita a una casa de acogida para ancianos en la misma ciudad, donde el Pontífice había subrayado el valor de los mayores y la vida en comunidad.

Una fe que no busca a Dios por interés

En su homilía, León XIV partió de una advertencia clara: existe el riesgo de deformar la relación con Dios cuando se le busca por conveniencia. Comentando el Evangelio, recordó que muchos siguen a Cristo no por lo que es, sino por lo que da.

“Sus palabras revelan los proyectos de quien no desea el encuentro con una persona, sino el consumo de cosas”, afirmó, denunciando una actitud que reduce a Dios a un medio para obtener beneficios.

El Papa fue aún más directo al señalar que esto ocurre cuando “a la fe auténtica se la sustituye por un comercio supersticioso”, en el que Dios se convierte en un recurso al que acudir solo cuando conviene.

Cristo no busca clientes, sino hermanos

Frente a esa visión utilitarista, León XIV subrayó la verdadera naturaleza de la fe cristiana: “Cristo no quiere siervos ni clientes, sino que busca hermanos y hermanas”.

Seguir a Cristo, explicó, implica algo más profundo: no basta con escuchar o ver, sino que es necesario acoger su mensaje y vivirlo. Solo así la fe se convierte en una experiencia real de encuentro, que transforma la vida en misión.

El “pan que no perece” y la vida eterna

El Pontífice retomó la imagen evangélica del pan para profundizar en el sentido de la Eucaristía: “Trabajad no por el alimento que perece, sino por el que permanece para la vida eterna”.

En este contexto, explicó que el verdadero don de Dios no es algo pasajero, sino la vida eterna, que comienza ya en el presente y da sentido a la existencia.

Denuncia de la injusticia y el abuso

La homilía incluyó también una referencia a la realidad social, con una crítica a las situaciones de injusticia que afectan a muchos pueblos. León XIV advirtió que “el pan de todos se convierte en propiedad de unos pocos” cuando la corrupción y la violencia dominan la vida social.

Ante esta realidad, subrayó que Cristo no permanece indiferente, sino que “escucha el grito de los pueblos” y renueva la historia, ofreciendo esperanza incluso en medio del sufrimiento.

Una fe que libera y transforma

El Papa insistió en que la fe cristiana no es una idea abstracta, sino una fuerza que libera al hombre de toda forma de opresión. “No hemos venido al mundo para morir”, afirmó, recordando que la resurrección de Cristo es también promesa de vida nueva para cada persona.

En este sentido, subrayó que toda forma de violencia, explotación o mentira contradice esa llamada a la libertad que nace del Evangelio.

La Iglesia, camino de esperanza

León XIV definió el camino de la Iglesia como un “sínodo de la resurrección y de la esperanza”, e invitó a los fieles a caminar con el Evangelio en el corazón, más allá de “las modas del momento”.

La fe, afirmó, no puede depender de las urgencias o de las tendencias, sino que debe estar arraigada en la verdad de Cristo.

Una jornada marcada por la cercanía

Horas antes de la Misa, el Pontífice había visitado una casa de acogida para ancianos en Saurimo, donde dejó un mensaje complementario al de su homilía.

Allí recordó que los mayores “no solo deben ser asistidos, sino, ante todo, escuchados”, subrayando que son custodios de la sabiduría de un pueblo.

Fe, caridad y misión

La jornada del Papa en Angola dejó así un mensaje de advertencia sobre el uso interesado de Dios como una práctica superficial, llamando a dar una respuesta personal que transforme la vida.

Desde la Eucaristía hasta el cuidado de los más vulnerables, León XIV volvió a situar en el centro la llamada a vivir el Evangelio con autenticidad, como camino de esperanza para la Iglesia y para el mundo.

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