«No soy religioso, pero rompí a llorar al ver la cruz»: el impacto de Artemis II tras orbitar la Luna

«No soy religioso, pero rompí a llorar al ver la cruz»: el impacto de Artemis II tras orbitar la Luna

La misión Artemis II, que ha llevado a cuatro astronautas a orbitar la Luna por primera vez desde 1972, ha dejado algo más que un hito técnico. En la rueda de prensa posterior al regreso, varios de sus protagonistas admitieron la dificultad de procesar lo vivido ante la inmensidad del cosmos.

El comandante Reid Wiseman, que no se considera una persona religiosa, describió uno de los momentos más significativos tras regresar a la Tierra: la visita de un capellán de la Marina.

“No había otra vía para explicarlo”

“Yo no soy realmente una persona religiosa, pero no había otra vía para explicar nada ni para experimentar lo que estábamos viviendo”, explicó Wiseman al relatar por qué pidió que el capellán subiera a visitarlos.

La reacción fue inmediata. “Nunca lo había visto antes en mi vida, pero cuando vi la cruz en su cuello, rompí a llorar”, confesó, reconociendo que aún no han sido capaces de asimilar completamente la experiencia.

El propio astronauta admitió que, una semana después del regreso, siguen sin haber tenido tiempo para procesar lo ocurrido: “No hemos tenido ese tiempo de reflexión”.

Un espectáculo que supera al hombre

Wiseman también describió uno de los momentos más sobrecogedores del viaje: el instante en que el Sol quedó oculto tras la Luna.

“No creo que la humanidad haya evolucionado hasta el punto de poder comprender lo que estamos viendo”, señaló, calificando la escena como “de otro mundo”.

La afirmación no es técnica, sino existencial: incluso quienes están entrenados para entender el espacio reconocen los límites de esa comprensión.

Cristo, citado desde la órbita lunar

Durante la misión, el piloto Victor Glover protagonizó otro momento significativo. En uno de los últimos mensajes antes de perder comunicación al sobrevolar la cara oculta de la Luna, citó directamente a Jesucristo.

Recordó el mandamiento principal —amar a Dios y al prójimo— y lo presentó como clave para comprender lo esencial, incluso en medio de la exploración del universo.

Más allá del logro técnico

Las palabras de los astronautas reflejan una constante que atraviesa la historia: cuando el hombre se enfrenta a lo inmenso, no solo mide o calcula, también se interroga.

En ese contexto, incluso quienes no se consideran creyentes reconocen que la experiencia desborda los marcos habituales de explicación.

La escena relatada por Wiseman —un hombre que rompe a llorar al ver una cruz tras regresar de la Luna— no es un detalle menor. Es el reflejo de un límite: el de una experiencia que exige algo más que lenguaje técnico para ser comprendida.

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